miércoles, 16 de abril de 2008

Dar la cara

Dar la cara por Dios.

Uno de los mandatos o consejos del Evangelio que me resultan más duros es cuando Jesús dice: "A quien me reconociese delante de los hombres, Yo le reconoceré delante del Padre; a quien me negare, Yo le negaré delante del Padre" (versión un poco libre de Mt 10, 32-33 o de Lc 12, 8-9).

Cuando se es tímido, cuando hace (relativamente) poco que uno se toma en serio la fe, cuando se vive en un ambiente pagano, este precepto / invitación de Jesús es muy difícil de cumplir.

Reflexiono por la calle.

¡Si Dios me diera un enorme amor a Dios, yo ya no tendría miedo, estaría muy orgulloso de ser cristiano, y la próxima vez que alguien dijera una barbaridad contra Dios o contra su Iglesia, yo le saltaría al cuello, le frenaría en seco! ¡Y lo haría sin esfuerzo!

¡Si Dios me diera la fe que tuvieron los grandes santos, yo sería como los Apóstoles, tras Pentecostés, que perdieron el miedo y salieron a la plaza y hablaron de Jesús, les daba igual lo que les pudiera ocurrir! En fin, yo sería como mi cuñada María, que cuando las otras madres del colegio insultan al Papa o a Dios, ella sale como un toro, y luego nos lo cuenta riéndose.

Me quedo tan contento: si eso fuese así, todo sería fácil.

Rezo porque algún día todo sea así: fácil, a fuerza de amar mucho a Dios.

Al rato pienso que esto no es tan sencillo, al menos en mi caso. Si se es (un poco) cobarde, por mucho amor de Dios que Dios no dé, siempre tendré miedo, siempre tendré que hacer un esfuerzo supletorio. Siempre será un acto (un poco) heroico, el dar la cara por Dios.

3 comentarios:

Juan Ignacio dijo...

Tienes un extraño concepto de la gracia divina y el mérito del hombre. Dije extraño, no puedo decir que equivocado. Quizás soy yo, que no lo entiendo.

Paso a aclararme.

Como el premio que recibamos (el cielo) no lo tendremos por nuestros méritos (sino que sólo por los de Jesucristo), ¿de qué sirve ser ese héroe esforzado?

El objetivo nuestro, creo, no es ser ese héroe esforzado al que todo lo que cueste, sino conseguir esas gracias que nos permita hacer las cosas. No perdemos mérito porque Dios nos de la gracia, nos haga las cosas "fáciles". Porque la medida no es el esfuerzo.

Y esto no es renunciar a los esfuerzos. La pucha que es sufrido aceptar la voluntad de Dios. Jesús transpiró sangre en el monte de los olivos.

Repito. Esto no quiere decir que no tenemos que esforzarnos. Pero el esfuerzo no es tanto de acción como de dejarse guiar, ponerse en manos (difícil, por cierto) y Él hace todo.

Al hombre responsable y voluntarioso le cuesta aceptar esto de que Dios le de la gracia y no tener que "esforzarse". Parece una locura que Dios nos haga las cosas "fáciles", parece que renunciaramos al esfuerzo, al trabajo humano que debe acompañar a la gracia divina. Y no es así. EL esfuerzo es otro, ya lo dije, cumplir la voluntad de Dios.

Dijo San Agustin (a Dios) en las Confesiones: "Da lo que mandas, y manda lo que quieras".

F. dijo...

Querido Juan Ignacio:

Tienes razón, quizá me líe un poquito al explicarlo.

Simplemente, quería decir que por timidez y cierto complejo me cuesta defender a la Iglesia cuando alguien que habla conmigo la ataca: unas veces logro hacerlo, otras no. Esto me duele, primero, por el sentido del deber, pero tambien porque entiendo que si yo estuviera muy orgulloso de mi fe, me saldría espontaneo hacerlo: puse el ejemplo de mi cuñada María.

En Madrid hay feministas abortistas, homosexuales, independentistas vascos, anticlericales, enemigos del capitalismo, devotos de las filosofías hindús, gordas con el pelo teñido y vegetarianos. Todos ellos defienden lo suyo con naturalidad, con orgullo, no se plantean que al hacerlo puedan molestar al que está enfrente.

¿Por qué yo no? (o ¿por qué nosotros, los católicos españoles, no?)

En fin, tu post me ha recordado una gran frase de San Pablo, no me acuerdo de la Carta en que está: "Cada uno dé según le dicte su corazón, que Dios ama al que da con alegría".

F.

Fernando dijo...

Querido Anónimo:

Lamento haberte tenido que censurar, pero tu comentario no me ha parecido suficientemente respetuoso con Dios o con la Iglesia. Perdona mi susceptibilidad.

Espero, de verdad, poder seguir contando con tus opiniones, en este tema o en los demás.

F.