lunes, 11 de junio de 2012

Unión

El matrimonio anciano se sentó dos bancos delante del mío, en Misa. Ella debía estar enferma, estuvo todo el rato sentada.

Poco antes de la consagración, estando él de pie, ella estornudó. Metió la mano en el bolsillo izquierdo del pantalón de él, sacó el pañuelo, lo desplegó, se sonó ruidosamente, volvió a doblar el pañuelo, lo volvió a meter en el bolsillo del marido. Él le sonrió.

12 comentarios:

AleMamá dijo...

¡Eso es amor sin límites! es como compartir el cepillo de dientes.....¿tienes cara de asco? mucho peor, si lo piensas es un buen beso cinematográfico.

Buena semana, Fernando.

Juan Ignacio dijo...

Genial, genial, genial.

paterfamilias dijo...

¡Qué nivel! Cuánto por aprender ...

Inmaculada Moreno Hernández dijo...

Contra todo pronóstico, el amor existe.

hna. josefina dijo...

Lindísima tu entrada.
¡Gracias!

Miriam dijo...

Esa complicidad, es la que me enternece

Fernando dijo...

Qué buena comparación, Alemamá.

Gracias, Juan Ignacio.

Así es, Páterfamilias.

Así fue desde el inicio y así será hasta el final, Inmaculada.

Gracias, hermana.

Igual me pasó a mí, Miriam.

yeste lima dijo...

Esa sonrisa lo dice todo, la generosidad, la ternura y el amor sobre cualquier otra cosa. Matrimonio envidiable.

Un abrazo

dolega dijo...

Ese es el cenit de la compenetración:)
Saludos

NIP dijo...

Buenos días Fernando. Hay distracciones casi litúrgicas.Un abrazo.

Fernando dijo...

Eso es lo que me dio a mí, Yeste, envidia, pero fue bonito.

Gracias, Dolega, y bienvenida.

Fue sólo un momento, NIP, pronto volví a concentrarme.

Nodisparenalpianista dijo...

Viva los abuelos!!!!