¡¡Por fin el calor, y el sudor, y el sol, con un mes de retraso!!!
...
Familiaridad: basta hacer algo nuevo 4 o 5 veces para que, rápidamente, crees relaciones de familiaridad con gentes, con sitios, con cosas nuevas, que te hacen la vida menos solitaria.
He de encuadernar varios trabajos, y me gusta hacerlo en una tienda que está entre mi casa y el centro de Madrid. No me viene bien ir los días laborables, así que voy los sábados por la mañana. Desde hace varios, me levanto más pronto de lo normal, cojo el mismo autobús, que va por la misma ruta. Me bajo en la misma parada, voy por la misma calle, una pequeña y estrecha calle cercana al Madrid antiguo.
Ahí, sábado tras sábado, está el taller de confección donde siempre están las mismas costureras preparándose para hacer arreglos. Poco después está el hótel con cafetería a la altura de la calle, donde todos los sábados están el mismo camarero y los mismos turistas desayunando, antes de salir a dar vueltas. Yo entro siempre en la misma cafetería, donde siempre están el mismo camarero joven (calvo) y viejo (con pelo). Ya les quiero como si viniera por aquí desde hace años, igual que quiero ya a las costureras, al camarero sudamericano del hotel, a los turistas; ellos dos tambien deben quererme a mí, pues son bien simpáticos conmigo. Después, compro el periódico en el mismo kiosko, para no aburrirme durante la encuadernación: varían los periódicos, pero no el kioskero, claro.
En la tienda de encuadernación los chicos varían, pero eso da igual: ya reconozco y quiero al reloj de agujas, al póster con los modelos de tamaños de fotos, a la fotocopiadora con monedas y al cartel de "Cuidado con los ladrones". Si cambiaran cualquier cosa de éstas el próximo sábado, sentiría que he perdido algo de toda la vida.
Cuando acabe mis encuadernaciones me dará pena, y cuando pase por ahí otro sábado por la mañana, dentro de años, recordaré con nostalgia este mes, estos trabajos, esas gentes, este post.
...
(Hoy, en la cafetería y en la tienda, había turistas que tenían la asombrosa pretensión de que les entendieran en inglés. En la cafetería han salido adelante mediante señas, y en la tienda ha aparecido una emigrante dominicana que se defendía un poco).
sábado, 7 de junio de 2008
viernes, 6 de junio de 2008
Pensequé
Copio la presentación del blog porsiacasypenseques que me ha hecho mucha gracia, por lo exacto:
"Según alguien a quien quiero mucho, las personas se dividen entre porsiacas y penseques. Los primeros, son metódicos o previsores y rara vez les pilla un imprevisto. Los segundos, suelen dar demasiadas cosas por seguras y a veces eso les lleva a meterse en muchos líos".
¿No es totalmente cierto?
"Según alguien a quien quiero mucho, las personas se dividen entre porsiacas y penseques. Los primeros, son metódicos o previsores y rara vez les pilla un imprevisto. Los segundos, suelen dar demasiadas cosas por seguras y a veces eso les lleva a meterse en muchos líos".
¿No es totalmente cierto?
Banco Central Europeo
En su reunión de ayer, el Banco Central Europeo, con sede en Francfort, Alemania, ha planteado como una opción muy probable subir los tipos de interés en su próxima reunión de julio. Esto es una noticia catastrófica, para todos en general, para España en particular, y (como digo siempre) no comprendo cómo no ha ido en las portadas de todos los periódicos.
Cuando 12 países de la Unión Europea, entre ellos España, fundieron sus monedas en una sola, el euro, también constituyeron un único banco emisor, el citado BCE; los antiguos bancos nacionales (el de España, el de Francia, ...) sobrevivieron como meros inspectores o colaboradores del nuevo Banco, que pasó a emitir la moneda y a decidir los tipos de interés a los que prestaría dinero a los bancos privados. Al ocurrir este proceso, en medio de la beatería general sobre la suerte que teníamos de lograr una única moneda, más fuerte, que pudiera hablar de tú a tú con el dólar, algunos economistas valientes hicieron notar que el juego era peligroso: no es lo mismo la economía de una región rica de Alemania o Dinamarca que la de otra pobre de España o Portugal (y esto es ahora aún mas claro, con la entrada de muchos países ex-comunistas): ¿se les podía aplicar a todos la misma política monetaria?. A lo largo de estos años se ha visto que no. España ha vivido muy bien, gracias a unos tipos de interés que probablemente eran demasiado bajos para lo que necesitábamos y merecíamos, lo que ha generado un gran crecimiento ficticio, pero también inflación y poca productividad.
Ahora ha venido la crisis, con dos fenómenos pavorosos: sube la inflación y baja el crecimiento, cuando se supone que ambas cosas son incompatibles: o ambos suben o ambos bajan, pero no la siniestra combinación actual. ¿Qué hacer, contra qué mal lucha antes? Como se sabe, la Reserva Federal de Estados Unidos ha entendido que lo primero era salvar el crecimiento, o al menos evitar la recesión, y ha metido sucesivos recortes de su tipo de interés. Esto ha motivado una subida de la inflación en Estados Unidos y no ha evitado el riesgo de recesión, pero es muy probable que de no haberlo hecho, la recesión ya estuviera allí. En este modo de actuar, pesa un antecedente histórico: la crisis de 1929, en que el país (y todo el mundo con él) se colapsó por falta de liquidez. Por ello, parece que el primer objetivo es salvar la económica y la producción, aunque sea a costa de una gran subida de la inflación.
En Europa, algunos dirigentes (sobre todo el presidente francés, Sarkozy) han pedido al Banco Central Europeo que siga el mismo camino, y que baje los tipos. Es verdad que la inflación europea está alta, más del 3%, una barbaridad para ellos; pero no es menos cierto que su producción va muy baja, cada trimestre peor. Para Sarkozy y los que le apoyan, una inyección de dinero, más barato, haría volver a crecer el PIB, y ya en el futuro se resolvería la inflación.
El anuncio de ayer, pues, del gobernador Trichet, ha sido un gran bofetón: no sólo no van a bajar los tipos, sino que probablemente suban en julio. Al BCE le preocupa sobre todo la inflación, y al hacerlo le pesa, también, otro antecedente histórico: la pavorosa inflación que hubo en Alemania tras la I Guerra Mundial, antes de que llegara Hitler, con billetes de 10.000.000.000 de marcos. Si los tipos suben, no sólo es que subirán las hipotecas de tantas familias ahogadas; también los prestamos a las empresas, con el consiguiente nuevo bajón de la actividad económica y el aumento del paro.
Cuando 12 países de la Unión Europea, entre ellos España, fundieron sus monedas en una sola, el euro, también constituyeron un único banco emisor, el citado BCE; los antiguos bancos nacionales (el de España, el de Francia, ...) sobrevivieron como meros inspectores o colaboradores del nuevo Banco, que pasó a emitir la moneda y a decidir los tipos de interés a los que prestaría dinero a los bancos privados. Al ocurrir este proceso, en medio de la beatería general sobre la suerte que teníamos de lograr una única moneda, más fuerte, que pudiera hablar de tú a tú con el dólar, algunos economistas valientes hicieron notar que el juego era peligroso: no es lo mismo la economía de una región rica de Alemania o Dinamarca que la de otra pobre de España o Portugal (y esto es ahora aún mas claro, con la entrada de muchos países ex-comunistas): ¿se les podía aplicar a todos la misma política monetaria?. A lo largo de estos años se ha visto que no. España ha vivido muy bien, gracias a unos tipos de interés que probablemente eran demasiado bajos para lo que necesitábamos y merecíamos, lo que ha generado un gran crecimiento ficticio, pero también inflación y poca productividad.
Ahora ha venido la crisis, con dos fenómenos pavorosos: sube la inflación y baja el crecimiento, cuando se supone que ambas cosas son incompatibles: o ambos suben o ambos bajan, pero no la siniestra combinación actual. ¿Qué hacer, contra qué mal lucha antes? Como se sabe, la Reserva Federal de Estados Unidos ha entendido que lo primero era salvar el crecimiento, o al menos evitar la recesión, y ha metido sucesivos recortes de su tipo de interés. Esto ha motivado una subida de la inflación en Estados Unidos y no ha evitado el riesgo de recesión, pero es muy probable que de no haberlo hecho, la recesión ya estuviera allí. En este modo de actuar, pesa un antecedente histórico: la crisis de 1929, en que el país (y todo el mundo con él) se colapsó por falta de liquidez. Por ello, parece que el primer objetivo es salvar la económica y la producción, aunque sea a costa de una gran subida de la inflación.
En Europa, algunos dirigentes (sobre todo el presidente francés, Sarkozy) han pedido al Banco Central Europeo que siga el mismo camino, y que baje los tipos. Es verdad que la inflación europea está alta, más del 3%, una barbaridad para ellos; pero no es menos cierto que su producción va muy baja, cada trimestre peor. Para Sarkozy y los que le apoyan, una inyección de dinero, más barato, haría volver a crecer el PIB, y ya en el futuro se resolvería la inflación.
El anuncio de ayer, pues, del gobernador Trichet, ha sido un gran bofetón: no sólo no van a bajar los tipos, sino que probablemente suban en julio. Al BCE le preocupa sobre todo la inflación, y al hacerlo le pesa, también, otro antecedente histórico: la pavorosa inflación que hubo en Alemania tras la I Guerra Mundial, antes de que llegara Hitler, con billetes de 10.000.000.000 de marcos. Si los tipos suben, no sólo es que subirán las hipotecas de tantas familias ahogadas; también los prestamos a las empresas, con el consiguiente nuevo bajón de la actividad económica y el aumento del paro.
miércoles, 4 de junio de 2008
Vida fácil
Es lo contrario del lema que usan algunas iglesias evangélicas aquí, en Madrid: “Vida dura”. Supongo que el mensaje es “Como tú vida es dura, ven con nosotros, que te consolaremos”.
Soy consciente de que mi vida, comparada con la de mucha gente, es una vida fácil, doy muchas gracias a Dios por ello y, de repente, me siento culpable. Funcionario en una España en caos, con un buen puesto, soltero, sin hijos, viviendo solo, con salud, puedo decir: “Mi vida es fácil”. Si reviso los problemas que me pueden surgir (éste y el otro), me da la risa, comparados con los de otras personas: decirle a un portero enfadado que no vamos a regalarle un reloj es, al parecer, mi principal drama. Mientras, a un amigo le han despedido, a otro no le admiten a sus hijos en el colegio, otra tiene un cáncer, ... (en la lejanía me viene otro gran asunto: mi vecino pone la radio alta).
Si llevo eso al plano religioso, mi vida también es fácil: la gente con la que trato es muy católica o respetuosamente agnóstica. Me atruena en la cabeza un inciso del punto 898 de Camino: “los que pelean: el Papa, los sacerdotes... los fieles...” En la parroquia, o mediante amigos, conozco a gente que está en primera línea de la batalla: la doctora que no quiere recetar pastillas abortivas, la profesora que se enfrenta a las bestias, el padre que objeta Educación para la Ciudadanía, el padre al que acusan injustamente de malos tratos, el cura en un barrio malo, ... Yo vivo cómodo, en un rincón sin problemas éticos, y me invento obligaciones minuciosas y escrúpulos para fingir que mi vida también es difícil.
Junio empieza fresco y con amenaza de lluvia. Hay que ir con paraguas y con chaqueta. ¿Cómo no va a influir eso en estos temores? La impresión de decadencia, de que el año y la primavera son peores de lo habitual, se contagia a todo: tu vida, la vida de tus conocidos, España, el mundo, ...
Soy consciente de que mi vida, comparada con la de mucha gente, es una vida fácil, doy muchas gracias a Dios por ello y, de repente, me siento culpable. Funcionario en una España en caos, con un buen puesto, soltero, sin hijos, viviendo solo, con salud, puedo decir: “Mi vida es fácil”. Si reviso los problemas que me pueden surgir (éste y el otro), me da la risa, comparados con los de otras personas: decirle a un portero enfadado que no vamos a regalarle un reloj es, al parecer, mi principal drama. Mientras, a un amigo le han despedido, a otro no le admiten a sus hijos en el colegio, otra tiene un cáncer, ... (en la lejanía me viene otro gran asunto: mi vecino pone la radio alta).
Si llevo eso al plano religioso, mi vida también es fácil: la gente con la que trato es muy católica o respetuosamente agnóstica. Me atruena en la cabeza un inciso del punto 898 de Camino: “los que pelean: el Papa, los sacerdotes... los fieles...” En la parroquia, o mediante amigos, conozco a gente que está en primera línea de la batalla: la doctora que no quiere recetar pastillas abortivas, la profesora que se enfrenta a las bestias, el padre que objeta Educación para la Ciudadanía, el padre al que acusan injustamente de malos tratos, el cura en un barrio malo, ... Yo vivo cómodo, en un rincón sin problemas éticos, y me invento obligaciones minuciosas y escrúpulos para fingir que mi vida también es difícil.
Junio empieza fresco y con amenaza de lluvia. Hay que ir con paraguas y con chaqueta. ¿Cómo no va a influir eso en estos temores? La impresión de decadencia, de que el año y la primavera son peores de lo habitual, se contagia a todo: tu vida, la vida de tus conocidos, España, el mundo, ...
lunes, 2 de junio de 2008
Cela y Borges
Tras meses de depresión lectora, no sé por qué, vuelvo a la biblioteca pública de mi barrio y saco tres libros, elegidos casi al azar: unas breves memorias de Camilo José Cela y una introducción al budismo y unos comentarios sobre la Divina Comedia, ambos de Jorge Luis Borges.
Cela y Borges. Ambos me gustaban mucho hace años, y leí un montón de libros suyos. Viendo la Introducción a los libros que he sacado, recuerdo una coincidencia curiosa: la abuela paterna de Borges y la madre de Cela eran inglesas, y ambos se educaron con institutrices de esa nacionalidad. Ambos llevaban esta ascendencia británica con mucho orgullo, les ayudo a construir cierta pose, como si fueran marcianos caídos en sus respectivos países y épocas, separados de la mediocridad que les rodeaba, como si fueran extranjeros en España o en Argentina. Creo que esta pose, que se refleja en su literatura, era de las cosas que más me atraía de ambos (aparte del hecho, evidente, de que eran grandes escritores).
A partir de ahí, las coincidencias se acaban. Borges hace una literatura a-temporal y a-local, que se escribió en la Argentina como se pudiera haber escrito en Suiza o en China (hablo de la que se ha publicado en España, sus cuentos y sus ensayos), con una actitud entre lúdica, lógica y sonámbula. Cela trata siempre temas españolísimos, pero lo hace desde la distancia, sin entrar en compasiones o en sentimientos: su primera novela importante, quizá de las mejores, La familia de Pascual Duarte, narra la siniestra historia de un tío que va degollando a su perro, a su familia y a sus vecinos, y lo cuenta con la asepsia con la que un explorador británico narraría las costumbres de un animal de la India.
A ver si me los leo enteros.
Cela y Borges. Ambos me gustaban mucho hace años, y leí un montón de libros suyos. Viendo la Introducción a los libros que he sacado, recuerdo una coincidencia curiosa: la abuela paterna de Borges y la madre de Cela eran inglesas, y ambos se educaron con institutrices de esa nacionalidad. Ambos llevaban esta ascendencia británica con mucho orgullo, les ayudo a construir cierta pose, como si fueran marcianos caídos en sus respectivos países y épocas, separados de la mediocridad que les rodeaba, como si fueran extranjeros en España o en Argentina. Creo que esta pose, que se refleja en su literatura, era de las cosas que más me atraía de ambos (aparte del hecho, evidente, de que eran grandes escritores).
A partir de ahí, las coincidencias se acaban. Borges hace una literatura a-temporal y a-local, que se escribió en la Argentina como se pudiera haber escrito en Suiza o en China (hablo de la que se ha publicado en España, sus cuentos y sus ensayos), con una actitud entre lúdica, lógica y sonámbula. Cela trata siempre temas españolísimos, pero lo hace desde la distancia, sin entrar en compasiones o en sentimientos: su primera novela importante, quizá de las mejores, La familia de Pascual Duarte, narra la siniestra historia de un tío que va degollando a su perro, a su familia y a sus vecinos, y lo cuenta con la asepsia con la que un explorador británico narraría las costumbres de un animal de la India.
A ver si me los leo enteros.
sábado, 31 de mayo de 2008
El reloj
Es curioso cómo el Espíritu Santo nos aconseja a los que somos muy indecisos.
Este año me toca ser el presidente de mi Comunidad de vecinos, en el bloque. Me llamó el administrador para proponerme que, como el portero lleva 25 años de servicio en la casa, le compremos un reloj de 300 euros con cargo a la cuenta de la comunidad de vecinos. Le dije que me lo pensaría, y me quedé muy confuso: no sé si es correcto hacerlo, no sé si a todos los vecinos les parecería bien, y como somos más de 60 puertas, es difícil consultárselo.
Esta mañana he ido al súper del barrio. De fondo ha empezado a haber una discusión, a grandes gritos. Cuando me he acercado, he visto con horror que era uno de mis vecinos, un hombre ya mayor, al que le ha molestado que la cajera pidiera a su esposa que le enseñara el bolso. "Ladrones,...", gritaba.
He comprendido bien: la posibilidad de que me montara a mí una bronca similar, en el pórtal, me anima a montar una colecta, o algo así, sin tocar el dinero común.
(Hubiera sido excesivo montaros aquí otra consulta sobre el tema, ¿no?
Este año me toca ser el presidente de mi Comunidad de vecinos, en el bloque. Me llamó el administrador para proponerme que, como el portero lleva 25 años de servicio en la casa, le compremos un reloj de 300 euros con cargo a la cuenta de la comunidad de vecinos. Le dije que me lo pensaría, y me quedé muy confuso: no sé si es correcto hacerlo, no sé si a todos los vecinos les parecería bien, y como somos más de 60 puertas, es difícil consultárselo.
Esta mañana he ido al súper del barrio. De fondo ha empezado a haber una discusión, a grandes gritos. Cuando me he acercado, he visto con horror que era uno de mis vecinos, un hombre ya mayor, al que le ha molestado que la cajera pidiera a su esposa que le enseñara el bolso. "Ladrones,...", gritaba.
He comprendido bien: la posibilidad de que me montara a mí una bronca similar, en el pórtal, me anima a montar una colecta, o algo así, sin tocar el dinero común.
(Hubiera sido excesivo montaros aquí otra consulta sobre el tema, ¿no?
viernes, 30 de mayo de 2008
De profesión: pobre
Una señora mayor, voluntaria de Cáritas de mi parroquia, me cuenta que el día del Corpus le pidieron que saliera a pedir con la hucha, por la calle, y que aceptó hacerlo. Esto me deja atónito, y paso a considerarla santa: yo, antes de hacer algo así durante una hora, preferiría estar un mes sin ir al cine ni a cenar, y meter todo el dinero que ahorrase en la huchita.
Y, si embargo, creo que es algo que me vendría bien. Ya conté que una vez una vieja sudamericana me pidió y no le dí; luego Dios me concedió la gracia de un arrepentimiento muy especial. Pero fue algo excepcional. Muchas veces, incluso llevando las monedas preparadas en el bolsillo, para que sea un acto reflejo, cuando me piden no doy, y luego no me arrepiento nada o casi nada. No hay por mi parte desprecio, sino algo mucho más torcido, que podría definir así: “No te preocupes, el trabajo del pobre es ser pobre”.
Es como cuando vas a la tienda y quieres que te atienda un dependiente, y no el otro; o como cuando vas a la carnicería, y quieres que la carne te la corte un carnicero, y no el otro. No se te ocurre pensar que el dependiente al que has ignorado se vaya triste a su casa o se ponga a llorar, quizá hasta esté contento, por tener que trabajar menos. O es, también, como cuando vas al dentista y la enfermera te limpia los dientes uno a uno, qué asco, o como cuando vas a la pescadería y el pescadero te arranca la cabeza y las vísceras (del pescado), quita las escamas, saca los ojos del pez, le arranca la piel. No piensas que estas personas se depriman por hacer eso, pues es su trabajo, lo hacen miles de veces al mes, les parecerá natural.
Igual el pobre, pienso: “Es su trabajo”.
Y, sin embargo, es posible que por muchos años que el pobre lleve de pobre, por muchos miles de veces que haya pedido limosna y le hayan ignorado, por muchas veces que ni le hayan respondido, como quien se cruza con una mosca, es posible que para él siga siendo algo humillante, pedir, recibir, no recibir; es posible, incluso, que esa noche siga estando apurado para cenar, si tú no le das tus 50 céntimos. Por eso, me hubiera venido bien que me hubieran pedido salir con la hucha: para recordar que ser pobre no puede llegar a ser, nunca, un trabajo, sino una anormalidad contraria a la dignidad humana.
(Por si fuera poco, a la señora le dieron pocas monedas).
Y, si embargo, creo que es algo que me vendría bien. Ya conté que una vez una vieja sudamericana me pidió y no le dí; luego Dios me concedió la gracia de un arrepentimiento muy especial. Pero fue algo excepcional. Muchas veces, incluso llevando las monedas preparadas en el bolsillo, para que sea un acto reflejo, cuando me piden no doy, y luego no me arrepiento nada o casi nada. No hay por mi parte desprecio, sino algo mucho más torcido, que podría definir así: “No te preocupes, el trabajo del pobre es ser pobre”.
Es como cuando vas a la tienda y quieres que te atienda un dependiente, y no el otro; o como cuando vas a la carnicería, y quieres que la carne te la corte un carnicero, y no el otro. No se te ocurre pensar que el dependiente al que has ignorado se vaya triste a su casa o se ponga a llorar, quizá hasta esté contento, por tener que trabajar menos. O es, también, como cuando vas al dentista y la enfermera te limpia los dientes uno a uno, qué asco, o como cuando vas a la pescadería y el pescadero te arranca la cabeza y las vísceras (del pescado), quita las escamas, saca los ojos del pez, le arranca la piel. No piensas que estas personas se depriman por hacer eso, pues es su trabajo, lo hacen miles de veces al mes, les parecerá natural.
Igual el pobre, pienso: “Es su trabajo”.
Y, sin embargo, es posible que por muchos años que el pobre lleve de pobre, por muchos miles de veces que haya pedido limosna y le hayan ignorado, por muchas veces que ni le hayan respondido, como quien se cruza con una mosca, es posible que para él siga siendo algo humillante, pedir, recibir, no recibir; es posible, incluso, que esa noche siga estando apurado para cenar, si tú no le das tus 50 céntimos. Por eso, me hubiera venido bien que me hubieran pedido salir con la hucha: para recordar que ser pobre no puede llegar a ser, nunca, un trabajo, sino una anormalidad contraria a la dignidad humana.
(Por si fuera poco, a la señora le dieron pocas monedas).
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