miércoles, 30 de junio de 2010

Memorias de un alemán (I)

Voy leyendo las memorias de un escritor alemán al que no conocía. El librito empieza en la Primera Guerra Mundial, cuando él era un niño, y acaba en los primeros años del nazismo, cuando era un adulto joven y tuvo que irse de Alemania.

Me está gustando mucho por dos cosas. Primero, porque es divertido y te hace reír, pareciera que haber vivido en aquellos años terribles fuera una suerte. Segundo, porque cuenta pequeños detalles de la vida cotidiana que ilustran los grandes acontecimientos del país (los ves) mucho mejor que diez libros de Historia.

Por ejemplo, cuenta con mucho detalle cómo se vivió la guerra en Berlín. ¡Aquello fue tan divertido! Él y sus amigos llevaban mapas y listas de soldados, de aviones, de tanques, cada vez que había un comunicado del Alto Mando hacían sus cálculos, Alemania va a ganar en tal frente, Francia en el otro, era lo más parecido a un partido de fútbol. Es verdad que pasaban hambre, pero eso no hacía más que dar mayor emoción al juego. Cuando Alemania perdió la Guerra fue una gran sorpresa para ellos: según sus cálculos, estaba a punto de ganarla. Y apunta algo muy serio: para la gente de su generación (los que tenían de 20 a 25 años en 1918) la guerra quedó como algo divertido, una forma de huir de la rutina. Por eso, cuando Hitler tomó el poder y durante meses y meses toda Europa supo que iba a haber una nueva guerra, los alemanes de su generación no lo vieron como una desgracia, sino como un acontecimiento divertido, algo que iba a volver a dar sentido a sus vidas.

Me reí también mucho cuando hablaba de la hiper-inflación: nunca supuse que un tema así fuera tan divertido. Al inicio de la República de Weimar un dólar valía, más o menos, un marco. Pronto pasó a valer 10 marcos, 100 marcos, 1.000 marcos, se acabó manejando billetes de millardos (es decir, 1.000.000.000) de marcos. Ellos tuvieron suerte: su padre era funcionario. Cuando cobraba el día 1 de cada mes su sueldo (a lo mejor, cien millones de marcos) rápidamente iban a la peluquería, al sastre, al dentista, y sobre todo al mercado, donde con una carretilla se gastaban todo en alimentos no perecederos (queso, pasta, conservas). Al acabar el día 1 de cada mes ya no les quedaba ni un marco, esperar al día 2 era perder mucho dinero: si había una emergencia (por ejemplo, la necesidad de ir al médico de pago) no había más remedio que esperar el día 1 del mes siguiente, pues se habían quedado si un solo billete.

Dice algo terrible: la desgracia de los alemanes fue que no sabían divertirse solos, no sabían construirse cada uno una vida feliz, necesitaban que el Estado se la organizara, lo que explica (entre otras cosas) el éxito de Hitler.

lunes, 28 de junio de 2010

Para

-Para, para ya, tío, tan malo es publicar poco como publicar demasiado, no canses al lector, no le hartes, tiene que haber un ritmo, como en la respiración, no todos los días pueden ser de flan.

-Es que la inspiración ...

-Ni inspiración ni nada, los posts han de tener un tiempo, una maduración, mínimo 48 horas, quizá, no sé, si no empiezan a bajar de nivel aunque tú no te des cuenta, aunque tú no lo veas el lector sí, no le canses, el blog tiene que tener su densidad, ni más ni menos, cada uno la suya, para ya, tío.

-Es que el verano ...


(Junio y julio, el blog entra en su vejez antes de la muerte -pasajera- de las vacaciones de agosto, quedan tantas cosas que decir, tanto tiempo desaprovechado en estos meses,)

domingo, 27 de junio de 2010

Plaza de Canalejas

Han pintado uno de los edificios de la plaza de Canalejas, lo he visto hoy por primera vez. Es ésta una de las plazas más bonitas de Madrid, circular, entre la Puerta del Sol y el Congreso de los Diputados. Se hizo al inicio del siglo XX, con enormes edificios historicistas, de buen gusto, llenos de columnas, frontones, estatuas y otros recuerdos de la arquitectura clásica española.

El edifico que han pintado ahora siempre tuvo un color gris, así fue desde que yo era joven, así que pensé que era su color original, imitando piedra. Ahora lo han puesto con unos colores muy alegres, vainilla y rojo, con algunos detalles blancos y rojos oscuros. El resultado es bonito. Me quedé admirándolo: las columnas son de un color, su capitel de otro, la base en la que reposan del mismo color que el capitel, todo muy artesanal, muy cuidado, como en un pastel hortera de bodas.

Pasear por Madrid es para mí un gran placer, más puro, más espontáneo, que ir al cine o al museo. Acabo teniendo familiaridad con las calles por las que voy. Cuando hay un gran cambio, como la pintura de este edificio, es como cuando en una boda o en un bautizo ves a un familiar que se ha operado de algo visible: ya nada volverá a ser como antes, las veces en que le vas a volver a ver ya será con una nariz más grande, con menos cintura o sin bolsas en los párpados.

O de color vainilla, rojo y blanco.

viernes, 25 de junio de 2010

¡¡Lo logramos!!

¡Viva España!,

¡viva Chile!,

y ... ¡viva Honduras, que nos ha ayudado a ambos con su empate!

Chile - España / Apuesta actualizada

Querida Alemamá: ¡¡mucha suerte esta tarde!!


España parte con un mal augurio: como Chile lleva nuestro mismo uniforme (camisa roja y calzón azul) nosotros vamos a vestir unos colores extraños, azul y amarillo, o algo así. La consecuencia es que todos los carteles que llenan Madrid ("todos con la roja", "la roja va a ganar", "es la hora de la roja") se han convertido, de repente, en apoyos a Chile.

También juega en nuestra contra la estadística: TODAS las selecciones americanas (incluida Estados Unidos) han pasado a la segunda fase, mientras que la mitad de las grandes europeas han sido expulsadas.

Me gustó mucho lo que contaron en la radio de la selección chilena: que había traído, como una reliquia, una bandera nacional encontrada bajo las ruinas del reciente terremoto, rota, y que la llevaban de ciudad en ciudad. Habló uno de los jugadores, emocionado, prometiendo que iban a llegar muy lejos en el Mundial para homenajear a los muertos y para honrar a la bandera rasgada. Me conmovió.

...

Ayer la potente selección de Eslovaquia eliminó a la anterior campeona, Italia: ya no habrá final con Argentina ni con Portugal. Procedo, pues, a actualizar la lista de apuestas:

Alemania - Brasil: Juan Ignacio (racional) y Fernando.

Alemania-España: Ramón.

Argentina - España: Andy, Esperanza y la hermana Josefina.

Brasil - Chile: Alemamá.

Brasil - España: Juan Ignacio (emocional resignado).

jueves, 24 de junio de 2010

Libertades en España

Van a endurecer la Ley Anti-Tabaco.

En la radio cuentan un chiste de mucha risa:

"-Tu padre y mi padre ya se pueden casar.
-Sí, pero no podrán fumar en el banquete de bodas."

miércoles, 23 de junio de 2010

Media hora en Madrid

En la cafetería, la ludópata de la que os hablé gana de golpe un montón de monedas. Impasible, las ordena en montoncitos, junto a su copa de güisquy. El camarero se las cambia por dos billetes de 20 euros. Después vuelve a jugar.

...

De repente, la muerte.

En el carril del autobús se forma un atasco, el mío no puede llegar. Salgo de la parada para ver qué pasa. Allá abajo está parado, taponando, un furgón marrón del servicio funerario. De la casa de al lado sale un empleado, con guantes, le dice al conductor del primer autobús que espere un momento, y luego sale su compañero, empujando una camilla sobre la que va un bulto envuelto en una sábana blanca.

La imagen me acompañará todo el día. Paseo temeroso de que de los portales por los que paso salga otra camilla con su bulto.

...

A mi lado, en el autobús, se sienta un hombre mayor, usuario habitual de la línea, que es víctima de violencia de género, como se dice ahora en España. La agresora es una niña a la que él acompaña al colegio, pensaba que era su nieta hasta que un día ella le llamó "papá". Él le dice que se sienten en tal asiento y ella dice "no" y le obliga a ir a otro, peor. Él le dice que deje de jugar con la maquinita y ella responde "no me da la gana". Él le hace un comentario sobre el paisaje y ella le dice "pero qué idiota eres". Sin duda, la niña imita lo que hace su madre en casa.

Hoy el hombre va solo, ya acabó el cole. Siento simpatía por él. Me fijo, lleva sobres de pruebas médicas con el sello de la sanidad de Madrid. Espero de corazón que la enferma sea la niña, no él, que tenga ella una enfermedad pasajera que suavice su cruel carácter.