Hace un año, yo no tenía blog. Cuando Juan Ignacio me preguntó por él, le respondí que no tenía porque no tenía nada que contar. Lo pensaba de verdad.
Días después caminaba por un parque muy bonito cercano a mi trabajo. Es éste un parque nuevo, con cipreses, con un suelo inclinado que acaba en un muro. Los días que llueve, la lluvia arrastra el agua y el barro de todo el parque, y como el muro no tiene un buen desagüe, se forma una charca, una charca con mucha agua en la que se reflejan el cielo y los edificios y las nubes que llueven. Cuando deja de llover y sale el sol, el agua se va evaporando poco a poco, y va dejando una mancha de barro maloliente, que ya no se va nunca. Viendo todo esto aquel día, me dije: “Si yo tuviera un blog, al menos podría hacer una entrada, una única entrada, en que contara que cerca de mi trabajo hay un parque nuevo, con cipreses, con un suelo inclinado que acaba en un muro ...”.
Y así empezó todo.
Curiosamente, el post sobre el parque inclinado no apareció nunca, hasta hoy: hace un año vinieron las elecciones españolas, las lecturas del Evangelio, la vida de Madrid, las dudas, los libros, y nunca me volví a acordar del parque y de su charca, hasta hoy.
Un año después, sólo puedo deciros una cosa: ¡¡gracias por seguir ahí!!
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jueves, 26 de febrero de 2009
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