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martes, 15 de diciembre de 2015

Mitin, espacio, pobre, Navidad, polvorones

Voy a un mitin electoral de Unión, Progreso y Democracia.

Siempre es triste visitar a un enfermo al que no vas a volver a ver vivo.

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En un anuncio de un almacén: "Cuanto más vives más espacio necesitas".

Pero en mi caso es justo al revés.

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Hay un pobre nuevo en el barrio. Fuma y lee. En general, detesto que los pobres fumen o tengan perro, me parece sospechoso. Pero este pobre es auténtico: todos los días trae y lleva una gran mochila donde -supongo- irán todas sus cosas. No creo que un falso pobre se tomara esa molestia.

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Ventajas de ser soltero: evitar "En Nochebuena nos toca ir a casa de tu madre pero a cambio en Navidad vamos a casa de mi hermana".

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Felicítame: aguante hasta ayer, 14 de diciembre, para comprar los primeros polvorones de Navidad.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Frío, urnas, novela, Black Friday

De repente
el frío.
¿Qué habrá sido del arbolito junto al Hotel Suecia que floreció -milagrosamente- en noviembre?

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Admirable previsión. Veo un camión llevando a un colegio las urnas blanca y anaranjadas, pese a que aún queda un mes para las elecciones.

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Leo de nuevo La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe (1987). Comprendo cómo ha cambiado nuestra vida: no hay teléfonos móviles, hasta los ricos muy ricos tienen que ir a la cabina telefónica de la esquina si no quieren llamar desde el teléfono de casa. Y no hay ordenadores salvo en los despachos financieros.

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Halloween, Black Friday (rebajas antes de Navidad),... ¿Cuánto queda para que celebremos en Madrid el Día de Acción de Gracias o el Cuatro de Julio?

jueves, 12 de noviembre de 2015

Contaminación, otoño, Cataluña, parque

Salgo de Madrid, voy a El Escorial. A la vuelta la contaminación nubla la vista de la ciudad como si alguien hubiera pasado una brocha con agua sucia.

Milagro del otoño sin otoño. Aún hay pájaros que cantan, aún hay hojas verdes en los árboles, aún se puede tomar cerveza en las terrazas.

Días de sufrimiento por la crisis independentista de Cataluña.

Tras la cena tengo ansiedad y paseo hasta el Parque del Retiro. Miro a través de las puertas. ¿Por qué un parque cerrado tiene las farolas encendidas toda la noche? En el barrio elegante de alrededor, construido en los años 1960, las casas tienen dos portales, dos escaleras, dos ascensores, en unos no pone nada y en los otros "Servicio". Las casas nuevas de los ricos ya no tienen esa puerta, no sé por dónde entrarán los sirvientes. En las cafeterías los camareros recogen las mesas y las sillas mientras los demás ven la televisión en casa o duermen.

lunes, 19 de octubre de 2015

Fin de semana en Madrid

Voy al Museo del Prado. Hay una exposición sobre un pintor español religioso, el Divino Morales. Entre otros detalles terroríficos, pinta a Jesús ya sin la corona de espinas: en su frente hay agujeros de los que salen hilos de sangre.

Veo la última película de Woody Allen. Es mediocre pero nos recuerda algo importante: la vida necesita una finalidad, sin ella somos como pájaros ciegos.

Paseo por el parque del Retiro. Llueve. En la columnata que rodea el monumento a Alfonso XII se han refugiado los jóvenes y los pájaros, todos parecen contentos. El sol sale unos segundos sobre el lago y vuelve a desaparecer.

Tengo que hacer mil cosas en casa. Es bonito tener la capacidad para complicarte la vida.

Llueve fuerte. Cojo el Metro. Por la puerta de un ascensor sale agua y forma un charco. La gente hace fotos. Abajo, entre los dos raíles de la vía, también corre el agua, no funcionan los desagües. La gente hace más fotos.

Mi equipo, el Deportivo de La Coruña, empata con un equipo difícil, el Athletic de Bilbao, y sigue en lo alto de la tabla.

jueves, 1 de octubre de 2015

Horario de invierno

1 de octubre.
Comienza en la oficina el horario de invierno.

Ya no saldré a las 14:30
sino a las 15:00.
Ya no cogeré el autobús de las 14:38,
ya no volveré a coincidir con las dos hermanas
jóvenes,
rubias,
delgadas,
adictas al móvil
con las que me gustaba coincidir,
que llenaban de ansiedad
mi tiempo de espera.

jueves, 23 de julio de 2015

Julio

Todos se van yendo de vacaciones. Me voy quedando solo.

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Vejez del blog: encontrar más placer en comentar los blogs ajenos que en publicar posts en el tuyo.

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La vida siempre sigue.
Talaron los altos árboles frente a mi ventana
pero de sus restos han salido ramas nuevas que ya me llegan a la rodilla.

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Días sin lectura. Espero que en septiembre todo vuelva a ser como siempre.

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La hermosura de los cuerpos en verano, grave tentación para los que no estamos casados. Y para los casados también.

lunes, 29 de junio de 2015

Insecto, mocasines, espejos

En la noche calurosa hay un insecto posado en la pantalla de la lámpara. Le golpeo suavemente para que vuele hacia la ventana, pero sube hacia la bombilla, se apoya, se abrasa, cae suavemente hacia el vaso lleno de agua y muere ahogado.

Tiro el cadáver por la ventana y lavo el vaso durante cinco minutos, con mucho jabón.

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Me compro unos mocasines veraniegos. Los pies se me hinchan dentro. Me da miedo quitármelos durante el día, temo que luego no vuelvan a caber. A la hora de la siesta he de dormirme en el sillón, sin descalzarme.

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Quedo con una amiga. En el sitio de la cita hay una tienda de espejos pequeños: para coche, para baños, para bolsos de señora. Veo reflejada mi imagen en 12 o 15 espejos. Qué gozo para el vanidoso, qué tormento para el humilde.

lunes, 1 de junio de 2015

Miedo, monumentos, gorrión

En Misa el sacerdote explica que el pasado domingo hubo elecciones regionales y municipales; que mucha gente tiene miedo por el resultado, en concreto varios de los fieles de la parroquia se lo han dicho; que no es bueno que la gente viva con miedo; que vamos a rezar para que sigamos viviendo en paz y libertad.

Visito el Panteón de Hombres Ilustres. La Historia (una mujer hermosa) vela el cadáver del político Sagasta pero tiene telarañas en la cabeza, parece que llevara un velo de viuda.

Visito el Monumento a las Víctimas del Atentado del 11 de Marzo de 2004. Una gran membrana (en la que da el sol) copia mensajes dejados en los días siguientes a la matanza. Pero se ha roto por varios sitios y le han puesto unos remiendos horribles.

Cocino con la venta abierta, por el calor, como en una zarzuela. Un gorrión se posa en la cuerda de la ropa, se queda mirando y al poco se va. Quizá le den pena las cuatro codornices que se guisan en la olla.

jueves, 28 de mayo de 2015

Sobres, ciego, árbol

En la oficina he guardado durante años los sobres de envío múltiple que me llegaban, esos con muchas casillas en que pones el nombre del destinatario para que a su vez él lo envíe a otro. Decido dejar de almacenarlos y los voy sacando para que vuelvan a usarse. Al ver el remitente vuelven a mi vida funcionarios que ya se jubilaron o se murieron hace años.

En el autobús va un hombre totalmente ciego. Se le acercan dos niños que le recuerdan que ya llega su parada: son sus hijos. El niño le coge de la mano, la niña le lleva el bastón. Charlan de lo que los chicos han visto durante el viaje y le ayudan para que no tropiece al bajar. Siento envidia.

El Ayuntamiento ha talado los dos árboles enormes que había frente a mi ventana. Pese a vivir en un tercer piso, cuando comía solo veía sus hojas, movidas por el viento, que me hacían compañía. Ahora observo el tejado nuevo de la casa de enfrente.

jueves, 21 de mayo de 2015

Cerdo

Una mujer pasea su cerdo por mi barrio. Lleva la pequeña bolsa verde con la que los dueños de los perros recogen eso. Me quedo un poco sorprendido: me parece que el eso de un cerdo ha de ser mucho mayor que el de un perro.

lunes, 4 de mayo de 2015

Día de la madre

Primer domingo de mayo: día de la madre en España.

Paseo cerca de casa. La gitana de las flores ha traído muchísimas, para todos los presupuestos: ramos grandes de muchos colores, ramos pequeños de un solo color, rosas sueltas, claveles sueltos, ramos de margaritas pobres. ¡Ninguna madre sin flores, por muy mal que vaya tu economía!

Veo que llega el coche de la policía municipal, frena en seco y se baja el copiloto con paso pesado. Siento compasión por la gitana y por las madres del barrio que se van a quedar sin flores: seguro que la gitana no tiene licencia de venta, incluso es posible que el policía le incaute la mercancía. Pero él empieza a señalar ramos de distintos colores, la gitana se los enseña mientas habla y habla, y cuando paso al lado ella le dice: "no te preocupes, guapo, yo te guardo éste pá cuando acabes la ronda". Él asiente feliz, con el billete de 20 € en la mano.

Los policías municipales también tienen madre.

jueves, 9 de abril de 2015

Arbolito

Ya os conté mi pena cuando el Ayuntamiento taló los árboles de mi calle.

Hace poco ha plantado unos nuevos, bajos, poco más altos que yo, delgados. Ahora, con la primavera, les han salido sus primeras hojitas. Ya les he cogido cariño.

La vida siempre sigue adelante, pese a todo.

martes, 31 de marzo de 2015

Tarjeta, regalo

Pierdo la tarjeta de la que os hablé.

Pido una nueva, con 0 €, y recuerdo -una vez más- él consejo de Kipling:

"Si vuelves al comienzo de la obra perdida
aunque esta obra sea la de toda tu vida".

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Voy al cine.

Hay dos puestos de venta de entradas.

La pareja delante mía, muy simpática, se vuelven y me dan un papelito: es un descuento para la entrada, ellos tienen otro y no lo van a usar, me lo regalan. "Gracias", les digo. Pero pienso rápido: un gentleman no acepta regalos de desconocidos, un gentleman no pide rebajas en el cine. Pido  a Dios que compren su entrada rápido y se vayan, pero no puede ser, ahí siguen y él me mira. Compro la entrada sin descuento. Noto que él me mira con odio. Me voy, aún queda un rato para la película.

"¿Por qué tengo que ser como soy?", me digo paseando, "¿cómo voy a acabar?".

Miro por curiosidad el descuento: el plazo para usarlo acabó dos días antes de estos hechos.

martes, 24 de marzo de 2015

Tarjeta

Es importante tener objetivos que den sentido a tu vida.

En el supermercado me hicieron una tarjeta con mi nombre. Cada vez que compro, la cajera la pasa por una ranura y me suma el 1% del gasto. En realidad, gano un poco menos: si gasto 12,54 € me suman 0,12 € (12 céntimos), el resto se pierde. En el futuro podré descontar ese dinero de una compra.

Cuando tenga ahorrados 10 € me llevaré una caja azul de bombones Lindt. Por supuesto, cualquier día podría comprármela, pero me hace ilusión que me la regale el supermercado. No me basta con gastar 1.000 € por la pérdida de centésimas y milésimas que he explicado en el párrafo anterior. No soy capaz de calcular cuántos meses tardaré en lograr esa gran cuantía: mi compra media suele ser de unos 8 o 9 €, pero no voy todos los días a la compra.

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El otro día iba un chico guapo delante mío. Era evidente que a la cajera -madura- le gustaba. "Si quieres te veo el saldo", le dijo. "Hace mucho que no lo veo", respondió él. "Pues ésta es la ocasión". Tenía ¡37 € ahorrados! El chico guapo sonrió pero no lo dio gran importancia: se ve que tenía otros objetivos en la vida, más elevados que las cajas de bombones Lindt.

viernes, 20 de marzo de 2015

Vie en rose

¿Viste esas escenas de película en que dejan de ocurrir cosas, suena la música y la cámara va barriendo las calles de Nueva York o de París?

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Cojo el autobús para un trayecto corto. Conduce un conductor gordo que saluda amable. Le gusta la buena música: lleva la radio muy alta y salen -sucesivamente- el Va pensiero de Nabuco y La vie en rose. Me siento, observo por la ventana. En una peluquería de animales una chica corta el pelo a un perro muy dócil. En un banco una señora saca dinero del cajero automático y tapa con el brazo la escena para que nadie vea lo que teclea. Tres adolescentes de falda escolar cortísima ríen alocadamente. Fuera de un bar, con las copas sobre un tonel, tres hombres hablan con pasión, supongo que de fútbol. Un matrimonio de viejos muy viejos caminan juntos, despacio, agarrados del brazo.

Estuve tentado de seguir más allá de mi parada, pero me bajé.

Quand il me prend dans ses bras
Il me parle tout bas,
Je vois la vie en rose.

viernes, 13 de marzo de 2015

Blogs, niñez

Paseo por nuevos blogs. Algunos tienen posts inmensos, de 10 o 15 párrafos largos. Siento que a veces estamos muy solos.

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Qué absurdo eso de creer que el pelo largo te hace más joven. Al final comprendo mi error y voy a la peluquería.

Como siempre, voy a la peluquería de mi niñez, en el barrio de Argüelles. El dueño es el hijo del peluquero de entonces. Hablamos de política. Luego paseo por los mismos sitios en que estuve de niño y de joven. Es algo impresionante para ante una tienda o ante un portal y pensar "acá, exactamente acá, estuve hace cuarenta y cinco años, con mi padre". Todo son recuerdos: en esa casa vivían los hare-krisna; allá hubo un desalojo por una (falsa) amenaza de bomba, todos los vecinos en bata; en esa tienda estaba la papelería elegante donde compraba mi abuela; ahí discutía con mis compañeros del colegio sobre religión.

Me imagino a mí mismo, de niño, pensando cómo sería mi vida a los cuarenta y nueve años. Doy gracias a Dios: mi vida es mucho mejor de lo que yo -niño pesimista, joven pesimista- imaginé. Hasta soy feliz, pese a todo.   

miércoles, 4 de marzo de 2015

Medinaceli

Quedan tres días para el primer viernes de marzo. Miles de devotos harán cola durante horas para besar el pie de Jesús de Medinaceli.

Al atardecer del martes (ayer) voy por la zona. Ya ha empezado la fila, no junto a la iglesia (pues molestaría a las tiendas vecinas a la basílica) sino en la manzana siguiente. Las primeras señoras han hecho una tienda común de plástico, con bordes rígidos, como un invernadero, con una puertecita para entrar y salir. Dentro tienen tumbonas de playa para descansar durante el día y dormir durante la noche. Cuando paso están merendando bocadillos. Después de esta tienda hay una larga fila de sillas (dos manzanas) atadas a la pared: son los devotos que sólo pasarán aquí la última tarde y la última noche antes de que basílica abra el viernes de madrugada. En las sillas hay un cartel que indica el propietario y el número de puestos que se reservan: "Familia Lozano, 25-31". "Soledad López, 32-36". "Antonio de la Fuente, 37". Algunos reservan 20 o 25 puestos, no sé cómo van a caber. Una gorda está atando su silla al final de la cola, sostiene en la boca el cartón para poner su nombre y su reserva.

Vuelvo a pasar por la noche, tarde. No hay nadie sentado en las sillas. En la tienda de plástico sólo hay una señora, las otras habrán ido a tomar café. "Buenas noches", le digo. "Buenas noches", me responde.

Ojalá Jesús sepa valorar lo que hay de verdadera fe en todo esto.

La noche es templada, menos mal.

lunes, 2 de marzo de 2015

Pobre, almendros, frivolidad

Ya lo conté en el post de Ojo Humano: se vino a vivir un pobre a un banco de mi barrio. Un vecino bueno le regaló una tienda de campaña de la marca Quechua, muy fácil de abrir y de cerrar. Durante el día la tenía guardada en un portal abandonado, junto a sus bolsas.

La tienda ha desaparecido, imagino que alguien se la robaría.

El sábado pasé junto a su banco a las 12 de la mañana. La imagen terrorífica era ésta: su saco de dormir completamente cerrado, como una mortaja, y de un extremo salían sus pelos sucios.

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Voy a ver  los almendros recién floridos del Parque del Retiro. Hubo viento y muchas hojitas blancas habían caído al suelo. La gente hacía fotos ridículas, posando como japoneses.

Los almendros que ya no podré visitar son los que había frente al Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente. Durante el invierno los talaron para asfaltar la salida de coches oficiales. Es chistoso que esto lo hiciera -precisamente- el ministerio encargado de cuidar la agricultura y el medio ambiente.

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La frivolidad de escribir sobre el pobre de mi barrio y los almendros del Retiro
mientras secuestran cristianos en Siria,
mientras matan manifestantes en Venezuela,
mientras secuestran niñas en Nigeria,
mientras se matan en Ucrania.

viernes, 20 de febrero de 2015

Navidad

Cerca de mi casa hay un balcón con las luces de Navidad: rojas, amarillas, verdes, azules. "O tiene alzhéimer, o es -como yo- un conservador, o es el mayor snob de Madrid".

viernes, 16 de enero de 2015

Policía

Me han robado dinero. Han usado el número de mi tarjeta para sacar dinero desde un país lejano. Gracias a Dios y a la eficacia de mi banco, saltó la alarma y se bloqueó la tarjeta. Si no ahora estaría arruinado.

En el banco me indican que de he poner una denuncia para recuperar el dinero. Gracias a Dios (nuevamente) es la primera vez en mi vida que he de hacer algo así.

Voy a una comisaría de la Policía Nacional en un barrio pobre que me pilla de paso. El primer día la cosa no empieza bien: el policía de la puerta no me deja entrar porque me falta un sello del banco. Paciencia.

El segundo día no hay problemas. Paso sin tener que cruzar el detector de metales, debieron verme aspecto respetable. El edifico es antiguo y limpio. Hay una sala de espera como en el médico, una puerta ostentosamente abierta te permite ver el baño, por si vas nervioso. Varios carteles te advierten de tu responsabilidad si pones una denuncia falsa. Y si te ha desaparecido el coche te animan a que antes compruebes si se lo ha llevado la grúa municipal. Todos los policías (ellos y ellas) son jóvenes y llevan en el uniforme grandes hombreras, como si tuvieran un chaleco anti-balas.

Me hacen pasar muy pronto. La sala de denuncias es larga, dividida en tres compartimentos, me entero de los casos de los otros dos denunciantes (han entrado en el local de uno; la ex esposa del otro no le ha entregado al hijo en el turno de visitas). ¿Qué pasaría si fuéramos a denunciar casos siniestros?

Me atiende un policía joven que escribe asombrosamente rápido. Al principio me mira con sospecha pero luego se convence y me da consejos para evitar estas situaciones. La policía que recoge la denuncia del padre frustrado pasa por ahí y también da su opinión. Al acabar el atestado lo imprime y me lo pasa para que le lea y firme. Soy "el dicente", qué bonito, suena a Quevedo. Al final no sé si he de dar la mano al agente: como no me la tiende me limito a decir "adiós y gracias".

Fuera hace mucho frío.