viernes, 21 de enero de 2011

Un tío elegante

No es lo mismo ser elegante que ir elegante o que llevar ropa elegante. No lo digo con soberbia, yo siempre voy sencillo, sin pretensiones de elegancia, pero me gusta desenmascarar a la gente que no es elegante aunque lleve ropa elegante.

En el Metro iba sentado un tío que llevaba ropa elegante, pero ¿era además un hombre elegante? Lo observé con cuidado. Llevaba un buen traje, de un color original, como un marrón verdoso. La camisa, bien conjuntada con la corbata, parecía de hilo bueno, bien planchada, sin brillos. Llevaba una graciosa bufanda atada al cuello, innecesaria en un día primaveral en Madrid. Los zapatos de una piel extraña, como de un marrón muy gastado pese a que iban muy limpios, probablemente serían nuevos. En un momento que extendió el brazo le vi el puño de la camisa: no sólo llevaba gemelos, sino que eran super-snob, unos que son como dos bolitas de cordón de colores unidas por un hilo. En fin, iba hojeando un buen coleccionable de arte, grandes hojas editadas en papel brillante, con fotos bonitas. Llevaba una pierna apoyada sobre la otra, sin molestar a la vecina pese a ser un tío alto.

Todo parecía en él propio de un hombre que no sólo lleva ropa elegante, sino que es elegante. Sin embargo, algo no cuadraba: tenía una mandíbula gigantesca y unas manos enormes, como de jugador de baloncesto o de leñador. Si uno le tapaba la cara podía pasar, sí, por un dandy, pero si luego volvía a ver la mandíbula y las manazas era como un jugador de baloncesto o un leñador disfrazado de dandy. Esto me hizo sospechar.

Lo observé, esperando un error que le delatara: un estornudo violento al aire, un dedo furtivo en busca de un moco en la nariz, el móvil sonando con una música hortera. Pero no hubo nada que le descubriera. Hasta que me bajé, lleno de dudas, siguió hojeando con indolencia su coleccionable de historia del arte, sin mirarnos a los demás viajeros.

15 comentarios:

pater familias dijo...

Quizá era un jugador de baloncesto elegante, ¿no?

Juan Ignacio dijo...

La pregunta es si la cara fiera o las manazas impedirían la elegancia. De ahí saltamos a si la elegancia es algo innato o se puede adquirir. Al menos a través de generaciones.

AleMamá dijo...

¡Todo un tema! y vaya si lo observaste bien. Has hecho una descripción detallada de un personaje que me dejó intrigada. Ojalá te lo encuentres de nuevo

Fernando dijo...

Puede ser, Paterfamilias: Pau Gasol va ahora de gañán, pero cuando jugaba en España siempre iba muy limpito y muy arregladito.

Esa es la clave, Juan Ignacio, supongo que es muy importante la niñez y la adolescencia, si ahí no te educan en la elegancia es posible que ya para siempre sea algo artificial (si te haces rico de mayor).

Sería una gran casualidad, Alemamá, casi sería como un tema para un cuento al estilo de Borges, en una gran ciudad como Madrid.

Nodisparenalpianista dijo...

Yo hubiese aguantado tres estaciones más, a ver...

Maria Jesus dijo...

¿Un tío así íba en metro?

ALMA dijo...

Ayyyyyyyyyy me quede con la intriga de como terminó la historia.

Que buen observador sos, mi querido Fer!!! no tenía brillo en la ropa producto de los reiterados planchaszos, uyyyy que detalle!!!

Me encanta cuando cuentas estas historias.

Pregunto el libro de arte lo llevaría por snob o porque realmente le interesaba??? quien lo sabe.

Buena semana

Fernando dijo...

Hubiera tenido que andar un trecho, Nodisparen, no tenía ganas de pasear.

Por eso me llamó la atención, María Jesús, ya sabes que el Metro no es precisamente la plataforma de la elegancia madrileña.

La cosa acabó así, Alma, con mi duda, seguro que aunque hubiera ido más estaciones el tío no habría cometido ningún error. E imposible saber el móvil real de su compra del coleccionable, claro.

Javier Vicens y Hualde dijo...

Si el Metro de Madrid no es la plataforma de la elegancia madrileña, entonces ¿dónde está esa plataforma? ¿En la pasarela Cibeles?
Don Fernando, si en un vagón del Metro de Madrid va un tipo como el que usted ha descrito quiere decir que hay gente muy observadora -como usted- que va en Metro.

Kris Kelvin dijo...

Yo antes valoraba mucho la elegancia en el vestir, pero últimamente, no tanto. A veces te engaña.

Un saludo

Fernando dijo...

Don Javier, en la calle Serrano, en la Basílica de San Miguel, incluso en el autobús 21, pero nunca en el Metro.

Kris, es algo fascinante, aunque uno no vaya muy puesto -como es mi caso- siempre es intersante ver cómo se presentan los demás.

mjbo dijo...

Tener una mandíbula grande y unas manotas tampoco son signo evidente de no ser un lord.

Fernando dijo...

Así es, MJBO, bienvenida, pero cometemos el error (o, al menos yo lo cometo) de deducir el carácter o la clase de una persona por su físico, cuando son sus actos lo que nos debería importar.

Atiza dijo...

¿Nunca en el metro? Uhm, pues yo me considero una señora muy elegante y voy en el metro a la Basílica de S. Miguel y al Paseo de Rosales en el 21. A Serrano, en cambio, voy andando;)

Fernando dijo...

Bienvenida, Atiza.

Estarás entonces de acuerdo en que una señora elegante como tú se siente más cómoda en el 21 o dando un paseo por Serrano que yendo en el Metro, sobre todo a ciertas horas de la tarde y la mañana, ¿verdad?