miércoles, 14 de abril de 2010

El cura de Ars (I)

Empiezo a leer la biografía de San Juan María Vianney, cura de Ars, escrita por Francis Trochu.

El libro comienza describiendo los terribles efectos de la Revolución francesa, que empezó tres años después del nacimiento del santo (1786-1789). Se citan las matanzas de frailes y sacerdotes y la destrucción de iglesias y símbolos religiosos, con el afán de hacer una nueva Francia, atea. Es tremenda la descripción de la Primera Comunión del Santo en 1799, durante el Terror, escondidos en un pajar, con las ventanas cerradas, tapadas con carros de heno. La situación mejoró tras el golpe de Estado de Napoleón, en 1799, para volver los problemas cuando quiso ser él quien nombrara a los Obispos de Francia.

Fue muy difícil la etapa de San Juan María como seminarista, la inteligencia no le daba para aprender latín ni (en consecuencia) para poder examinarse de Filosofía y de Teología. Eso motivó que le echaran del seminario, por incapaz. Sólo la constancia de su preceptor le impidió abandonar: logró que se entrevistara con uno de los ayudantes del Obispo de Lyon, quien se admiró del buen juicio y de la piedad del estudiante y le permitió ordenarse, ya muy mayor, con 29 años.

El nuevo sacerdote fue destinado a Ars, una diminuta aldea de 200 habitantes, al norte de Lyon, que ni siquiera tenía rango de parroquia. Al llegar pudo ver los efectos desastrosos de la Revolución: durante años no había habido cura (le habían matado) y en otros estuvo uno que juró la Constitución Civil del Clero de 1790, por lo que de iure quedó separado de la Iglesia. El pequeño templo estaba abandonado, el campanario caído y los 200 habitantes más bien perdidos en materia de fe.

Sacrificándose mucho, rezando mucho, hablando mucho con todos, el cura de Ars logró que, poco a poco, la gente volviera a la iglesia, e incluso que la moral fuera tiñendo toda la vida pública de la aldea: consiguió que cerraran las cuatro tabernas, que no hubiera bailes y -aunque no del todo- que la gente no trabajara en domingo. Quizá esto nos pueda parecer hoy exagerado, pero él lo aplicaba con rigor, también en la confesión. Partía de este principio: peca no sólo el que peca, sino el que voluntariamente se pone en peligro de pecar. Por eso, se negaba a dar la absolución a quien hubiera ido a un baile en un pueblo vecino, aunque su conducta allí hubiera sido casta y honesta.

Todo ello fue llevando a mucha gente a Dios, a tener vida interior: el santo contó durante toda su vida la respuesta que le dio un campesino cuando le preguntó qué hacía tanto tiempo delante del sagrario:

"Yo veo a Dios y Dios me ve a mí".

6 comentarios:

Andy dijo...

Me parece muy acertado que publiques la biografía del Santo Cura de Ars en este Año Sacerdotal...porque bien nos viene, y más con la que está cayendo.

¡Muchas gracias por compartirla con nosotros!

PD: Siempre me ha parecido muy entrañable que el Santo Cura de Ars tuviera "problemillas" en el seminario con latín y luego...se convirtió en un grandísimo sacerdote confirmándose lo que ya decía Jesús "he elegido a los sencillos"

Un saludo

Embajador en el Infierno dijo...

Tendré que volver a leerlo, pero después de haber sido machacado en mi niñez y juventud sobre la poca capacidad intelectual del cura de Ars, mi impresión al leer la biografía es que su problema no era tanto falta de capacidad intelectual sino el hecho de haber recibido una formación básica muy pobre y que además cuando empezó el proceso de aprendizaje para la ordenación sacerdotal, ya era muy mayor. Vamos, que no creo que el cura de Ars fuera tonto como se viene a sugerir implicitamente.

Desde luego el libro de Trochu es fundamental leerlo.

hna. josefina dijo...

Te iba a hacer el mismo comentario de Embajador. Sobre el libro, que leí más de una vez, pero podría hacerlo de nuevo porque ya hace mucho tiempo, y por lo de su inteligencia o no.
Realmente mi impresión es la misma. Bien inteligente debe de haber sido, pero esos estudios no eran para comenzarlos sin base y tan tarde.

Juan Ignacio dijo...

Fernando,
Parece ser una muy interesante biografía que seguiremos con mucho interés.
Merci beacoup.

AleMamá dijo...

Me encanta el cura de Ars. Es de otro tipo de santo....muy humano "de a pie"

Fernando dijo...

Andy, es así, te conviene leer el libro -si no lo has hecho ya- como modelo de amor a Dios, a la Iglesia y a los hombres.

Embajador, no se puede expresar mejor su problema: en su pueblo natal, también cerca de Lyon, no había nada parecido a una escuela, y el tener que estudiar en latín no ayudaría mucho.

Hermana, me asombra saber que la biografía llegó tan lejos, me alegro de que le gustara y le ayudara.

Juan Ignacio, la lectura va rápida, en dos o tres días (creo) habrá un "El cura de Ars (y II)".

Alemamá, la verdad es que es difícil no quererle, y a través suyo no querer lo que significa su estado sacerdotal.