miércoles, 15 de febrero de 2012

Un mes

Pasa un mes y he de devolver un libro a su biblioteca pública. He de ir a un barrio lejano y obrero. Estoy mucho tiempo en el autobús y recuerdo el viaje que hice, hace un mes, en búsqueda del libro. Han pasado 30 días y ¿en qué ha cambiado mi vida? ¿He mejorado en algo?

Pienso, en concreto, en mi vida religiosa: nada ha cambiado. No hablo sólo de hacer (tantas Misas, tantos rosarios, tantas lecturas), sino de ser. No veo ningún cambio durante este mes. Y se me ocurre que esa inmutabilidad tiene mucho que ver con la actitud con la que leo el Evangelio. Si lo leo como una narración, Jesús dijo esto, Jesús hizo lo otro, vaya, qué admirable, sigo leyendo, sigo admirándome, nunca cambiará nada (salvo que haya un milagro de Dios). Pero si leo un párrafo, me paro, medito cómo ese párrafo ha de cambiar mi vida (no sólo hacer, también ser), cierro el Evangelio, pienso, rezo, intento cambiar, al día siguiente vuelvo a leer el mismo párrafo, vuelvo a cerrar, vuelvo a meditar, vuelvo a rezar, así hasta que por fin un día cambio con la ayuda de Dios y paso al párrafo siguiente,...

Bastaría con leer el Evangelio una vez en la vida, durante años y años, párrafo a párrafo, cambio a cambio, con la ayuda del Espíritu Santo.

Cambiando de un mes a otro.

16 comentarios:

Fernando dijo...

Eso de "Bastaría con leer el Evangelio una vez en la vida" está muy mal redactado: un párrafo te puede cambiar mucho la vida y volver a hacerlo tiempo después, en otro sentido o profundizando: no se agota con una lectura, desde luego que no.

Nodisparenalpianista dijo...

No es poca diferencia pensar en lo que nos explicas, de un mes al otro, me parece a mi.

paterfamilias dijo...

Otra opción es meditándolo, como dices, pero imaginándote un personaje del pasaje que lees. A mí me ayuda (lo cual no significa que a todo el mundo le vaya bien, claro)

Yo, no sé por qué, siempre me imagino el peor de los personajes que aparece en el texto que leo.

Javier Vicens dijo...

Me parece un método excelente para leer el evangelio ese de procurar que lo leído se haga vida. Tarde o temprano comprenderá uno que eso de "sin mí no podéis hacer nada" y eso de "ven y sígueme" y eso de "el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna" tienen mucho que ver con la Iglesia y con los Sacramentos. Entonces pedirá el bautismo. Y cuando esté bautizado pedirá la Confirmación. Entonces clamará por la Eucaristía que es la que nos transforma de verdad.
¡Gracias!

Juan Ignacio dijo...

Yo solía decía decir que no podía leer libros de autores modernos porque apenas si hay tiempo para los clásicos.
Pero la verdad es que apenas si hay tiempo para la Biblia.

Andy dijo...

A mí me lo dicen mucho en clase Fernando. "Si esto no se lleva a la vida, a lo cotidiano, a nuestra espiritualidad, no servirá de nada, será mera formalidad académica".

Fernando dijo...

Gracias, Nodisparen.

Me parece lo lógico, Páterfamilias, uno debe conocer sus debilidades y saber que en el Prendimiento en el Huerto se parecerá más al joven que sale huyendo que a Pedro el valiente.

Yo ya pasé por esos sacramentos, Don Javier, pero quizá lo hice sin la debida seridad; siempre es tiempo de re-comenzar.

Así es, Juan Ignacio, por eso es admirable la gente que conoce bien las Escrituras y que, ante cualquier situación, puede hacer la cita adecuada. A ver si lo logramos nosotros, con la ayuda de Dios.

"Formalidad académica", Andy, eso me parece una definición exacta.

NIP dijo...

Buenas tardes Fernando. Busca sólo ser y harás lo debido.Un abrazo.

Don Javier, sobre lo de "...y bebe mi sangre" es toda una reflexión para volver a la comunión bajo las dos sagradas especies.Lindo el Pisuerga ¿No es ciertoo?.Un abrazo.

AleMamá dijo...

Yo leo cada día un trozo del Nuevo Testamento por lo menos y hago oración muy seguido con los salmos (me fascinan) pero no leo lo mismo aunque lo repita, cada día algo ha cambiado en nosotros que nos hace pasar por encima o ver algo que no vimos la vez anterior en los mismos textos del mismo Libro Sagrado. Es que Dios habla en ellos y cada dia trae su propio afán. Quizás no cambiemos mes a mes en forma sensible, pero si perseveramos, el cambio es inevitable, aunque sea un poquito, me parece.

Un abrazo

Fernando dijo...

NIP, ya sabes lo de San Agusstín, ama y haz lo que quieras. Y, sí, un problema la comunión con la Sangre, en Madrid sólo conozco una parroquia que la distribuya a todos los fieles.

Qué bien lo has explicado, Alemamá, se ve que hablas de un tema que vives, que en ti no es una mera filosofía. Grandioso lo de los Salmos.

Javier Vicens dijo...

Un estudio muy cortito y completo sobre el asunto de la comunión bajo las dos especies puede encontrarse aquí:
http://www.mercaba.org/Mundi/1/comunion_bajo_las_dos_especies.htm
Y yo pregunto: Quien comulga bajo las dos especies por intinción ¿bebe?

Javier Vicens dijo...

Perdón:

http://www.mercaba.org/Mundi/1/comunion_bajo_las_dos_especies.htm

tomae dijo...

...no ha pasado un mes, y te preguntas si tienes que leer el evangelio con la frecuencia debida...

¿igual es que ya no te importa que te riña tu nuevo confesor?

Fernando dijo...

Gracias, Don Javier, lo leeré, ya le comentaré. Gracias.

¿Cómo voy a cuestionar que deba leer el Evangelio, Tomae? Lo que cuestiono es que lo haga con la suficiente seriedad, que me lo tome tan en serio como para que cambie mi vida.

Miriam dijo...

Comentaba el conferenciante como cuando escuchamos el Evangelio en Misa, si por las primeras palabras, reconocemos "la historia" nuestra cabeza muchas veces piensa :
"Este trozo ya sé de que va". E inmediatamente, va y desconecta.
Y así, decía, pierdes todas esas nuevas "luces" que Dios da, quiere dar, en cada lectura de su Palabra

Me ha gustado esta entrada.

Fernando dijo...

Gracias, Miriam, y yo creo que es así: nos acostumbramos al Evangelio, a cada pasaje, y nos hace falta que alguien (por ejemplo, el sacerdote que predica) pegue un bombazo y nos haga volver a fijarnos, a aprovecharlo.