lunes, 12 de diciembre de 2016

Sociedad, lectura, ola, amor

La calma de la sociedad se fundamenta en la renuncia de unos y en la cobardía de muchos.

Mis vecinos han de irse de casa por los golpes furiosos que otro vecino -loco- da en su pared. Han decidido que no pueden vivir con temor. Los demás callamos.

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Algo (poco) mejora mi nivel intelectual.

Hace años intenté leer Diario de un cura rural, del francés Bernanos. No fui capaz. Califiqué el libro de "basura", esto molestó a algunos de mis blogamigos.

Lo intento de nuevo. Logro llegar hasta el final. Ya no me parece basura, sólo angustioso y triste. Algo hemos avanzado.

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Me siento muy reflejado en la escena del Evangelio en la que Pedro se asusta de andar sobre las aguas, comprende su locura, se hunde.

Yo intento no olvidar que la escena acabó bien.

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Tener a los 50 años el mismo deseo de ser querido que a los 20, sin resignarse pese a los desengaños. Pensar con frecuencia "¿qué estará haciendo ahora?". Entristecerte si un día no coincides.

4 comentarios:

ojo humano dijo...

Vecinos, auch, mi madre tuvo uno que peleaba con sus hijos con un hacha. Un día esta rompió la pared nuestra, ahí nos fuimos rapidito.
Me alegro que te superes a ti mismo, en realidad esa es la más sabia comparación. Yo a gatas por el A.T, perdida en 1° de Reyes.
Mi fe apenas alcanza para salir a la calle. Gracias a Dios el mar está re' lejos. En todo caso, qué coraje ¿no?
Creo que a toda edad las personas necesitan amor. Como dice la canción:
https://www.youtube.com/watch?v=rXVNAeOosP4
Y si es correspondido...genial.

Fernando dijo...

Hicisteis bien, Ojo Humano.

Seguro que te encontrarás pronto, Dios te iluminará.

Gran coraje el de Pedro, el mismo que nos hace falta a nosotros para andar por el mar de la sociedad actual.

Gracias por el enlace.

Luisa dijo...

Es que la necesidad de cariño es siempre necesidad de cariño, se tenga la edad que se tenga ¿no?
Yo creo que Alma, tu y yo deberíamos hacer ese viaje a Roma y reírnos hasta no poder más :)
Besos, muchos

Fernando dijo...

No me tientes, querida Luisa.