miércoles, 12 de septiembre de 2012

Lirios y pájaros

Al hacerme mayor me tomo todo con más enfado y con más miedo. Debería ser al revés, pero es así. Por ejemplo: una hermana mía tiene un piso, lo ha alquilado y han dejado de pagarle. El trámite de echarles debería ser rápido, un mes, pero la Justicia en España funciona muy mal. Entonces yo me indigno mucho, tengo sentimientos de ira hacia esas personas, pienso que van a tardar mucho en irse y que van a destrozar el piso. Lo curioso es que mi hermana se lo toma con más calma que yo.

Por eso es importante para mí leer y releer la parte del Sermón de la Montaña en que Jesús nos invita a no agobiarnos, a fiarnos de Dios porque si Él cuida de los lirios del campo y de los pájaros del cielo ¿no hará más con nosotros? Alguien que se tomara en serio este pasaje (Mt. 6, 25-34) llegaría sucesivamente a estas tres conclusiones:

1º- Hay pocas cosas realmente importantes en la vida.

2º- De ellas, las cosas de Dios son más importantes que las otras.

3º- Dios, con su Providencia, nos ayuda en las importantes y en las menos importantes.

(Y, si miro atrás en mi vida, ¿cómo no recordar tres o cuatro auténticos  milagros que me confirman que el punto 3º es verdad?)

...

Estaba con estas reflexiones cuando, leyendo el libro sobre el Concilio Vaticano II, apareció un texto que me gustó mucho. Ocurrió cuando se discutía el futuro del matrimonio católico. ¿Seguía siendo válida la tesis tradicional, tener todos los hijos que Dios quiera, o convenía mitigar esta regla? En medio de muy doctas opiniones se levantó el Cardenal Ottaviani, Prefecto del Santo Oficio, no quería dar ninguna idea sino contar su experiencia personal:

"Soy el undécimo hijo de una familia de doce hermanos. En mi casa éramos pobres. Mi padre era un trabajador manual. Y nunca mis padres dudaron de la Providencia. Mis padres creían en la palabra del Evangelio, que habla de los pájaros del cielo y de los lirios del campo. Creían también en las afirmaciones de que hemos de preocuparnos ante todo del Reino del Cielo y que todo lo demás se nos dará por añadidura".

Qué bonito y qué cierto.

10 comentarios:

paterfamilias dijo...

¡Qué razón tienes! y qué poco caso hago de eso

AleMamá dijo...

Cuesta tanto aceptar que Dios nos cuida personalizadamente hoy en día, Fernando. Hace falta ponerlo en práctica y dejarse llevar en los brazos de la Providencia.
Saludos primaverales

ojo humano dijo...

Es tan bueno tener familia.
Yo soy "guachita", o sea, no tengo padre, madre, hermanos, primos o tías. Fui hija única, por eso valoro tanto la familia, la unión entre hermanos, es genial (imagino) tener alguien de confianza, aunque la comunidad de la fe me ha dado personas muy queridas.

Por cierto, la primavera nos ha llegado con todo su esplendor.
Saludos.

Fernando dijo...

Que Dios nos ayude, Páterfamilias, a cada uno con su cruz.

Bueno, Alemamá, tú y tus 5 hijos sois un buen ejemplo de confianza en Dios, ¿verdad?

Ojo Humano, Dios siempre nos da algo bueno: lo de ser guachita suena triste, pero a cambio te ha dado una gran sensibilidad que a lo mejor no habrías tenido viviendo con mucha gente. Y felicidades por la primavera, qué envidia.

yeste lima dijo...

Tengo que confiar más, lo sé, es uno de mis pecados.
Pero aún así, tengo que decir que mi vida no ha sido fácil, tres hijas y muy pocos recursos y cada vez que me agachaba esperando el palo más fuerte, me venía la AYUDA pedida. Tengo que ser agradecida.

Está bien que te hagan reflexionar de vez en cuando.

Gracias Fernando.

ALMA dijo...

Para Ojo Humano, le digo que aqui tiene alguien en situación similar en la vida. Soy hija única y tuve padres, tios, primos, marido, gato.... y porque Diosito así lo decidió me quedé sola, con los afectos. No me gusta que digas "guachita" seguramente no es así, ya que tal vez mucha mas gente que la que uno mismo se imagina está pendiente de nosotros y nos brinda su afecto, casi de familia.

En cuanto al post de Fernando, al leerlo me acordé de unas monjitas peruanas que viven en un convento en Antofagasta de la Sierra, a 3000 metros sobre el nivel del mar, en plena puna catamarqueña. La vida allí es muy difícil y para movilizarse es necesario contar con un vehículo 4x4 y sus accesorios. Las monjitas cuentan con una camioneta de estas características, pero no tienen rueda de auxilio. El señor que atiende la gomería en Antofagasta, cuando alguna de ellas llega con el vehículo a buscar solución a las destrozadas gomas, se agarra la cabeza y le dice: "Hermana, por estos caminos no se puede andar sin rueda de auxilio, mire si le pasa algo y se queda en el camino, quien la va a auxiliar?".... la monjita lo mira con dulzura e invariablemente responde: "Dios proveerá" .

Que se solucione de la mejor forma el problema de tu hermana.

Gracias por espacio y buen fin de semana

Fernando dijo...

Así es, Ojo Humano: cuando uno mira atrás y ve las dificultades por las que ha pasado, comprende que no ha podido hacerlo solo. Al menos así lo siento yo en mi caso. Lo que siento es no tenerlo siempre presente.

Me parece una historia buena, Alma: no es lo mismo decir que uno se fía de Dios que salir por el monte sin la rueda. ¿No habrá un católico de su zona que les pueda dar los pesos necesarios para comprar la rueda? Y gracias por lo de mi hermana ya está en manos de un abogado de los duros.

Nodisparenalpianista dijo...

A Dios rogando y con el mazo dando. Confiar en la Providencia y no desesperarse. Pero no está nada mal echarle una mano con un abogado o una rueda de recambio.

ALMA dijo...

Fer, te comento, las monjitas es muy posible que tengan una rueda de auxilio, porque viene incluida con el vehículo, lo que no pude saber es porque no la llevan cuando viajan.


Buena semana, Fer

Fernando dijo...

Así es, Nodisparen, ya sabes lo de San Ignacio, rezar como si sólo dependiera de Dios, trabajar como si sólo dependiera de ti.

Qué raro, Alma, si la tienen deben llevarla, si no es como tentar a Dios, creo.