viernes, 1 de septiembre de 2017

Madrid

Vuelvo a Madrid.

En el aeropuerto he de esperar cuarenta y cinco minutos a que desembarque mi maleta. El conductor del autobús que nos lleva a la ciudad discute a gritos con un pasajero que pretende pagar con un billete de 50 euros. Los coches han aparcado en la zona de la estación de Atocha reservada a los autobuses. Hay cacas de perro por las aceras. Hay obras innecesarias en la acera de mi calle. En mi buzón hay cartas de varios de mis vecinos, supongo que parte de las mías estarán en buzones de otros. Los ciclistas van deprisa por la acera de los peatones. Ceno un bocadillo en el bar, el camarero no se fía de mí, pasa el billete de 20 euros con el que le pago por el detector de billetes falsos. En el autobús los chicos ponen los pies-pezuñas en el asiento de delante. A las dos de la madrugada un grupo ríe en la calle, bajo mi ventana. El autobús que me lleva al trabajo tarda veinte minutos en llegar.

Me alegro de haber vuelto a Madrid.

9 comentarios:

Ignacio Trujillo dijo...

¡Bienvenido!

ojo humano dijo...

Qué bien..
Espero que hayas disfrutado.
Estuve unos días en el Norte, en Coquimbo, y me alegré también de regresar a casa.
Mi perro fue el que más sufrió, no sé si te conté ue me regalaron un shar-pei, delicado casi como un bebé.
Me alegro mucho que estés de regreso.

Fernando dijo...

Gracias, Ignacio.

Gracias, Ojo Humano. Sin duda, lo del perrito te dará para grandes posts en tu blog.

irma gonzalez dijo...

Buena vuelta a casa, a las incomodidades cotidianas.

Fernando dijo...

Gracias, Irma. Me alegro de leerte.

Nodisparenalpianista dijo...

Es vd. un fenómeno.

dijo...

¡Qué bueno, volvemos a recorrer Madrid!
Hace unos días iba a Tudela en el tren regional desde Pamplona, 9:15 AM, y una moza que se apeó en Villafranca de Navarra, también con el pie en el asiento delantero, una mirada bastó para que cambiara su escabel a su maleta. Después vino un mozo moro y también puso en el asiento la suela de su zapatilla, pero cuando pasó el revisor la quitó y al rato volvió. Es decir, saben que está mal, de nada sirve hacérselo saber, lo saben, pero necesitan imperiosamente la autoridad para conducir sus vidas por el camino recto.

Lo mismo ocurre con los propietarios de perros... pero con la autoridad municipal y las todopoderosas compañías de suministros que diseccionan calles a zanjazos

¿Quién les pone el cascabel?

A los camareros desconfiados, les paras en seco con la comprobación de la vuelta y empiezas a contar una a una las monedas con pausada solemnidad y entonces los mandas retirar y... mano de santo para la próxima. Abrazo fraterno.

Fernando dijo...

Gracias, Nodisparen, me alegro de volver a leerte.

Gracias, Kim. Gracias por tus consejos. Todo va a peor, cada generación es peor que la anterior, doy gracias a Dios por haber nacido en 1965 y no en 2000, sólo la fe en Dios me salva de la desesperación.

Luisa dijo...

Pues me alegro de tu vuelta :) En mi caso, el conductor no discutió, sencillamente le dijo que no podía subir, menos mal que un alma caritativa le pagó al muchacho el billete de autobús, y todos tan contentos.
Besos, muchos