martes, 8 de febrero de 2011

Objetivamente

-Ya no te interesan mis cosas- le dijo ella con cariño, mientras le pasaba la sopa.

-Bueno, es que tus cosas son objetivamente poco interesantes- le respondió él.

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Al día siguiente ella recordó muchas veces esa respuesta. Él la dijo sin mala intención, sin afán de hacer daño, describiendo la realidad.

Sí, él tenía razón: sus cosas eran objetivamente poco interesantes. La ayuda a los pobres del centro social, las clases de manualidades, el gimnasio: nada de eso requería una gran inteligencia ni una gran habilidad. Cualquiera podía hacerlo. A ella le divertían, le pasaban mil cosas que luego le contaba a él en la cena y que a él parecían divertirle. Pero no exigían una gran inteligencia, mucha de la gente que lo hacía con ella era más bien mediocre. ¿Alguien haría una película sobre un alumno de manualidades o de gimnasia? Él tenía razón: nada de eso era, objetivamente, interesante (quizá confundiendo "interesante" con "importante").

Se acordó de cuando se conocieron. Ella iba muchísimo al cine y a las exposiciones de Madrid, le encantaban. Siempre estaba enteradísima de todo y podía mantener largas conversaciones con gente que entendiera de cine o de arte. Él le acompañaba, se querían tanto al inicio, pero fueron dejando de ir, poco a poco, incluso antes de casarse: a él le aburría todo aquello y a ella eso le daba pena. Ya no tenía ni idea de las películas (salvo las que veían en la tele) ni del arte reciente. Pero tampoco le pareció algo importante en ese día triste: ¿si ella hubiera seguido con eso a él le habrían parecido cosas "objetivamente interesantes"? Seguro que no: daba igual haber seguido yendo o haberlo dejado, daba igual.

En fin, pensó que una construye una pareja para que las cosas objetivamente poco interesantes se vuelvan subjetivamente muy interesantes, para que el otro se fije en el detalle que a los demás les pasaría desapercibido, y así, de esta forma, salvarse ambos del mundo, de la inmensidad del mundo donde no somos casi nada mientras llega la muerte. Eso era lo que justificaba su matrimonio, huir de la dureza del juicio objetivo de cualquiera, sentirse importante.

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Lo pasó bien ese día en la clase de manualidades, pese a ser algo objetivamente poco interesante.

11 comentarios:

Juan Ignacio dijo...

El párrafo final está muy bueno.

"En fin, pensó que una construye una pareja para que las cosas objetivamente poco interesantes se vuelvan subjetivamente muy interesantes, para que el otro se fije en el detalle que a los demás les pasaría desapercibido, y así, de esta forma, salvarse ambos del mundo, de la inmensidad del mundo donde no somos casi nada mientras llega la muerte. Eso era lo que justificaba su matrimonio, huir de la dureza del juicio objetivo de cualquiera, sentirse importante."

No sé si es femenino, pero aunque no lo sea sigue siendo acertado. Es decir, no sé si no es más bien el hombre el que teme "el juicio objetivo de cualquiera" frente a estas cosas del matriminio y la vida del común de los mortales. A la mujer no le importa.

Y una pregunta. Ella vio todo eso y se sintió mejor, ¿a pesar de que su esposo no lo viara así? ¿Qué sentido tiene verlo así si tu cónyuge no?

Fernando dijo...

Juan Ignacio, lo puse en femenino porque la perjudicada aquí era ella, pero podría haber sido al revés. Hay parejas en que el personaje fuerte es ella y el débil es él, entonces es el hombre el que necesita la aprobación de ella, el que huye un poco del mundo para recluirse en la fortaleza de la pareja. Hay ocasiones en que es ella la que falla un poco al hombre, y no al revés.

Ella no se sintió mejor, salvo el bienestar que nos produce ver la verdad de las cosas y dejar de engañarnos. Ella fue lo suficientemente lúcida para ver lo que esperaba y lo que había logrado. Aún así, parece que eso no le desanima, que le sigue valiendo la pena estar con él, ¿verdad?

Juan Ignacio dijo...

Así parece, y eso es lo que me llamó la atención.

AleMamá dijo...

No se si es un caso real que has conocido personalmente, pero es universal y transversal el asunto, Fernando, y pese aser soltero, has calado muy profundo en ello.

Me gustó todo lo que has dicho, tiene una dosis de observación tremenda, de sensibilidad para captar el trasfondo de algo que es muy duro: no ser interesante para tu cónyuge o seres que amas, que lo que te hacía diferente y digna de escoger no signifique nada y que te lo digan así, es tremendo.

El amor -sin confundirlo con la pasión- es lo que hace que lo cotidiano sea especialmente interesante por venir de los que amamos. Hay que cuidarlo. Gracias por recordármelo.

Javier Vicens y Hualde dijo...

Hay una peli titulada "A prueba de fuego" que va de un tipo que es bombero y que ha salvado muchas vidas pero ha arruinado su matrimonio. Él no acaba de entender -y así lo dice- que en la ciudad lo tengan por un héroe y que en su casa sea una (aquí dice una palabrota que empieza por "M") cosa objetivamente poco interesante. Supongo que a todos nos pasa. Nos enamoramos de alguien porque nos encanta. Pero, en algún momento, empezamos a mirarnos el ombligo y nos cuesta creer que nuestro ombligo no sea el centro del mundo.

Kris Kelvin dijo...

...quizá confundiendo "interesante" con "importante"...

Sí señor, muchas veces se confunden.
Aunque a mí me parece que lo importante suele ser muy aburrido.

Un saludo

Fernando dijo...

Todo aclarado, Juan Ignacio.

Alemamá, lo bueno de tener comentaristas como tú es que los comentarios mejoran la calidad del post. Me alegro de que te gustara éste, lo hice con mucho cariño, trabajándolo mucho, espero que se note.

Eso está bien descrito, Don Javier, y es así: mucha gente compensa su pobre vida personal con una gran ambición profesional, pasa mucho en la Administración. El problema, claro, es que al final lo que importa es la vida propia, es inútil engañarse en eso.

Bueno, Kris, lo importante puede ser aburrido muchas veces, pero si tiene malos efectos para nosotros -como una enfermedad- pasa a tener un aspecto emocionante (para mal, claro).

Maria Jesus dijo...

No sentirse valorado por alguien a quien quieres y que te lo diga tranquilamente, es algo que debe dejar herida y despues cicatriz.Aunque la actitud siga siendo la misma, interiormente no puede ser igual.

Fernando dijo...

Así es, María Jesús: uno puede aguantar lo que sea de los de fuera (los vecinos, los del trabajo, la gente del autobús) pero necesita un ámbito seguro, que es la familia, la casa, los amigos, ahí es donde las críticas pueden ser muy dañinas, incluso aunque sean justa.

ALMA dijo...

Fer, leí este post en mi oficina y me encantó, lo vuelvo a leer y pienso que es una historia de amor - precisamente ahora que se acercan los festejos de San Valentín - decía, es la historia mia, la tuya o la de cualquier vecino.

Muy buen post, mi amigo.

Fernando dijo...

Gracias, Alma querida. Sí, es la historia de cualquiera de nosotros, porque por mucho que quieras a la otra persona siempre hay errores, roces, egoísmos, está en nuestra naturaleza, qué le vamos a hacer.