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viernes, 11 de septiembre de 2015

De verdad

Hay una parte de tu vida que es de verdad
y otra que no lo es.

Dos hombres trabajan en la oficina por la mañana,
dos hombres ven la televisión con su familia por la noche.

Uno de los dos, en la oficina, piensa: "Ojalá ya estuviera con mi mujer apoyada en mi hombro, con mi hijo apoyado en mi estómago, con mi hija tirada en el sofá, comiendo cacahuetes, riéndonos con el programa tonto de la tele, haciendo chistes, en vez de estar aquí perdiendo mi vida".

El otro, frente a la televisión, con su familia, callados, piensa: "Ojalá ya estuviera en la oficina, solucionando problemas, superándome, haciendo el trabajo de una forma que asombra a los demás por su perfección, lleno de ideas y de energía, en vez de estar aquí perdiendo el tiempo".

lunes, 24 de febrero de 2014

Realidad

Para ella la realidad era cuando estaba con él: las cenas, los paseos, los cines. Lo otro (el trabajo, las amigas, los museos) era un entretenimiento.


Para él la realidad era cuando estaba sin ella: el trabajo, los amigos, el fútbol. Lo otro (las cenas con ella, los paseos con ella, los cines con ella) era un entretenimiento.


Ella acabó dándose cuenta. Pero la pareja siguió adelante. Les salvó la conversación:
ella necesitaba que él le contara todo,
a él no le bastaba con vivir, quería narrárselo, que ella escuchara atenta.

jueves, 30 de mayo de 2013

Gente

A él le gusta conocer gente,
ella odia hacerlo.

A él le gusta hablarle luego de la gente nueva
y ella le escucha
asombrada de ese mundo
al que ha renunciado.

lunes, 11 de junio de 2012

Unión

El matrimonio anciano se sentó dos bancos delante del mío, en Misa. Ella debía estar enferma, estuvo todo el rato sentada.

Poco antes de la consagración, estando él de pie, ella estornudó. Metió la mano en el bolsillo izquierdo del pantalón de él, sacó el pañuelo, lo desplegó, se sonó ruidosamente, volvió a doblar el pañuelo, lo volvió a meter en el bolsillo del marido. Él le sonrió.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Planes

Él le contó sus planes para el nuevo año: cursos, reuniones, trabajos, deportes. Estaba entusiasmado.

Ella le apoyó, de corazón: le gustaba mucho que él mejorara. Pero se quedó triste: a él apenas le quedaría tiempo para que lo perdieran juntos.

jueves, 17 de marzo de 2011

Cena

-¡Mi novio es muy bueno! ¡Me invita a cenar todas las noches en su casa!

(No sospechaba que él lo hacía porque no soportaba la cocina de ella,
sus excesos con el aceite y la cebolla,
la pesadez de sus salsas)

martes, 8 de febrero de 2011

Objetivamente

-Ya no te interesan mis cosas- le dijo ella con cariño, mientras le pasaba la sopa.

-Bueno, es que tus cosas son objetivamente poco interesantes- le respondió él.

...


Al día siguiente ella recordó muchas veces esa respuesta. Él la dijo sin mala intención, sin afán de hacer daño, describiendo la realidad.

Sí, él tenía razón: sus cosas eran objetivamente poco interesantes. La ayuda a los pobres del centro social, las clases de manualidades, el gimnasio: nada de eso requería una gran inteligencia ni una gran habilidad. Cualquiera podía hacerlo. A ella le divertían, le pasaban mil cosas que luego le contaba a él en la cena y que a él parecían divertirle. Pero no exigían una gran inteligencia, mucha de la gente que lo hacía con ella era más bien mediocre. ¿Alguien haría una película sobre un alumno de manualidades o de gimnasia? Él tenía razón: nada de eso era, objetivamente, interesante (quizá confundiendo "interesante" con "importante").

Se acordó de cuando se conocieron. Ella iba muchísimo al cine y a las exposiciones de Madrid, le encantaban. Siempre estaba enteradísima de todo y podía mantener largas conversaciones con gente que entendiera de cine o de arte. Él le acompañaba, se querían tanto al inicio, pero fueron dejando de ir, poco a poco, incluso antes de casarse: a él le aburría todo aquello y a ella eso le daba pena. Ya no tenía ni idea de las películas (salvo las que veían en la tele) ni del arte reciente. Pero tampoco le pareció algo importante en ese día triste: ¿si ella hubiera seguido con eso a él le habrían parecido cosas "objetivamente interesantes"? Seguro que no: daba igual haber seguido yendo o haberlo dejado, daba igual.

En fin, pensó que una construye una pareja para que las cosas objetivamente poco interesantes se vuelvan subjetivamente muy interesantes, para que el otro se fije en el detalle que a los demás les pasaría desapercibido, y así, de esta forma, salvarse ambos del mundo, de la inmensidad del mundo donde no somos casi nada mientras llega la muerte. Eso era lo que justificaba su matrimonio, huir de la dureza del juicio objetivo de cualquiera, sentirse importante.

...

Lo pasó bien ese día en la clase de manualidades, pese a ser algo objetivamente poco interesante.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Ella le cuenta a él

No se ven hasta la hora de cenar.

Para ella es muy importante contarle a él todo lo que ha hecho durante el día, con mucho detalle. “Cogí el autobús, iba ese conductor que tú ya sabes, el del pelo rapado, hoy iba contento, llevaba puesta Kiss FM, la que tu hermana nos contó la otra noche cenando que le gustaba oír en la ducha, le dije, le dije al conductor que cuánto había tardado, pero se lo dije en buen plan, eh, sin reñirle, cuánto has tardado, eh, a él le hizo gracia, no se lo tomó a mal, se rió, me dijo, así riéndose, mejor, tonta, así tienes que estar menos tiempo en el trabajo, me hizo gracia su comentario, a todo esto quería subir una chica con su carrito, y yo en medio, y la chica va y dice ...”. Hay noches que la narración le dura el tiempo de la preparación de la cena, del primer plato, del segundo plato y de medio postre. Él va diciendo “¡qué curioso!” o “¡qué faena!” o “¡qué barbaridad!”, y ella sigue. Sólo cuando ella se enfada o se angustia o se entusiasma él le habla largamente, para poner las cosas en su sitio.

Ella nota, durante el día, que al hacer las cosas piensa cómo se las contará a él por la noche, e incluso a veces ese pensamiento le hace variar de comportamiento. ¿Para qué se va a enfadar con una compañera del despacho si él, esa noche, le va a recordar que eso es una tontería?

Desde que se conocen, ella ya no tiene que llevar diario.

A ella le conmueve mucho que él, que a veces parece que no le presta atención, se acuerde meses después de algo pequeño que ella le contó: “Aquella vez que te equivocaste de parada de Metro ...”.

A ella le parece un poco extraño que él no sienta esa misma necesidad. Él le habla mucho de sus lecturas de ciencias y de las películas que va a ver y de lo que ha pensado sobre la vida. Pero cuando ella le pregunta, en la cena, qué tal le fue el trabajo, él se limita a decir “Ya sabes, lo de siempre”, y cuando le pregunta que si ha hablado con su madre, él responde “Sí, lo habitual”.

(Ella a veces se ríe pensando en lo divertido que sería tener una amiga que la llamara a las 12 de la noche para que le contara las horas que está con él, las horas de su día que no le puede contar a nadie. “Él llegó a cenar con su abrigo beige, ya sabes, el del último cumpleaños, ¿te acuerdas? ...”)

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(Estos posts sobre ella y él parecen un homenaje al blog de AM)

viernes, 19 de septiembre de 2008

La cena

Fueron a cenar a un restaurante al que iban mucho, antes de casarse.

Ella comprendió pronto que había sido un error ir allí. Al aburrimiento de todas las cenas se unió la pena, recordando lo felices que habían sido en aquellos años. A cada uno le interesaba mucho lo que hacía el otro, le pedía muchos detalles de lo que contaba, se emocionaba con aquello. ¡Vaya charlas que tenían, de horas y horas! Parecía, sí, que cualquier cosa tonta que se contaran fuese, en realidad, un gran acontecimiento que merecía ser detallado. ¡Qué pena cuando se tenían que separar! Se casaron felices por haber encontrado a alguien tan interesado en sus pequeñeces.

Con el paso de los años, cuando él le contaba a ella otra vez un problema con un adolescente del instituto, cuando ella le contaba a él la visita de un comercial a la empresa, era otra vez el mismo rollo de todas las veces, un asunto que ya había oído contar miles de veces y que ya no era interesante, ante el que ya no había nada serio que decir. Casi lloró al recordar a sus padres. ¿Por qué, se preguntaba ella mientras tomaban la sopa en silencio, a su padre le seguía pareciendo muy curioso lo que le contaba su madre del cuidado de la casa, y a su marido ya no le interesaban nada ni los pequeños asuntos de la empresa, ni sus pequeños problemas de salud, ni los pequeños hechos que veía desde el coche? (Tampoco a ella le interesaban los de él, aunque ella no se diera cuenta de esto).

Todo empeoró aún más cuando ambos, para huir del aburrimiento, se buscaron nuevas actividades. Ambos vieron con recelo aquello, en la cabeza ajena: era un mundo nuevo, desconocido, que no existía cuando se conocieron ni cuando se casaron. Él no quiso saber casi nada de los cursos de ella, ella no quiso saber casi nada de los deportes de él. Lo que habría tenido que ser un nuevo aliciente para sus charlas se convirtió en un nuevo vacío, en otro síntoma de lejanía. Ninguno quiso acompañar al otro en las aventuras que iniciaba.

Ella se sintió desgraciada.

Él buscaba a una camarera muy mona que trabajaba antes allí: ¿es que la habían despedido?