lunes, 1 de diciembre de 2008

Catecismo (5): fe

Parte 1, sección 1, capítulo 3, artículos 1 y 2, párrafos 142 a 184.

Si hasta ahora el Catecismo ha hablado de Dios que se revela al hombre, ahora concluye esta Sección con el hombre que responde a Dios mediante la fe. Hay fe cuando “el hombre somete completamente su inteligencia y su voluntad a Dios; con todo su ser, el hombre da su asentimiento a Dios que se revela” (p. 143). Copia el Catecismo a Santo Tomás de Aquino: “Creer es un acto del entendimiento que asiente a la verdad divina por imperio de la voluntad movida por Dios mediante la gracia (p. 155).

Así, interviene la gracia de Dios porque la fe no es un logro del hombre, sino “un don de Dios, una virtud sobrenatural infundida por Él” (p. 153). Interviene la inteligencia pues “el asentimiento de la fe no es en modo alguno un movimiento ciego del espíritu” (p. 156); el creyente (o el que aspira a serlo) intenta comprender, lo mejor posible, con su inteligencia lo que Dios ha revelado (p. 157), y para ello Dios ha dado diversas pruebas e indicios útiles a la inteligencia (p. 155). Interviene, en fin, la voluntad, pues la fe ha de ser libre, nunca impuesta, igual que Jesús invitó, sin coaccionar (p. 160).

La fe, bien entendida, no se opone ni a la razón ni a la ciencia, si éstas son honestas (p. 159); la fe no degrada ni nuestra inteligencia ni nuestra voluntad, y ahí el Catecismo pone una comparación simpática con el matrimonio, en que uno se cree lo que le dice el otro, se fía de él y presta su consentimiento a la “comunión mutua” (p. 154); la fe es al mimo tiempo una adhesión a Dios y a su Palabra (p. 150) y al mismo Jesús (p. 151, que cita a Jn, 14.1: “Creéis en Dios, creed también en mí”).

En fin, pese a ser un acto personalísimo, la fe no se vive solo, sino en comunidad, en la Iglesia: “nadie puede creer solo, como nadie puede vivir solo” (p. 166); “yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros” (p. 166). El Catecismo añade una observación muy precisa de un tal Fausto de Riez: “Creemos en la Iglesia como la madre de nuestro nuevo nacimiento, y no en la Iglesia como si ella fuera el autor de nuestra salvación” (p. 169).

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Estos dos artículos del Catecismo nos llevan a un tema delicado, doloroso, como es el de las personas que no tienen fe a su pesar. En la definición de Santo Tomás y en la explicación del Catecismo queda claro que la fe es voluntaria, y por ello tiene un componente moral, pero exige previamente que uno vea, aunque sea con dificultad. ¿Qué pasa con la gente que no tiene fe, o que la pierde, pese a su buena intención? Uno de los párrafos a los que remiten estos dos artículos del Catecismo, el p. 2088, hace una distinción importante: duda voluntaria de fe, que atentaría contra el primer Mandamiento y sería censurable, y duda involuntaria, de fe, algo doloroso por lo que el Catecismo muestra su comprensión: “la vacilación en creer, la dificultad de superar las objeciones con respecto a la fe o también la ansiedad suscitada por la oscuridad de ésta”.

Hace no mucho leí en el periódico una entrevista con un actor español muy viejo: a su avanzada edad, quizá ya cerca de la muerte, lamentaba no tener fe, no poder tenerla, y hablaba con envidia de los que la tenían. Esto me impresionó, por el contraste con lo habitual, cuando se entrevista a actores, políticos, escritores, y se enorgullecen de no creer en Dios como quien se ha liberado de una superstición o de la creencia en las brujas.

3 comentarios:

AleMamá dijo...

No me vas a creer, pero habiendo leído, estudiado y hecho múltiples catequesis con el Catecismo, no me había metido a fondo con el apartado de la oración, ¡y es precioso!
Ojalá pronto llegues a él.

Fernando dijo...

Querida Alemamá, no lo sabía: empecé a estudiar el Catecismo sin curiosear el índice.

Veo que la parte a la que te refieres está al final, a partir del párrafo 2.500: teniendo en cuenta lo lento que voy, llegaré ahí en Navidad de 2009 o de 2010.

Juan Ignacio dijo...

Nunca sabremos si cuándo los personajes púbicos dicen eso de que "quisieran tener fe pero no pueden" no hacen también una pose. Pero sin duda que eso conmueve más que aquél que se mofa de la fe.
Saludos.