El martes, festividad de la Exaltación de la Cruz, fui a Misa a la parroquia. En la homilía el párroco explicó que, antes del ofertorio, iba a dar la Extremaunción a un feligrés que dos días después [es decir, hoy jueves] iba a someterse a una operación muy delicada. Así fue, el ungido era un señor no muy mayor, de unos 70 años, delgado, acompañado de su esposa; el celebrante le impuso las manos y le ungió con óleo.
A la salida las señoras le besaban y le deseaban suerte.
Ayer, miércoles, pasé las horas con este hombre muy presente. ¿Cómo se vive cuando sabes que quizá al día siguiente vas a morir en el quirófano?
Amaneció gris, debe ser triste que el que quizá sea tu último día no amanezca lleno de luz, o a lo mejor es al revés, agradeces un tono acorde con tu ánimo. Horas después aclaró e hizo calor, y al anochecer volvió a cubrirse el cielo, ¿viviría él esto como sucesivos mensajes de Dios sobre sus posibilidades de éxito?
En la oficina pensé ¿a qué dedica uno las horas en su posible último día? Se me ocurrió que yo, si conservara el ánimo y tuviera la maleta hecha, pasaría varias horas en el Museo del Prado, en el Jardín Botánico y en el Parque del Retiro, donde tantas horas he sido feliz. Desde luego, evitaría quedarme en casa llamando a todos mis conocidos, como quien se va de viaje a Australia.
Quizá por la tarde fue a Misa; de haber leído la biografía del Cura de Ars, podría decir aquella frase que me impresionó, "Es triste comulgar por última vez", en la hipótesis de que las cosas no fueran bien.
En fin, si le gusta el fútbol tuvo mucha suerte: retransmitieron el Real Madrid-Ajax, parece ser que fue un gran partido; el Madrid ganó 2-0. A lo mejor lo vio como un buen augurio.
Por la noche me costó dormirme.
Hoy el cielo ha amanecido cubierto, y al poco ha empezado a llover.
jueves, 16 de septiembre de 2010
domingo, 12 de septiembre de 2010
En Madrid
Va llegando el otoño: cada vez es más difícil encontrar higos en las fruterías.
Abro mi viejo mapa de Madrid y se rasga en dos, como el velo del templo. Casualmente, la parte norte de la ciudad queda en mi mano derecha y la sur en la izquierda.
Comprendo que mi vida necesita un nuevo afán cultural, un nuevo esfuerzo intelectual: me compro Tintín en el Tíbet.
Alguna noche me duermo con la ventana abierta y al despertar me la encuentro cerrada.
Voy a la frutería mala del barrio, regentada por árabes. Sobre la cabeza empañolada de la cajera admiro, como siempre, la colección de billetes del mundo, clavados en un tablón. Ahí están Ché Guevara, Sadam Hussein, Isabel II joven, Isabel II vieja, Gandhi, Mao y hasta el Hernán Cortés del último billete de 1.000 pesetas, antes del euro.
Abro mi viejo mapa de Madrid y se rasga en dos, como el velo del templo. Casualmente, la parte norte de la ciudad queda en mi mano derecha y la sur en la izquierda.
Comprendo que mi vida necesita un nuevo afán cultural, un nuevo esfuerzo intelectual: me compro Tintín en el Tíbet.
Alguna noche me duermo con la ventana abierta y al despertar me la encuentro cerrada.
Voy a la frutería mala del barrio, regentada por árabes. Sobre la cabeza empañolada de la cajera admiro, como siempre, la colección de billetes del mundo, clavados en un tablón. Ahí están Ché Guevara, Sadam Hussein, Isabel II joven, Isabel II vieja, Gandhi, Mao y hasta el Hernán Cortés del último billete de 1.000 pesetas, antes del euro.
jueves, 9 de septiembre de 2010
Soberbia litúrgica
Amo la liturgia de la Misa, de nuestra Misa, la de Pablo VI, me molesta mucho que se alteren sus palabras o sus posturas, y más aún si lo hace el celebrante.
Cerca de mi casa hay un convento de frailes, a veces voy allí a Misa los días laborables. Hace unos meses vino un fraile nuevo, más joven que los otros. El primer día que le tocó celebrar iba todo normal, como siempre, hasta que acabó el ofertorio ("... para nuestro bien y el de toda su Santa Iglesia"). Antes de empezar la frase siguiente, la "epiclesis", que varía cada día, dijo "De pie". ¿Cómo de pie? ¿Qué significaba aquello? En Madrid, en España, esa frase siempre ha sido oída por los fieles sentados, sólo al decir a continuación "El Señor esté con vosotros" "Y con tu espíritu" "Levantemos el corazón" "Lo tenemos levantado hacia el Señor" es cuando nos ponemos de pie, de tal forma que al mismo tiempo elevamos nuestros dos corazones, el espiritual y el físico. Entonces ¿por qué lo dijo antes, en la oración anterior? Hubo un momento de incertidumbre, de duda, la mitad de los presentes se puso de pie. El siguiente día que celebró la Misa se volvió a repetir la escena, "De pie", todos se pusieron de pie menos un señor mayor y yo; al siguiente nos levantamos todos.
Quedé furioso, ¿por qué variaba nuestra liturgia, por qué si desde niños hemos estado sentados en ese momento ahora hemos de ponernos de pie? Tomé una decisión loca, soberbia, no volver a la Misa diaria en el convento, ir a la parroquia o a iglesias del centro de Madrid. Lo cierto es que algunos días dejé de ir a Misa por esta decisión, pues el horario del convento es el que más me conviene.
Llegó agosto, llegaron las vacaciones, vi a un amigo muy entendido en estas materias de Iglesia, se lo comenté y él me dijo que el fraile joven tenía razón: la liturgia oficial exige levantarse ya en ese momento, lo que es lógico porque empieza ya el rito que nos lleva a la consagración y a la comunión. Me recomendó ir a alguna iglesia de Madrid donde se cuide mucho la liturgia para ver cómo actuaban los fieles. Fui al Oratorio del Caballero de Gracia, del Opus Dei, y vi que era cierto, que todos los fieles se levantaban en ese momento, nada más acabar el ofertorio, sin que el celebrante tuviera que decirles nada.
También leí, en ese mes, la homilía de Benedicto XVI el día de Pentecostés, donde decía lo siguiente:
"Cuando una persona o una comunidad se cierra en su modo de pensar y de actuar es signo de que se ha alejado del Espíritu Santo. El camino de los cristianos y de las Iglesias particulares siempre debe confrontarse con el de la Iglesia una y católica y armonizarse con él"
Llegó septiembre, el tiempo en que todo vuelve a comenzar, me arrepentí de mi soberbia y volví a la Misa del convento de los frailes, dispuesto a obedecer.
El primer día que dijo Misa el fraile joven, tras acabar el ofertorio no dio ninguna indicación, pasó directamente a leer la oración del misal y todos nos quedamos sentados hasta "El Señor esté con vosotros".
Cerca de mi casa hay un convento de frailes, a veces voy allí a Misa los días laborables. Hace unos meses vino un fraile nuevo, más joven que los otros. El primer día que le tocó celebrar iba todo normal, como siempre, hasta que acabó el ofertorio ("... para nuestro bien y el de toda su Santa Iglesia"). Antes de empezar la frase siguiente, la "epiclesis", que varía cada día, dijo "De pie". ¿Cómo de pie? ¿Qué significaba aquello? En Madrid, en España, esa frase siempre ha sido oída por los fieles sentados, sólo al decir a continuación "El Señor esté con vosotros" "Y con tu espíritu" "Levantemos el corazón" "Lo tenemos levantado hacia el Señor" es cuando nos ponemos de pie, de tal forma que al mismo tiempo elevamos nuestros dos corazones, el espiritual y el físico. Entonces ¿por qué lo dijo antes, en la oración anterior? Hubo un momento de incertidumbre, de duda, la mitad de los presentes se puso de pie. El siguiente día que celebró la Misa se volvió a repetir la escena, "De pie", todos se pusieron de pie menos un señor mayor y yo; al siguiente nos levantamos todos.
Quedé furioso, ¿por qué variaba nuestra liturgia, por qué si desde niños hemos estado sentados en ese momento ahora hemos de ponernos de pie? Tomé una decisión loca, soberbia, no volver a la Misa diaria en el convento, ir a la parroquia o a iglesias del centro de Madrid. Lo cierto es que algunos días dejé de ir a Misa por esta decisión, pues el horario del convento es el que más me conviene.
Llegó agosto, llegaron las vacaciones, vi a un amigo muy entendido en estas materias de Iglesia, se lo comenté y él me dijo que el fraile joven tenía razón: la liturgia oficial exige levantarse ya en ese momento, lo que es lógico porque empieza ya el rito que nos lleva a la consagración y a la comunión. Me recomendó ir a alguna iglesia de Madrid donde se cuide mucho la liturgia para ver cómo actuaban los fieles. Fui al Oratorio del Caballero de Gracia, del Opus Dei, y vi que era cierto, que todos los fieles se levantaban en ese momento, nada más acabar el ofertorio, sin que el celebrante tuviera que decirles nada.
También leí, en ese mes, la homilía de Benedicto XVI el día de Pentecostés, donde decía lo siguiente:
"Cuando una persona o una comunidad se cierra en su modo de pensar y de actuar es signo de que se ha alejado del Espíritu Santo. El camino de los cristianos y de las Iglesias particulares siempre debe confrontarse con el de la Iglesia una y católica y armonizarse con él"
Llegó septiembre, el tiempo en que todo vuelve a comenzar, me arrepentí de mi soberbia y volví a la Misa del convento de los frailes, dispuesto a obedecer.
El primer día que dijo Misa el fraile joven, tras acabar el ofertorio no dio ninguna indicación, pasó directamente a leer la oración del misal y todos nos quedamos sentados hasta "El Señor esté con vosotros".
lunes, 6 de septiembre de 2010
Recordatorio venezolano
No te olvides de rezar por Venezuela, donde el próximo domingo 26 hay elecciones legislativas. En las anteriores, en 2005, la oposición entendió que no había suficientes garantías y no se presentó, por lo que todos los diputados electos fueron chavistas.
Hay que rezar por ellos: en estas elecciones se juega el futuro del país, su ser democracia o dictadura. Esta frase puede parecer tópica, pero en el momento actual de Venezuela es cierta.
Ya de paso, no te olvides de rezar por los mineros chilenos.
Hay que rezar por ellos: en estas elecciones se juega el futuro del país, su ser democracia o dictadura. Esta frase puede parecer tópica, pero en el momento actual de Venezuela es cierta.
Ya de paso, no te olvides de rezar por los mineros chilenos.
sábado, 4 de septiembre de 2010
El candidato
Intento escribir poco en este blog de política española y menos aún de la de mi región, la Comunidad de Madrid. Sin embargo, está ocurriendo ahora algo entre nosotros que creo que es interesante.
Tras el último desastre electoral, los socialistas madrileños se reunieron y eligieron un nuevo jefe: un hombre joven, alcalde de un pueblo grande y pobre de la Comunidad. Poco después decidieron que, además, fuera su candidato a las elecciones regionales de la Comunidad, que se celebrarán en mayo del año 2011. Este señor dimitió de alcalde, se puso a redactar su programa y a visitar los pueblos de la provincia y los barrios de la capital. Pese a ello, hasta hace poco nadie le conocía por acá.
En esto llega el presidente Zapatero y tiene una ocurrencia. Hemos tardado en saberlo, pero ahora lo sabemos: la política del gobierno español, en estos seis últimos años, se ha basado en ocurrencias. Zapatero veía que la gente estaba descontenta por el nivel de vida, tenía la ocurrencia de regalar 400 € a cada español todos los años, y lo soltaba por sorpresa. Zapatero veía que tener un hijo nuevo es caro, tenía la ocurrencia de dar 2.500 € por cada nuevo bebé, lo anunciaba y ya está. Sin estudios previos sobre viabilidad económica, sin consultarlo con el ministro del ramo, nada, todo ocurrencias que ahora hay que ir retirando poco a poco.
Así pues, en este caso Zapatero tiene una ocurrencia: que el candidato a la Comunidad de Madrid no sea el alcalde (ya ex-alcalde, como sabemos) sino su ministra de Sanidad, una mujer rubia y simpática que en 2003 intentó ser alcaldesa de Madrid capital y perdió a lo grande.
Zapatero llama al ex-alcalde, le comunica la buena nueva y le sugiere que se retire de la carrera. Para su asombro, el otro le dice que no, que él quiere ser el candidato, y que si la ministra quiere serlo tendrá que haber unas primarias, una votación interna entre todos los afiliados socialistas de Madrid. ¡Imagínate la cara de Zapatero! Es como si tú llamas a tu mayordomo, le mandas a comprar tabaco y él te dice que no le da la gana ir, que vayas tú.
Así pues, habrá primarias. Ambos han empezado ya su campaña interna. La ministra dice cosas muy profundas, tipo "yo debo ser la candidata porque tengo muchas ganas de ganar" o "yo debo ser la candidata porque a mí me cae muy bien la gente". El otro, el ex-alcalde, un economista nacido en Holanda, suelta unos rollos pesadísimos, que nadie puede aguantar.
¿Dónde está el interés de la pelea? En dos cosas: en que por primera vez un socialista tiene la misma reacción que ya tenemos muchos no socialistas, "¡basta de ocurrencias, basta de cambios de rumbo, hace falta un trabajo político serio, hacen falta decisiones serias!"; y, segundo, que lo que va a haber aquí no es una simple votación entre el ex-alcalde y la ministra, ni siquiera entre el ex-alcalde y Zapatero, sino un referéndum, Zapatero sí, Zapatero no.
Ojalá gane el ex-alcalde.
Tras el último desastre electoral, los socialistas madrileños se reunieron y eligieron un nuevo jefe: un hombre joven, alcalde de un pueblo grande y pobre de la Comunidad. Poco después decidieron que, además, fuera su candidato a las elecciones regionales de la Comunidad, que se celebrarán en mayo del año 2011. Este señor dimitió de alcalde, se puso a redactar su programa y a visitar los pueblos de la provincia y los barrios de la capital. Pese a ello, hasta hace poco nadie le conocía por acá.
En esto llega el presidente Zapatero y tiene una ocurrencia. Hemos tardado en saberlo, pero ahora lo sabemos: la política del gobierno español, en estos seis últimos años, se ha basado en ocurrencias. Zapatero veía que la gente estaba descontenta por el nivel de vida, tenía la ocurrencia de regalar 400 € a cada español todos los años, y lo soltaba por sorpresa. Zapatero veía que tener un hijo nuevo es caro, tenía la ocurrencia de dar 2.500 € por cada nuevo bebé, lo anunciaba y ya está. Sin estudios previos sobre viabilidad económica, sin consultarlo con el ministro del ramo, nada, todo ocurrencias que ahora hay que ir retirando poco a poco.
Así pues, en este caso Zapatero tiene una ocurrencia: que el candidato a la Comunidad de Madrid no sea el alcalde (ya ex-alcalde, como sabemos) sino su ministra de Sanidad, una mujer rubia y simpática que en 2003 intentó ser alcaldesa de Madrid capital y perdió a lo grande.
Zapatero llama al ex-alcalde, le comunica la buena nueva y le sugiere que se retire de la carrera. Para su asombro, el otro le dice que no, que él quiere ser el candidato, y que si la ministra quiere serlo tendrá que haber unas primarias, una votación interna entre todos los afiliados socialistas de Madrid. ¡Imagínate la cara de Zapatero! Es como si tú llamas a tu mayordomo, le mandas a comprar tabaco y él te dice que no le da la gana ir, que vayas tú.
Así pues, habrá primarias. Ambos han empezado ya su campaña interna. La ministra dice cosas muy profundas, tipo "yo debo ser la candidata porque tengo muchas ganas de ganar" o "yo debo ser la candidata porque a mí me cae muy bien la gente". El otro, el ex-alcalde, un economista nacido en Holanda, suelta unos rollos pesadísimos, que nadie puede aguantar.
¿Dónde está el interés de la pelea? En dos cosas: en que por primera vez un socialista tiene la misma reacción que ya tenemos muchos no socialistas, "¡basta de ocurrencias, basta de cambios de rumbo, hace falta un trabajo político serio, hacen falta decisiones serias!"; y, segundo, que lo que va a haber aquí no es una simple votación entre el ex-alcalde y la ministra, ni siquiera entre el ex-alcalde y Zapatero, sino un referéndum, Zapatero sí, Zapatero no.
Ojalá gane el ex-alcalde.
jueves, 2 de septiembre de 2010
Septiembre,
amanecer del nuevo año,
pizarra recién lavada,
disparo de salida (¡pum!),
barca que llega -una vez más- a la playa,
olvido,
amnistía,
libertad,
voluntad,
otra vez la infancia,
otra vez el primer escalón,
otra vez una oportunidad,
otra vez septiembre,
todavía septiembre.
pizarra recién lavada,
disparo de salida (¡pum!),
barca que llega -una vez más- a la playa,
olvido,
amnistía,
libertad,
voluntad,
otra vez la infancia,
otra vez el primer escalón,
otra vez una oportunidad,
otra vez septiembre,
todavía septiembre.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
¡Empieza la Liga!
O, mejor dicho, las dos Ligas: la del Real Madrid y el Barcelona, por un lado, y la de los demás, por otro.
El domingo el Barcelona comenzó cumpliendo, como siempre: arrolló al Racing con sendos goles de Leo Messi, Iniesta (el del gol en la final con Holanda) y el recién comprado Villa. Lo esperado.
El Real Madrid hizo un partido malísimo, según el locutor de la radio cada uno iba a lo suyo, no había planteamiento ni estrategia. El resultado final fue un triste 0-0. El nuevo entrenador, el portugués Jose Mourinho, tuvo la humildad de reconocer que el juego fue malo y que hay mucho que corregir.
Durante la retransmisión me acordé de tres hombres que se fueron al acabar la temporada pasada sin los honores que se merecían: Raúl (exiliado a Alemania), Guti (a Turquía) y Manuel Pellegrini. Estoy seguro de que ninguno de los tres tuvo la mezquindad de alegrarse por este flojo comienzo de su antiguo equipo.
El mío, el Deportivo de La Coruña, acabó arruinado en la pasada Liga y tuvo que vender a su mejor jugador, Luis Filipe. Durante el verano se han hecho algunas compras menores que, según el entrenador Lotina, iban a suplir la marcha del brasileño, pero por ahora esto no ha sido así: el domingo tuvo un triste 0-0 con el Zaragoza, un equipo que estuvo a punto de bajar a Segunda la pasada temporada.
Empieza a oler a otoño.
El domingo el Barcelona comenzó cumpliendo, como siempre: arrolló al Racing con sendos goles de Leo Messi, Iniesta (el del gol en la final con Holanda) y el recién comprado Villa. Lo esperado.
El Real Madrid hizo un partido malísimo, según el locutor de la radio cada uno iba a lo suyo, no había planteamiento ni estrategia. El resultado final fue un triste 0-0. El nuevo entrenador, el portugués Jose Mourinho, tuvo la humildad de reconocer que el juego fue malo y que hay mucho que corregir.
Durante la retransmisión me acordé de tres hombres que se fueron al acabar la temporada pasada sin los honores que se merecían: Raúl (exiliado a Alemania), Guti (a Turquía) y Manuel Pellegrini. Estoy seguro de que ninguno de los tres tuvo la mezquindad de alegrarse por este flojo comienzo de su antiguo equipo.
El mío, el Deportivo de La Coruña, acabó arruinado en la pasada Liga y tuvo que vender a su mejor jugador, Luis Filipe. Durante el verano se han hecho algunas compras menores que, según el entrenador Lotina, iban a suplir la marcha del brasileño, pero por ahora esto no ha sido así: el domingo tuvo un triste 0-0 con el Zaragoza, un equipo que estuvo a punto de bajar a Segunda la pasada temporada.
Empieza a oler a otoño.
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