lunes, 4 de enero de 2010

Furor lector

Días de furor lector.

Leí al final de diciembre la autobiografía del político catalán Jordi Pujol (preparo el correspondiente post) y una novela tronchante de Wodehouse, en la que los ricos son tontos y los mayordomos (sobre todo el co-protagonista, Jeeves) son listos.

Ahora me pongo con los siguientes libros:

Por qué soy católico, de G. K. Chesterton, gruesa colección de artículos suyos sobre materias religiosas, publicados desde 1922 (año de su conversión) a 1936 (año de su muerte).

El prólogo explica que otros polemistas británicos católicos de su momento acabaron en la amargura o el resentimiento por vivir en un ambiente hostil, pero que "Chesterton nunca cayó en esta tentación. Se negaba a renunciar a su espíritu tan juvenil y a su temperamento sanguíneo. Para él, luchar por la fe constituía algo verdaderamente agradable".

Hasta la cumbre, del padre Pablo Domínguez.

Conocí al padre Pablo a través de un post de Alejops, que recordaba con mucho cariño a un profesor suyo del seminario, fallecido unos días antes. Poco después leí casualmente una nota necrológica en el diario laicista El País, muy respetuosa con el difunto. "Debió ser un gran hombre para que El País le trate bien", pensé.

Este libro es la transcripción de un retiro de varios días que dio a unas monjas cistercienses de Navarra, en febrero de 2009. Al acabar, se fue a hacer alpinismo por la zona y murió en un accidente.

Introducción a la economía española, de Ramón Tamames.

El arte de hacer fácil la economía al que no sabe casi nada de economía.

sábado, 2 de enero de 2010

Navidad en Madrid (y IV): Nochevieja

Por la tarde del 31 diluvió durante la carrera popular. Por eso, cuando salimos después de las campanadas, la luna llena y las estrellas se reflejaban en grandes charcos de agua embalsada.


Como todas las Nocheviejas de Madrid,
los encantadores jóvenes
carniceros, fontaneros, transportistas,
y
las encantadoras jóvenes
dependientas, peluqueras, camareras,
vestidos muy elegantes
ellos de traje, con las manos en los bolsillos delanteros de la americana,
ellas de vestido corto, tambaleándose en los zapatos de tacón,
trajes y vestidos que no volverán a usar hasta la boda de un hermano mayor
o hasta la Nochevieja de 2010.


Incompetencia municipal hasta en Nochevieja: a las 2 de la madrugada, 2 horas después de las uvas, aún no se podía cruzar la Puerta del Sol, aún la estaban limpiando. En las calles cercanas, vertedero inmundo de botellas rotas y de serpentinas aplastadas, con los chicos jóvenes meando en las esquinas.


Todo el rato,
coches de la policía con las luces azules,
ambulancias con las luces rojas,
yendo como locos de un lado a otro,
haciendo ruido.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

2009

2009, el año de ...

Siempre que acaba el año ocurren dos hecho extraños.

El primero es que las miles de decisiones, los miles de trabajitos, los miles de pasos que has dado durante tantos días quedan reducidos a dos o tres hechos importantes, "2009, el año de mi ascenso y de la boda de mi cuñado y de la inundación de la cocina", todo lo demás, tantos y tantos afanes, se ocultan, se nublan, pese a lo que te costaron en su día. Es, supongo, lo mismo que te ocurrirá cuando te estés muriendo, tantos y tantos trabajos y al final sólo recordarás algunos pocos hechos importantes.

La segunda cosa extraña es que, cuanto más viejo te haces, esos pocos hechos que rescatas van volviéndose amargos, más amargos. Desde el año de las carreras acabadas-trabajos nuevos-bodas-nacimientos y bautizos-primeras comuniones-casas nuevas vas pasando, poco a poco, no sé por qué, al año de las enfermedades-separaciones-problemas económicos-problemas con los hijos-enfermedades más graves-muertes. Por eso, cuando pasa un año que ha sido el año de nada, que lo dejas en puntos suspensivos, respiras aliviado, no sientes que haya sido un año perdido, sino un año ganado para tu paz.

(Exagero el tono de este último párrafo para dar mayor efecto literario al post)

...

2009,
el año del viaje a Francia,
el año de la muerte de mi amiga C.

(No sabes cuánto quieres a la gente hasta que la pierdes)


...

Feliz 2010,
y gracias por seguir ahí.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Misa de las familias

Un año más, Misa de las familias en Madrid. Y, sí, Dios sigue haciendo milagros: llovió el sábado, llueve hoy, pero el domingo estuvo claro.

Algunos amigos míos han dejado de ir a esta cita anual porque les parece que está demasiado impregnada por los neocatecumenales: las canciones de los kikos, los aplausos al gran Kiko Argüello, ... Yo no entro en eso, creo que es importante rodear a nuestro Arzobispo, hacer familia diocesana por un día, recordar a la sociedad que seguimos estando ahí, que las ideas actuales no son dogmas de fe. Las cosas se podrán hacer mejor, siempre, pero si hay alguien que las hace hay que apoyarle de corazón.

La homilía del cardenal Rouco fue moderada, sin dar pie a que la prensa laicista se ensañara, como hace dos años. Denunció el Cardenal el aborto, el divorcio, la ideología de género, el matrimonio gay, pero lo hizo desde un punto de vista más pastoral que político, creo. Citó -como ya hizo el año pasado- la homilía que Juan Pablo II pronunció en ese mismo lugar en 1982, en su primera visita a Madrid, en la Misa de las familias a la que yo, adolescente, fui con mis padres. Las palabras del Papa santo denunciando la disolución familiar fueron proféticas, en una España que ya había pisado su primer escalón hacia abajo, el de la Ley del Divorcio, un año antes.

La Misa, bien organizada, acabó con la llegada de los Reyes Magos para adorar, muy seriamente, al Niño. Iban acompañados nada menos que de la banda de Jesús de los Gitanos, importantísima Cofradía de la Semana Santa sevillana.

La más simpática: la chica que, en un recuadrito de la pantalla, iba traduciendo todo al lenguaje de los sordos, y que cuando llegaron los villancicos del final no sólo gesticulaba con las manos o la boca, sino que los bailaba con mucho arte.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Navidad en Madrid (III)

Lo más serio, lo más coherente de la Navidad de Madrid son las familias que ponen en sus ventanas unas colgaduras con la foto del Niño Jesús recién nacido, con un lema alrededor: "Dios ha nacido" "Feliz Navidad". Con ello quieren decir al que pasa: "la Navidad es para mí algo serio, no es un simple folclore, es algo importante, creo que Dios realmente ha nacido y ha venido a salvarnos". Y no sólo eso, es como que añaden: "y quiero anunciártelo y compartirlo contigo".

...

Celebro el Día de las Llamadas. Parece una fiesta del Antiguo Testamento, pero no: es el día en que llamo a todos mis familiares, amigos o conocidos a los que no voy a ver en persona estos días, para felicitarles, unos por la mañana, otros por la tarde, otros por la noche. Con varios no hablo desde el Día de las Llamadas del año pasado y no volveré a hacerlo hasta dentro de un año, pese a los "Oye, te llamo y quedamos", "Vale, a ver si hacemos un hueco".

Siempre es un día gozoso, pero este año no lo ha sido tanto: dos de mis llamados han caído en el paro y varios más viven con el terror de acabar así en unos pocos meses. La tristeza de estos anuncios tiñó de pena las celebraciones de estos días, me acordé mucho de ellos en la Misa de Navidad. También me sentí un poco culpable: si hubiera un Día de las Llamadas en julio o en septiembre me habría enterado antes de su desgracia. No esperaré hasta diciembre de 2010 para volver a llamarles.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Feliz Navidad

Queridos amigos:

¡Feliz Navidad en compañía de vuestros familiares, amigos, hermanas de Comunidad, gatos y vecinos! Os deseo que sean días santos, sin estrés, sin excesos.

...

Caído se le ha un clavel
hoy a la aurora del seno,
¡qué glorioso que está el heno,
porque ha caído sobre él! (...)

El heno, pues, que fue dino,
a pesar de tantas nieves,
de ver en sus brazos leves
este rosicler divino
para su lecho fue lino,
oro para su dosel.

Caído se le ha un clavel
hoy a la aurora del seno,
¡qué glorioso que está el heno,
porque ha caído sobre él!

(Luis de Góngora y Argote)

lunes, 21 de diciembre de 2009

Hielo

Cruzo el parque del Retiro ya de noche. Llego a un pequeño estanque rectangular donde viven unos patos. Se ha helado la capa superior, abajo ves inmóviles las hojas caídas. Tiro una monedita que rebota, en medio del silencio hace "clin clin clin" hasta pararse en medio del estanque. Los patos, refugiados en su caseta, me ignoran.

Ando un poco más. Hay otro estanque, cerca de la calle, pero aquí no ha helado: en él desemboca una catarata, supongo que el agua está muy fría, pero al estar en movimiento no se hiela, no creo que lo haga en toda la noche.

Se me ocurre una metáfora barata. El agua del estanque es tu alma. Si ese agua se encierra en si misma, cuando venga el invierno de tu vida se congelará, encerrada en si misma, y todo detrás de ella parecerá muerto. Pero si permites que Dios entre en ella, como la catarata, aunque sea en poca cantidad, nunca llegará a estar muerta del todo, siempre tendrá un poco de movimiento que le permitirá aguantar el frío de la noche de la vida, hasta que llegue el amanecer.



Fuera del parque, los coches corrían bajo las luces de Navidad.