martes, 10 de junio de 2008

Miedo (o “La huelga (I)”)

O, en fin, bolivarización, la bolivarización de España, de Madrid, con enormes filas de coches intentando pillar las últimas gotas de gasolina, como veíamos que pasaba en algunos países pobres de América.

Pero, ante todo, miedo. En los cuatro primeros años de Zapatero, hemos pasado por muchos sentimientos: enfado, ira, pena, rabia, risa, vergüenza, esperanza (de que se fuera), desesperanza (por las encuestas), humillación, ... Pero, miedo, yo creo que no. Pues bien, ahora la gente, en España, en Madrid, tiene miedo, un miedo real a que se acabe la gasolina, a que se acabe la comida de los súper, a que los piquetes informativos le corten la carretera, a que deje de venir pescado. Nada de esto es superfluo, la gente tiene, tenemos miedo, a que en pocos días nos veamos sin estas cosas elementales. Yo mismo, el primero, me da vergüenza decirlo, ayer me hice un súper para comprar latas de conservas y bolsas de patatas. Porque no tengo coche, que si no me habría pillado un bidón de gasolina.

Para ser precisos, no son huelgas: son “cierres patronales”, de los empresarios del transporte o de la pesca, alegremente secundados por sus trabajadores, que les hacen el juego sucio de cortar carreteras, quemar neumáticos o tirar pescado en las plazas. Estos señores empresarios tienen toda la razón del mundo para estar enfadados, y su planteamiento es irrebatible: no vamos a seguir transportando o saliendo a pescar porque, por la subida del petróleo, nos sale más caro movernos que quedarnos quietos. Este razonamiento es impecable. La solución ya no lo es tanto: que el Estado cargue con el problema, que el Estado baje los impuestos que pagan, que subvencione el gasoil que usan, que les recorte las cotizaciones sociales. Así ocurrió en 2005, cuando llevábamos poco tiempo de gobierno Zapatero, y también subió el combustible. Pero claro, eso no deja de ser algo muy injusto: la gasolina ha subido para todo el mundo, ¿qué tiene que hacer el conductor normal para que también a él le ayude el Estado? ¿Cortar las grandes calles de Madrid o Barcelona, asaltar algún edificio público, quemar algún archivo? Además, que los años felices del superávit ya han pasado.

(Esta mañana he sentido en mis carnes los primeros efectos de la huelga, de la bolivarización, del miedo: he pedido en la cafetería un donuts, y el señor me ha dicho que no le habían llegado, por la huelga: me he tenido que conformar con un croissant).

7 comentarios:

Terzio dijo...

Pero un croissant es más fino, ¡dónde va a parar!

A mí me da cierta satisfacción regodeante el aprieto que supone para los ztapeses (y las ztapesas, claro). Y comentaría el caso poniéndolo peor. Por ejemplo, yo diría: Y ni donuts, ni croisants, ni café ni leche!. No había nada!!!
(y después añadiría que sabía por buena fuente que en La Moncloa tenian abasto de toda clase de bollería fina).

Es un poco pecaminoso, lo sé. Pero venial, distingo. Y como se lucha contra el mal mayor, valen armas menores.

Una especie de intifada, con donuts y croissants virtuales contra el Zp. O algo así.

'

Fernando dijo...

Noticias de ahora mismo, de mi súper:

Las estanterias del pan de molde, del pescado, de la carne, del arroz (¡¡ay!!), de las frutas en almibar y de la leche estaban TOTALMENTE vacias.

Terzio, el croissant será más fino,pero mi organismo necesita la dosis de azúcar del donuts; he estado toda la mañana inválido para el trabajo, y aún ahora no me he repuesto del todo.

F.

(sin número) dijo...

Yo la verdad es que no sé qué pensar. Porque por un lado te tengo que dar la razón sin ninguna duda, pero por otro hay que entender que cuando uno se ve con el agua al cuello hace cualquier cosa, pero hasta un límite; lo que no puede ser es que tengamos que llegar a esta situación de desabastecimiento de país tercermundista, como dices, ni mucho menos apedrear a los coches o camiones de quienes no quieren hacer lo que ellos, pues hay asociaciones que no secundan el paro -aunque eso sí en contra de algunos de sus miembros,...

Yo no tengo miedo, porque estamos aprovisionados (vergüenza me da tener que decir esto; y no en el sentido de timidez), me estoy algo indignado. No puedo evitar el deseo de apedrear yo también sus camiones. Hoy ha muerto un piquete ¡por engancharse en una puerta o una ventana de una furgoneta y soltarse!

Como dicen los niños pequeños: "si yo fuera presidente..."

Saludos, Fernando

Alemamá dijo...

Yo sé lo que es ese miedo. En los tiempos de Allende, precursor y causa de Pinochet, había tal desabastecimiento en mi país que yo, que estaba embarazada y tenía un niño muy chico, junté leche y lo que caía en mis manos para que no pasaran hambre mis hijitos. Hoy veo similares síntomas de pánico colectivo por cosas similares, pero claro, por otras causas.

Juan Ignacio dijo...

Propuesta indecente: ¿no te pasarías unos días de hambre si eso hace que baje la popularidad de vuestro presidente?

(sin número) dijo...

...se me va pasando la indigación inicial que tenía con esto de la huelga viendo además que la cosa va a peor en todo el mundo, ...empiezo a entenderlos.

Es una crisis, ¡mi primera crisis! y empiezo a entender como va la cosa. Curiosamente, precisamente mañana tengo un examen de Economía mundial en el que analizamos las crisis que ha habido, someramente.

Tal vez ya no quiera apedrear a ningún camión... :)

Incluso no le echo la culpa al Gobierno, aunque la niegue, pues sé que sabe que la hay; se podría llamar prudencia, lo cual es muy inteligente. Aunque no puedo evitar un cierto temor por como se pueda desarrollar la crisis en España en materias a nuestro alcance.

Saludos

Fernando dijo...

Noticias recientes: en mi barrio no se ha cortado el suministro de periódicos, y se ha restablecido el de donuts, qué alivio; la pescadería cerca del trabajo está cerrada, y la frutería abierta y abastecida.

Hasta anoche estuve muy tranquilo: el gobierno cederá pronto a todo lo que le piden, como hace siempre, y asunto resuelto. Cuando han salido diciendo que habían llegado a un acuerdo para acabar el paro con la única patronal que NO ha convocado el paro, me he empezado a poner nervioso.

....

Querido Sin Número: Suerte con el examen. Es muy difícil decir quién es culpable o inocente en este asunto. Francamente, no sabría qué hacer si fuera Zapatero. A lo mejor te lo preguntan en el examen, como caso práctico.

Querida Alemamá: La situación de terror, de desabastecimiento total como la que tú dices, la vivió en España la generación de mis padres, pues siendo niños estaba la post-guerra civil. Por eso, ayer mucha gente mayor, asustada, arrastraba litros de aceite o bolsas de patatas, temiendo volver a aquello.

Querido Juan Ignacio: La popularidad de Zapatero es ontológicamente indestructible, dado el nivel intelectual del país. La culpa de lo que pasa es de los empresarios ávaros, de Estados Unidos y su crisis (en serio), de los países productores de petróleo, de Jose María Aznar y su partido, de los periódicos de derechas y, si dura dos días más, de la Iglesia y del Papa.

F.