viernes, 6 de junio de 2008

Banco Central Europeo

En su reunión de ayer, el Banco Central Europeo, con sede en Francfort, Alemania, ha planteado como una opción muy probable subir los tipos de interés en su próxima reunión de julio. Esto es una noticia catastrófica, para todos en general, para España en particular, y (como digo siempre) no comprendo cómo no ha ido en las portadas de todos los periódicos.

Cuando 12 países de la Unión Europea, entre ellos España, fundieron sus monedas en una sola, el euro, también constituyeron un único banco emisor, el citado BCE; los antiguos bancos nacionales (el de España, el de Francia, ...) sobrevivieron como meros inspectores o colaboradores del nuevo Banco, que pasó a emitir la moneda y a decidir los tipos de interés a los que prestaría dinero a los bancos privados. Al ocurrir este proceso, en medio de la beatería general sobre la suerte que teníamos de lograr una única moneda, más fuerte, que pudiera hablar de tú a tú con el dólar, algunos economistas valientes hicieron notar que el juego era peligroso: no es lo mismo la economía de una región rica de Alemania o Dinamarca que la de otra pobre de España o Portugal (y esto es ahora aún mas claro, con la entrada de muchos países ex-comunistas): ¿se les podía aplicar a todos la misma política monetaria?. A lo largo de estos años se ha visto que no. España ha vivido muy bien, gracias a unos tipos de interés que probablemente eran demasiado bajos para lo que necesitábamos y merecíamos, lo que ha generado un gran crecimiento ficticio, pero también inflación y poca productividad.

Ahora ha venido la crisis, con dos fenómenos pavorosos: sube la inflación y baja el crecimiento, cuando se supone que ambas cosas son incompatibles: o ambos suben o ambos bajan, pero no la siniestra combinación actual. ¿Qué hacer, contra qué mal lucha antes? Como se sabe, la Reserva Federal de Estados Unidos ha entendido que lo primero era salvar el crecimiento, o al menos evitar la recesión, y ha metido sucesivos recortes de su tipo de interés. Esto ha motivado una subida de la inflación en Estados Unidos y no ha evitado el riesgo de recesión, pero es muy probable que de no haberlo hecho, la recesión ya estuviera allí. En este modo de actuar, pesa un antecedente histórico: la crisis de 1929, en que el país (y todo el mundo con él) se colapsó por falta de liquidez. Por ello, parece que el primer objetivo es salvar la económica y la producción, aunque sea a costa de una gran subida de la inflación.

En Europa, algunos dirigentes (sobre todo el presidente francés, Sarkozy) han pedido al Banco Central Europeo que siga el mismo camino, y que baje los tipos. Es verdad que la inflación europea está alta, más del 3%, una barbaridad para ellos; pero no es menos cierto que su producción va muy baja, cada trimestre peor. Para Sarkozy y los que le apoyan, una inyección de dinero, más barato, haría volver a crecer el PIB, y ya en el futuro se resolvería la inflación.

El anuncio de ayer, pues, del gobernador Trichet, ha sido un gran bofetón: no sólo no van a bajar los tipos, sino que probablemente suban en julio. Al BCE le preocupa sobre todo la inflación, y al hacerlo le pesa, también, otro antecedente histórico: la pavorosa inflación que hubo en Alemania tras la I Guerra Mundial, antes de que llegara Hitler, con billetes de 10.000.000.000 de marcos. Si los tipos suben, no sólo es que subirán las hipotecas de tantas familias ahogadas; también los prestamos a las empresas, con el consiguiente nuevo bajón de la actividad económica y el aumento del paro.

1 comentario:

(sin número) dijo...

Muy interesante. Gracias por la explicación