sábado, 7 de junio de 2008

Familiaridad

¡¡Por fin el calor, y el sudor, y el sol, con un mes de retraso!!!

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Familiaridad: basta hacer algo nuevo 4 o 5 veces para que, rápidamente, crees relaciones de familiaridad con gentes, con sitios, con cosas nuevas, que te hacen la vida menos solitaria.

He de encuadernar varios trabajos, y me gusta hacerlo en una tienda que está entre mi casa y el centro de Madrid. No me viene bien ir los días laborables, así que voy los sábados por la mañana. Desde hace varios, me levanto más pronto de lo normal, cojo el mismo autobús, que va por la misma ruta. Me bajo en la misma parada, voy por la misma calle, una pequeña y estrecha calle cercana al Madrid antiguo.

Ahí, sábado tras sábado, está el taller de confección donde siempre están las mismas costureras preparándose para hacer arreglos. Poco después está el hótel con cafetería a la altura de la calle, donde todos los sábados están el mismo camarero y los mismos turistas desayunando, antes de salir a dar vueltas. Yo entro siempre en la misma cafetería, donde siempre están el mismo camarero joven (calvo) y viejo (con pelo). Ya les quiero como si viniera por aquí desde hace años, igual que quiero ya a las costureras, al camarero sudamericano del hotel, a los turistas; ellos dos tambien deben quererme a mí, pues son bien simpáticos conmigo. Después, compro el periódico en el mismo kiosko, para no aburrirme durante la encuadernación: varían los periódicos, pero no el kioskero, claro.

En la tienda de encuadernación los chicos varían, pero eso da igual: ya reconozco y quiero al reloj de agujas, al póster con los modelos de tamaños de fotos, a la fotocopiadora con monedas y al cartel de "Cuidado con los ladrones". Si cambiaran cualquier cosa de éstas el próximo sábado, sentiría que he perdido algo de toda la vida.

Cuando acabe mis encuadernaciones me dará pena, y cuando pase por ahí otro sábado por la mañana, dentro de años, recordaré con nostalgia este mes, estos trabajos, esas gentes, este post.

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(Hoy, en la cafetería y en la tienda, había turistas que tenían la asombrosa pretensión de que les entendieran en inglés. En la cafetería han salido adelante mediante señas, y en la tienda ha aparecido una emigrante dominicana que se defendía un poco).

4 comentarios:

Alemamá dijo...

ído "Los cuatro amores" de C.S.Lewis? ahí, pone en el primer nivel de el tema este tipo de aprecio. No lo tengo a la vista y no recuerdo cómo tradujeron ésto; pongámosle afecto...es muy interesante...mhhh creo que lo releeré.
¡Que tengas un feliz fin de semana!

Alemamá dijo...

Perdón, pero no sé por qué Blogger me come las primeras letras de mis comentarios y luego se me olvida revisar antes de publicarlos....deberé tornar a la vista previa, creo; era una buena costumbre. Ahí te preguntaba si habías leído Los 4 Amores de Lewis, obviamente...
Saludos

(sin número) dijo...

En en día se supone que uno puede ir por el mundo y va a ser entendido por el inglés. Yo he estado mucho por el extranjero y el inglés es básico. Luego llegamos a España y aquí o habla en español de su pueblo o va listo.

En la JMJ de Colonia estuve viviendo unos días en casa de unos alemanes que nos acogieron, y el hijo pequeño (no más de 15 años) ya sabía cosas que yo no di hasta más tarde.

Saludos

Juan Ignacio dijo...

Muy pintoresco este relato. No recuero desde cuándo no hago una rutina nueva.