miércoles, 9 de marzo de 2011

Decisión

Tienes que tomar una decisión que cambiaría tu vida. Por usar una metáfora, es como si dudaras entre seguir viviendo en tu casa o mudarte a un barrio nuevo.

(En realidad no tienes que tomar una decisión: puedes esperar un año más, dos años más, tres años más, no tomarla nunca, seguir como estás. El único problema es que la idea de la muerte va estando cada vez más presente en tu vida, aunque sólo tienes 45 años siempre está ahí, vigilando. Si esperas un año más, dos años más, tres años más, no pasa nada, salvo que si al final decides cambiar, cuando mueras habrás aprovechado el piso nuevo un año menos, dos años menos, tres años menos)

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Dudas entre las dos opciones. Durante semanas vas anotando razones a favor y en contra, incluso usas tinta de dos colores, en negro a favor de la opción A, en azul a favor de la opción B. Te salen decenas de razones en cada color (por seguir con el símil: la panadería de mi barrio es buena / pero la del otro también parece de calidad; / el barrio nuevo tiene buenos parques / pero los del actual también son bonitos). Según pasan los días, van comprendiendo que en el fondo sólo hay una o dos razones a favor o en contra, lo demás son adornos o distracciones: me gusta mi casa actual / pero también la casa nueva.

Dudas, pero algo dentro de ti te dice lo evidente: si tienes dudas sobre cambiar tu vida más pronto o más tarde la cambiarás. Al menos, así ha sido otras veces en tu pasado, y siempre ha salido bien con la ayuda de Dios.

(Todo es una metáfora
no hay ningún piso en juego
ni tiene nada que ver con que hoy sea miércoles de ceniza)

9 comentarios:

pater familias dijo...

¡Guau! qué entrada

Imagino que cada uno la interpretará a su manera. Yo, que he sacado mis conclusiones, sé a dónde dirigirla y, como bien dices si te lo planteas, cambiarás, ¡mejor hacerlo cuanto antes!

hna. josefina dijo...

Muy bueno.
Pero... ¿y si te la pasas planteandotelo?

Andy dijo...

Esta entrada a mí me dice mucho.

La indecisión, la duda, el no saber... el vaivén de las ganas, la fuerza de las opciones, el riesgo, lo que se gana, lo que se deja...

AleMamá dijo...

Si no es clara la ganancia, mejor es quedarte, y si estás cansado ahí, haz alguna pequeña reforma, pintura, cambio de decoración, compra o cambia algún mueble, un tapiz o alfombra y le darás ilusión y un ire nuevo a tu entorno.

Digo, si fuera que el hipotético caso deja de serlo y se afianza en tu mente.

Saludos

Juan Ignacio dijo...

¿Pensás en casarte o proferir votos religiosos o entrar en el seminario?
Lo que no cierra es que no ha habido ninguna entrada acerca de la época del noviazgo o del discernimiento.

¿Pensás cambiar de trabajo?
Eso podría ser, eh.

Beno, perdón con la frialdad con que puedo estar abordando el asunto, pero generaste una intriga importante.

Fernando dijo...

Gracias por los ánimos, Paterfamilias.

No, hermana, no se trata de dar vueltas y vueltas, o todo se queda como está o todo cambia, pero en un plazo concreto.

Esa es la clave, en esto y en todo, Andy, "lo que se gana, lo que se deja", así es.

A veces, aunque la ganancia sea dudosa, Alemamá, conviene dar el salto, Dios siempre ayuda y el cambio vale la pena, casi siempre.

Bien dices, Juan Ignacio, si fuera una decisión tan grave como las que citas habría antecedentes en este blog, el post no trata de temas tan elevados; y en cuanto a cambiar de trabajo y dejar de ser funcionario, ante me cambio el nombre y paso a llamarme "Néstor".

Juan Ignacio dijo...

La idea más interesante es esa:

"En el fondo sólo hay una o dos razones a favor o en contra, lo demás son adornos o distracciones".

Te diré que es muy ingenieril (ingenieril bien duro, no ingenieril especializado en gestión de empresas, los cuales gustan por demás de tablas de ventajas y desventajas redundantes).

Así y todo, no sé si estoy de acuerdo con la idea. Creo que hay matices válidos. Aunque no sabría explicarlo haciendo una continuación de la metáfora de las casas.

¿Por qué subrayas metáfora? ¿Está allí la clave?

Miriam dijo...

Soy de las que lo pienso, lo repienso, lo vuelvo a pensar, pregunto, consulto, hago listas mentales y lo paso fatal.
Pero al final decido por intuición, aunque esa intuición no sería la misma sin todo lo meditado y consultado antes.
De todas maneras, lo importante para mi es una vez decidido si sí o no, no mirar hacia atrás. La decisión tomada de alguna manera es siempre la mejor; para eso tenemos un Padre que, si actuamos con buena voluntad, lo “reorganiza todo” para que esa sea la decisión correcta.
ME ha gustado la entrada, gracias¡

Fernando dijo...

Juan Ignacio, algún profesor mío del colegio me dijo que yo tenía cabeza de ciencias y que era una lástima que desperdiciara mi vida yéndome a letras, quizá tenía razón. Y subrayé lo de la metáfora para dejar claro lo evidente, es decir, que la duda no era si cambiar o no de casa, que sólo ponía eso como un ejemplo.

Gracias, Miriam, no pierdo eso de vista nunca, aunque uno se equivoque la Providencia de Dios siempre nos ayuda a paliar los malos efectos y a que todo acabe bien.