Por primera vez en la Historia, España logra clasificarse para las semifinales del Mundial.
Pase lo que pase el miércoles, frente a Alemania,
nunca olvidaremos Sudáfrica,
nunca olvidaremos a esta selección, a Iker Casillas, a Gerard Piqué y a Carles Puyol, a Sergio Ramos y a Iniesta, a Xavi y a Xabi, a Fernando Torres y -claro- a David Villa, que ya nos dieron la Eurocopa 2008.
domingo, 4 de julio de 2010
sábado, 3 de julio de 2010
Bienaventuranzas (V): los misericordiosos
"Bienaventurados los misericordiosos
porque ellos alcanzarán misericordia" (Mt 5,7).
Me gusta la definición que da el Diccionario de la Real Academia de "misericordia": "virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los trabajos y miserias ajenas". Exactamente.
Fui educado de una forma severa, que ahora de adulto agradezco mucho. Uno debía ser intolerante con los propios defectos, uno era capaz de superarlos, uno debía esforzarse en superarlos, esto era algo accesible, y si no lo lograba uno era responsable. No se podía echar la culpa ni a la sociedad ni a la educación ni a la Historia, uno era responsable de uno mismo. Lo malo de eso era que cuando uno superaba algo y veía que otro no lo lograba o no lo intentaba era fácil caer en el juicio severo al otro, el mismo que uno se aplicaba a si mismo.
Lo contrario de esto es la bendita misericordia. Y ahí viene la parábola del fariseo y del publicano, el horror de Dios ante el judío buen judío, cumplidor, sin vicios, desprendido de parte de su dinero, mortificado, triunfador en la fe, que ya por ello despreciaba al pecador público.
...
Jim Forest usa dos sentidos de "misericordia" y "misericordioso". Uno, el que acabo de citar, incluida la parábola del fariseo y del publicano. "Uno de los peligros que existen cuando se intenta llevar una vida justa es que uno está siempre a un paso de creerse totalmente justo". El segundo sentido que usa es más amplio, misericordia como caridad, ternura, comprensión, capacidad de perdonar, compasión.
Explica que la gran diferencia de Dios en el Antiguo Testamento respecto a los dioses paganos de los pueblos vecinos a Israel fue, precisamente, su misericordia. Al igual que esos dioses, Yahvé pidió a Abraham que le sacrificara a su hijo, pero a diferencia de ellos no toleró que aquello llegara al final de sangre. A partir de ahí, Forest hace una buena recopilación de textos del Antiguo (en concreto, los Salmos) y del Nuevo Testamento en que Dios es nombrado "misericordioso" y pide misericordia de unos con otros. Uno de los más importantes, claro, es el Magníficat de María cuando visita a Isabel, "acogió a Israel, su siervo /acordándose de su misericordia", "su misericordia se derrama / de generación en generación" (Lc 1, 50 y 54). Y también el Padrenuestro, lo que da idea de la importancia de la misericorida: "perdona nuestras ofensas / como nosotros perdonamos a los que nos ofenden".
Concluye el autor con varias páginas en que elogia a compatriotas suyos (estadounidenses) que intentaron llevar la misericordia a la vida social de su país, luchando contra la pena de muerte, el aborto, la eutanasia o la posesión de armas. Cuenta el caso de una profesora, atracada y disparada, que en un arrebato de furia estuvo a punto de atropellar y matar a uno de los chicos atracadores. Horrorizada, decidió dedicar toda su vida a la lucha contra la posesión legal de armas.
porque ellos alcanzarán misericordia" (Mt 5,7).
Me gusta la definición que da el Diccionario de la Real Academia de "misericordia": "virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los trabajos y miserias ajenas". Exactamente.
Fui educado de una forma severa, que ahora de adulto agradezco mucho. Uno debía ser intolerante con los propios defectos, uno era capaz de superarlos, uno debía esforzarse en superarlos, esto era algo accesible, y si no lo lograba uno era responsable. No se podía echar la culpa ni a la sociedad ni a la educación ni a la Historia, uno era responsable de uno mismo. Lo malo de eso era que cuando uno superaba algo y veía que otro no lo lograba o no lo intentaba era fácil caer en el juicio severo al otro, el mismo que uno se aplicaba a si mismo.
Lo contrario de esto es la bendita misericordia. Y ahí viene la parábola del fariseo y del publicano, el horror de Dios ante el judío buen judío, cumplidor, sin vicios, desprendido de parte de su dinero, mortificado, triunfador en la fe, que ya por ello despreciaba al pecador público.
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Jim Forest usa dos sentidos de "misericordia" y "misericordioso". Uno, el que acabo de citar, incluida la parábola del fariseo y del publicano. "Uno de los peligros que existen cuando se intenta llevar una vida justa es que uno está siempre a un paso de creerse totalmente justo". El segundo sentido que usa es más amplio, misericordia como caridad, ternura, comprensión, capacidad de perdonar, compasión.
Explica que la gran diferencia de Dios en el Antiguo Testamento respecto a los dioses paganos de los pueblos vecinos a Israel fue, precisamente, su misericordia. Al igual que esos dioses, Yahvé pidió a Abraham que le sacrificara a su hijo, pero a diferencia de ellos no toleró que aquello llegara al final de sangre. A partir de ahí, Forest hace una buena recopilación de textos del Antiguo (en concreto, los Salmos) y del Nuevo Testamento en que Dios es nombrado "misericordioso" y pide misericordia de unos con otros. Uno de los más importantes, claro, es el Magníficat de María cuando visita a Isabel, "acogió a Israel, su siervo /acordándose de su misericordia", "su misericordia se derrama / de generación en generación" (Lc 1, 50 y 54). Y también el Padrenuestro, lo que da idea de la importancia de la misericorida: "perdona nuestras ofensas / como nosotros perdonamos a los que nos ofenden".
Concluye el autor con varias páginas en que elogia a compatriotas suyos (estadounidenses) que intentaron llevar la misericordia a la vida social de su país, luchando contra la pena de muerte, el aborto, la eutanasia o la posesión de armas. Cuenta el caso de una profesora, atracada y disparada, que en un arrebato de furia estuvo a punto de atropellar y matar a uno de los chicos atracadores. Horrorizada, decidió dedicar toda su vida a la lucha contra la posesión legal de armas.
miércoles, 30 de junio de 2010
Memorias de un alemán (I)
Voy leyendo las memorias de un escritor alemán al que no conocía. El librito empieza en la Primera Guerra Mundial, cuando él era un niño, y acaba en los primeros años del nazismo, cuando era un adulto joven y tuvo que irse de Alemania.
Me está gustando mucho por dos cosas. Primero, porque es divertido y te hace reír, pareciera que haber vivido en aquellos años terribles fuera una suerte. Segundo, porque cuenta pequeños detalles de la vida cotidiana que ilustran los grandes acontecimientos del país (los ves) mucho mejor que diez libros de Historia.
Por ejemplo, cuenta con mucho detalle cómo se vivió la guerra en Berlín. ¡Aquello fue tan divertido! Él y sus amigos llevaban mapas y listas de soldados, de aviones, de tanques, cada vez que había un comunicado del Alto Mando hacían sus cálculos, Alemania va a ganar en tal frente, Francia en el otro, era lo más parecido a un partido de fútbol. Es verdad que pasaban hambre, pero eso no hacía más que dar mayor emoción al juego. Cuando Alemania perdió la Guerra fue una gran sorpresa para ellos: según sus cálculos, estaba a punto de ganarla. Y apunta algo muy serio: para la gente de su generación (los que tenían de 20 a 25 años en 1918) la guerra quedó como algo divertido, una forma de huir de la rutina. Por eso, cuando Hitler tomó el poder y durante meses y meses toda Europa supo que iba a haber una nueva guerra, los alemanes de su generación no lo vieron como una desgracia, sino como un acontecimiento divertido, algo que iba a volver a dar sentido a sus vidas.
Me reí también mucho cuando hablaba de la hiper-inflación: nunca supuse que un tema así fuera tan divertido. Al inicio de la República de Weimar un dólar valía, más o menos, un marco. Pronto pasó a valer 10 marcos, 100 marcos, 1.000 marcos, se acabó manejando billetes de millardos (es decir, 1.000.000.000) de marcos. Ellos tuvieron suerte: su padre era funcionario. Cuando cobraba el día 1 de cada mes su sueldo (a lo mejor, cien millones de marcos) rápidamente iban a la peluquería, al sastre, al dentista, y sobre todo al mercado, donde con una carretilla se gastaban todo en alimentos no perecederos (queso, pasta, conservas). Al acabar el día 1 de cada mes ya no les quedaba ni un marco, esperar al día 2 era perder mucho dinero: si había una emergencia (por ejemplo, la necesidad de ir al médico de pago) no había más remedio que esperar el día 1 del mes siguiente, pues se habían quedado si un solo billete.
Dice algo terrible: la desgracia de los alemanes fue que no sabían divertirse solos, no sabían construirse cada uno una vida feliz, necesitaban que el Estado se la organizara, lo que explica (entre otras cosas) el éxito de Hitler.
Me está gustando mucho por dos cosas. Primero, porque es divertido y te hace reír, pareciera que haber vivido en aquellos años terribles fuera una suerte. Segundo, porque cuenta pequeños detalles de la vida cotidiana que ilustran los grandes acontecimientos del país (los ves) mucho mejor que diez libros de Historia.
Por ejemplo, cuenta con mucho detalle cómo se vivió la guerra en Berlín. ¡Aquello fue tan divertido! Él y sus amigos llevaban mapas y listas de soldados, de aviones, de tanques, cada vez que había un comunicado del Alto Mando hacían sus cálculos, Alemania va a ganar en tal frente, Francia en el otro, era lo más parecido a un partido de fútbol. Es verdad que pasaban hambre, pero eso no hacía más que dar mayor emoción al juego. Cuando Alemania perdió la Guerra fue una gran sorpresa para ellos: según sus cálculos, estaba a punto de ganarla. Y apunta algo muy serio: para la gente de su generación (los que tenían de 20 a 25 años en 1918) la guerra quedó como algo divertido, una forma de huir de la rutina. Por eso, cuando Hitler tomó el poder y durante meses y meses toda Europa supo que iba a haber una nueva guerra, los alemanes de su generación no lo vieron como una desgracia, sino como un acontecimiento divertido, algo que iba a volver a dar sentido a sus vidas.
Me reí también mucho cuando hablaba de la hiper-inflación: nunca supuse que un tema así fuera tan divertido. Al inicio de la República de Weimar un dólar valía, más o menos, un marco. Pronto pasó a valer 10 marcos, 100 marcos, 1.000 marcos, se acabó manejando billetes de millardos (es decir, 1.000.000.000) de marcos. Ellos tuvieron suerte: su padre era funcionario. Cuando cobraba el día 1 de cada mes su sueldo (a lo mejor, cien millones de marcos) rápidamente iban a la peluquería, al sastre, al dentista, y sobre todo al mercado, donde con una carretilla se gastaban todo en alimentos no perecederos (queso, pasta, conservas). Al acabar el día 1 de cada mes ya no les quedaba ni un marco, esperar al día 2 era perder mucho dinero: si había una emergencia (por ejemplo, la necesidad de ir al médico de pago) no había más remedio que esperar el día 1 del mes siguiente, pues se habían quedado si un solo billete.
Dice algo terrible: la desgracia de los alemanes fue que no sabían divertirse solos, no sabían construirse cada uno una vida feliz, necesitaban que el Estado se la organizara, lo que explica (entre otras cosas) el éxito de Hitler.
lunes, 28 de junio de 2010
Para
-Para, para ya, tío, tan malo es publicar poco como publicar demasiado, no canses al lector, no le hartes, tiene que haber un ritmo, como en la respiración, no todos los días pueden ser de flan.
-Es que la inspiración ...
-Ni inspiración ni nada, los posts han de tener un tiempo, una maduración, mínimo 48 horas, quizá, no sé, si no empiezan a bajar de nivel aunque tú no te des cuenta, aunque tú no lo veas el lector sí, no le canses, el blog tiene que tener su densidad, ni más ni menos, cada uno la suya, para ya, tío.
-Es que el verano ...
(Junio y julio, el blog entra en su vejez antes de la muerte -pasajera- de las vacaciones de agosto, quedan tantas cosas que decir, tanto tiempo desaprovechado en estos meses,)
-Es que la inspiración ...
-Ni inspiración ni nada, los posts han de tener un tiempo, una maduración, mínimo 48 horas, quizá, no sé, si no empiezan a bajar de nivel aunque tú no te des cuenta, aunque tú no lo veas el lector sí, no le canses, el blog tiene que tener su densidad, ni más ni menos, cada uno la suya, para ya, tío.
-Es que el verano ...
(Junio y julio, el blog entra en su vejez antes de la muerte -pasajera- de las vacaciones de agosto, quedan tantas cosas que decir, tanto tiempo desaprovechado en estos meses,)
domingo, 27 de junio de 2010
Plaza de Canalejas
Han pintado uno de los edificios de la plaza de Canalejas, lo he visto hoy por primera vez. Es ésta una de las plazas más bonitas de Madrid, circular, entre la Puerta del Sol y el Congreso de los Diputados. Se hizo al inicio del siglo XX, con enormes edificios historicistas, de buen gusto, llenos de columnas, frontones, estatuas y otros recuerdos de la arquitectura clásica española.
El edifico que han pintado ahora siempre tuvo un color gris, así fue desde que yo era joven, así que pensé que era su color original, imitando piedra. Ahora lo han puesto con unos colores muy alegres, vainilla y rojo, con algunos detalles blancos y rojos oscuros. El resultado es bonito. Me quedé admirándolo: las columnas son de un color, su capitel de otro, la base en la que reposan del mismo color que el capitel, todo muy artesanal, muy cuidado, como en un pastel hortera de bodas.
Pasear por Madrid es para mí un gran placer, más puro, más espontáneo, que ir al cine o al museo. Acabo teniendo familiaridad con las calles por las que voy. Cuando hay un gran cambio, como la pintura de este edificio, es como cuando en una boda o en un bautizo ves a un familiar que se ha operado de algo visible: ya nada volverá a ser como antes, las veces en que le vas a volver a ver ya será con una nariz más grande, con menos cintura o sin bolsas en los párpados.
O de color vainilla, rojo y blanco.
El edifico que han pintado ahora siempre tuvo un color gris, así fue desde que yo era joven, así que pensé que era su color original, imitando piedra. Ahora lo han puesto con unos colores muy alegres, vainilla y rojo, con algunos detalles blancos y rojos oscuros. El resultado es bonito. Me quedé admirándolo: las columnas son de un color, su capitel de otro, la base en la que reposan del mismo color que el capitel, todo muy artesanal, muy cuidado, como en un pastel hortera de bodas.
Pasear por Madrid es para mí un gran placer, más puro, más espontáneo, que ir al cine o al museo. Acabo teniendo familiaridad con las calles por las que voy. Cuando hay un gran cambio, como la pintura de este edificio, es como cuando en una boda o en un bautizo ves a un familiar que se ha operado de algo visible: ya nada volverá a ser como antes, las veces en que le vas a volver a ver ya será con una nariz más grande, con menos cintura o sin bolsas en los párpados.
O de color vainilla, rojo y blanco.
viernes, 25 de junio de 2010
¡¡Lo logramos!!
¡Viva España!,
¡viva Chile!,
y ... ¡viva Honduras, que nos ha ayudado a ambos con su empate!
¡viva Chile!,
y ... ¡viva Honduras, que nos ha ayudado a ambos con su empate!
Chile - España / Apuesta actualizada
Querida Alemamá: ¡¡mucha suerte esta tarde!!
España parte con un mal augurio: como Chile lleva nuestro mismo uniforme (camisa roja y calzón azul) nosotros vamos a vestir unos colores extraños, azul y amarillo, o algo así. La consecuencia es que todos los carteles que llenan Madrid ("todos con la roja", "la roja va a ganar", "es la hora de la roja") se han convertido, de repente, en apoyos a Chile.
También juega en nuestra contra la estadística: TODAS las selecciones americanas (incluida Estados Unidos) han pasado a la segunda fase, mientras que la mitad de las grandes europeas han sido expulsadas.
Me gustó mucho lo que contaron en la radio de la selección chilena: que había traído, como una reliquia, una bandera nacional encontrada bajo las ruinas del reciente terremoto, rota, y que la llevaban de ciudad en ciudad. Habló uno de los jugadores, emocionado, prometiendo que iban a llegar muy lejos en el Mundial para homenajear a los muertos y para honrar a la bandera rasgada. Me conmovió.
...
Ayer la potente selección de Eslovaquia eliminó a la anterior campeona, Italia: ya no habrá final con Argentina ni con Portugal. Procedo, pues, a actualizar la lista de apuestas:
Alemania - Brasil: Juan Ignacio (racional) y Fernando.
Alemania-España: Ramón.
Argentina - España: Andy, Esperanza y la hermana Josefina.
Brasil - Chile: Alemamá.
Brasil - España: Juan Ignacio (emocional resignado).
España parte con un mal augurio: como Chile lleva nuestro mismo uniforme (camisa roja y calzón azul) nosotros vamos a vestir unos colores extraños, azul y amarillo, o algo así. La consecuencia es que todos los carteles que llenan Madrid ("todos con la roja", "la roja va a ganar", "es la hora de la roja") se han convertido, de repente, en apoyos a Chile.
También juega en nuestra contra la estadística: TODAS las selecciones americanas (incluida Estados Unidos) han pasado a la segunda fase, mientras que la mitad de las grandes europeas han sido expulsadas.
Me gustó mucho lo que contaron en la radio de la selección chilena: que había traído, como una reliquia, una bandera nacional encontrada bajo las ruinas del reciente terremoto, rota, y que la llevaban de ciudad en ciudad. Habló uno de los jugadores, emocionado, prometiendo que iban a llegar muy lejos en el Mundial para homenajear a los muertos y para honrar a la bandera rasgada. Me conmovió.
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Ayer la potente selección de Eslovaquia eliminó a la anterior campeona, Italia: ya no habrá final con Argentina ni con Portugal. Procedo, pues, a actualizar la lista de apuestas:
Alemania - Brasil: Juan Ignacio (racional) y Fernando.
Alemania-España: Ramón.
Argentina - España: Andy, Esperanza y la hermana Josefina.
Brasil - Chile: Alemamá.
Brasil - España: Juan Ignacio (emocional resignado).
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