"Una voz grita: ¡abrid caminos a Yavé en el desierto,
enderezad en la estepa una calzada a vuestro Dios!,
que se alcen todos los valles
y se rebajen todos los montes y collados,
que se allanen las cuestas
y se nivelen los declives,
porque
va a mostrarse la gloria de Yavé,
y de repente le verá toda la carne,
porque ha hablado la boca de Yavé".
(Isaías 40, 3-5)
...
"Al celebrar anualmente la liturgia del Adviento, la Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda Venida" (Catecismo, pár. 524).
domingo, 29 de noviembre de 2009
viernes, 27 de noviembre de 2009
Moscosos
Dos mañanas felices de moscosos (1), libre por el centro de Madrid.
Empieza a hacer malo, llueve ligeramente.
Cola en el Gobierno Militar, la mitad son emigrantes sudamericanos en busca de trabajo. Cola en el Ministerio de Justicia, la mitad son -de nuevo- emigrantes sudamericanos en busca de papeles.
Avanza la virtud en Madrid: han cerrado un sex-shop en la Calle Mayor, han puesto una tienda de recuerdos, sevillanas bailando flamenco, paellas magnéticas y estatuas de Cibeles.
Muerte y vida: paso frente a la papelería donde encargamos los recordatorios de los difuntos de la familia, paso frente a la Catedral Militar en la que se casó uno de mis hermanos.
Por el cielo plomizo hay bandas de pájaros grandes que huyen -por fin- a África, formando como una gran cuña.
En la Catedral, solo. Un sacristán joven me mira con sospecha cada vez que nos cruzamos.
En una exposición en el Palacio real, solo: la colección de pequeños bronces que atesoraron los Reyes de España durante siglos.
Junto a la Plaza Mayor, un grupo de adolescentes, sin duda fugados del instituto, dudan si entrar en una tienda de bocadillos en cuyo escaparate pone (con letras enormes) "Bocata de calamares: 2,30 euros". Uno se asoma, pregunta "perdone, cuánto cuesta un bocata de calamares" "2,30 euros" "ah, gracias" y se van, confusos.
Manifestación ridícula de los bomberos de Madrid, en bici, con sus cascos brillantes, daban un poco de risa, tan grandes sobre sus pequeñas bicis.
Visito la librería del Círculo de Bellas Artes, recuerdo la frase de no sé quién: se publican demasiados libros.
En el Parque del Retiro, en el gran lago cuadrado, los patos aterrizan planeando, los peces rojos saltan desde lo profundo, un árabe toca cosas tristes en un acordeón. Voy a ver los pavos reales, tengo suerte y despliegan los plumajes.
Soy feliz.
..........
(1) "Moscosos": días que los funcionarios españoles podemos coger sin tener que justificar para qué los queremos y que ha degenerado en más días de vacaciones, a lo largo del año. Son, una vez más, motivo de escándalo para los empleados de la empresa privada, pero a ver quién se atreve a tocarlos. Toman su nombre del Ministro socialista que lo creó, Javier Moscoso, en torno a 1985.
Empieza a hacer malo, llueve ligeramente.
Cola en el Gobierno Militar, la mitad son emigrantes sudamericanos en busca de trabajo. Cola en el Ministerio de Justicia, la mitad son -de nuevo- emigrantes sudamericanos en busca de papeles.
Avanza la virtud en Madrid: han cerrado un sex-shop en la Calle Mayor, han puesto una tienda de recuerdos, sevillanas bailando flamenco, paellas magnéticas y estatuas de Cibeles.
Muerte y vida: paso frente a la papelería donde encargamos los recordatorios de los difuntos de la familia, paso frente a la Catedral Militar en la que se casó uno de mis hermanos.
Por el cielo plomizo hay bandas de pájaros grandes que huyen -por fin- a África, formando como una gran cuña.
En la Catedral, solo. Un sacristán joven me mira con sospecha cada vez que nos cruzamos.
En una exposición en el Palacio real, solo: la colección de pequeños bronces que atesoraron los Reyes de España durante siglos.
Junto a la Plaza Mayor, un grupo de adolescentes, sin duda fugados del instituto, dudan si entrar en una tienda de bocadillos en cuyo escaparate pone (con letras enormes) "Bocata de calamares: 2,30 euros". Uno se asoma, pregunta "perdone, cuánto cuesta un bocata de calamares" "2,30 euros" "ah, gracias" y se van, confusos.
Manifestación ridícula de los bomberos de Madrid, en bici, con sus cascos brillantes, daban un poco de risa, tan grandes sobre sus pequeñas bicis.
Visito la librería del Círculo de Bellas Artes, recuerdo la frase de no sé quién: se publican demasiados libros.
En el Parque del Retiro, en el gran lago cuadrado, los patos aterrizan planeando, los peces rojos saltan desde lo profundo, un árabe toca cosas tristes en un acordeón. Voy a ver los pavos reales, tengo suerte y despliegan los plumajes.
Soy feliz.
..........
(1) "Moscosos": días que los funcionarios españoles podemos coger sin tener que justificar para qué los queremos y que ha degenerado en más días de vacaciones, a lo largo del año. Son, una vez más, motivo de escándalo para los empleados de la empresa privada, pero a ver quién se atreve a tocarlos. Toman su nombre del Ministro socialista que lo creó, Javier Moscoso, en torno a 1985.
lunes, 23 de noviembre de 2009
Gran honor
La hermana Josefina hizo en mi post anterior un comentario que para mí es un gran honor:
"Fernando, nunca te pregunté: ¿Por qué estás tan cerca de nuestros países? ¿Anduviste por estos pagos? ¡Saludos!"
Querida hermana, no, nunca estuve por ahí, todo llegará, pero por alguna causa que no sé explicar me siento muy cómodo en los blogs de Uruguay, de Argentina, de Chile, como si yo hubiera nacido en uno de esos países y me hubiera venido a vivir a España.
Recuento los blogs que, más o menos, leo casi todos los días: hay 23, pero sólo 12 son españoles, los otros 11 son americanos: 6 argentinos, 1 chileno, 1 uruguayo (o, mejor dicho, argentino en Uruguay), 2 mexicanos y 1 venezolano.
No sé explicar esta cercanía. Quizá, si vemos la media, parece que están mejor redactados, menos perjudicados por las siniestras Leyes educativas de España; o quizá haya ahí una alegría que nosotros en España, siempre tan tensos, hemos perdido; o quizá que tratan temas más amables que los nuestros.
Sea lo que sea, doy gracias a Dios porque existan internet y los blogs, que me permiten conocer a gente que de otra forma nunca se habría cruzado en mi camino.
"Fernando, nunca te pregunté: ¿Por qué estás tan cerca de nuestros países? ¿Anduviste por estos pagos? ¡Saludos!"
Querida hermana, no, nunca estuve por ahí, todo llegará, pero por alguna causa que no sé explicar me siento muy cómodo en los blogs de Uruguay, de Argentina, de Chile, como si yo hubiera nacido en uno de esos países y me hubiera venido a vivir a España.
Recuento los blogs que, más o menos, leo casi todos los días: hay 23, pero sólo 12 son españoles, los otros 11 son americanos: 6 argentinos, 1 chileno, 1 uruguayo (o, mejor dicho, argentino en Uruguay), 2 mexicanos y 1 venezolano.
No sé explicar esta cercanía. Quizá, si vemos la media, parece que están mejor redactados, menos perjudicados por las siniestras Leyes educativas de España; o quizá haya ahí una alegría que nosotros en España, siempre tan tensos, hemos perdido; o quizá que tratan temas más amables que los nuestros.
Sea lo que sea, doy gracias a Dios porque existan internet y los blogs, que me permiten conocer a gente que de otra forma nunca se habría cruzado en mi camino.
domingo, 22 de noviembre de 2009
Postal a Alemamá
Querida Alemamá:
Como ya sabes, el Real Madrid ganó ayer al Rácing de Santander y el Barcelona empató con el Athlétic de Bilbao. La consecuencia de ello es que el Madrid pasa a estar el 1º en la Liga, cosa no vista desde el inicio de la temporada pasada, en septiembre de 2008.
Me alegré mucho por ti y por el ingeniero Pellegrini: de golpe, todo el mundo ha dejado de discutir si hay que cesarle o no. Una vez más, se cumple lo que decía el escritor Camilo José Cela: en España, el que resiste acaba ganando.
Felicidades, de verdad.
Como ya sabes, el Real Madrid ganó ayer al Rácing de Santander y el Barcelona empató con el Athlétic de Bilbao. La consecuencia de ello es que el Madrid pasa a estar el 1º en la Liga, cosa no vista desde el inicio de la temporada pasada, en septiembre de 2008.
Me alegré mucho por ti y por el ingeniero Pellegrini: de golpe, todo el mundo ha dejado de discutir si hay que cesarle o no. Una vez más, se cumple lo que decía el escritor Camilo José Cela: en España, el que resiste acaba ganando.
Felicidades, de verdad.
viernes, 20 de noviembre de 2009
Millennium (y IV) (conclusión)
No leas este post si vas a leer el libro.
Las investigaciones de los detectives-amantes evolucionan rápidamente. Ella, Lisbeth Salander, da vueltas a la lista de mujeres asesinadas violentamente por toda Suecia en los años 60 y descubre que siempre que ocurrió uno de esos hechos estuvo ahí el padre de Harriet Vanger, la desaparecida: ¡él fue el asesino en serie! ¿Pudo ser él quien también matara a su hija? No, murió un año antes, ahogado.
El periodista Mikael Blomkvist sigue investigando en las fotos antiguas que remiten a otras fotos, y así llega a un sospechoso indudable: el hermano de Harriet. Inocentemente, se presenta en su casa, en la isla. El otro -lógicamente- le pilla, le ata y le confiesa que sí, que desde que murió su padre él siguió con la costumbre de violar, matar y hacer desaparecer en el mar a una o dos mujeres por año, tres acciones que se dispone a ejecutar también con él. En esto aparece Lisbeth Salander, libera a su compañero y se lanza a perseguir al hermano sádico, que muere en un terrorífico accidente de tráfico contra un camión.
Entonces ¿qué fue de Harriet la desaparecida, si el hermano declaró a Mikael que él no la mató? Nuestros héroes proceden a pinchar -ilegalmente, of course- un teléfono de una prima de Harriet, lo que les da una pista hasta Australia. Sí, allí está Harriet Vanger, 40 años mayor, algo más gorda, no murió, sino que horrorizada por tanta violación y tanta muerte se dio a la fuga ayudada por la prima, huyó del país, cambió de identidad, se casó bien, enviudó y ahora es una rica granjera australiana.
...
¿Qué conclusión saco del libro?
Como novela de suspense, le pongo un 10. Hay una construcción perfecta de la intriga, cuando parecía que ya no había ninguna salida siempre aparece una, con un estupendo entramado de pruebas que van llevando unas a otras.
Como reflejo de la realidad contemporánea, el libro es depresivo, quizá como un buen reflejo de la sociedad sin Dios. Apenas hay auténticas relaciones de cariño, el sexo parece ser una forma de relacionarse tan normal como tomar un café, varios hombres tratan a a las mujeres como bestias, nadie parece fiarse mucho ni de la policía ni de la Ley, más bien cada uno ha de salvarse como pueda en medio de la jungla. Quizá sea este desamparo, este pesimismo, el que permita comprender -junto a lo que apuntaba en el párrafo anterior- el éxito mundial de la novela.
Las investigaciones de los detectives-amantes evolucionan rápidamente. Ella, Lisbeth Salander, da vueltas a la lista de mujeres asesinadas violentamente por toda Suecia en los años 60 y descubre que siempre que ocurrió uno de esos hechos estuvo ahí el padre de Harriet Vanger, la desaparecida: ¡él fue el asesino en serie! ¿Pudo ser él quien también matara a su hija? No, murió un año antes, ahogado.
El periodista Mikael Blomkvist sigue investigando en las fotos antiguas que remiten a otras fotos, y así llega a un sospechoso indudable: el hermano de Harriet. Inocentemente, se presenta en su casa, en la isla. El otro -lógicamente- le pilla, le ata y le confiesa que sí, que desde que murió su padre él siguió con la costumbre de violar, matar y hacer desaparecer en el mar a una o dos mujeres por año, tres acciones que se dispone a ejecutar también con él. En esto aparece Lisbeth Salander, libera a su compañero y se lanza a perseguir al hermano sádico, que muere en un terrorífico accidente de tráfico contra un camión.
Entonces ¿qué fue de Harriet la desaparecida, si el hermano declaró a Mikael que él no la mató? Nuestros héroes proceden a pinchar -ilegalmente, of course- un teléfono de una prima de Harriet, lo que les da una pista hasta Australia. Sí, allí está Harriet Vanger, 40 años mayor, algo más gorda, no murió, sino que horrorizada por tanta violación y tanta muerte se dio a la fuga ayudada por la prima, huyó del país, cambió de identidad, se casó bien, enviudó y ahora es una rica granjera australiana.
...
¿Qué conclusión saco del libro?
Como novela de suspense, le pongo un 10. Hay una construcción perfecta de la intriga, cuando parecía que ya no había ninguna salida siempre aparece una, con un estupendo entramado de pruebas que van llevando unas a otras.
Como reflejo de la realidad contemporánea, el libro es depresivo, quizá como un buen reflejo de la sociedad sin Dios. Apenas hay auténticas relaciones de cariño, el sexo parece ser una forma de relacionarse tan normal como tomar un café, varios hombres tratan a a las mujeres como bestias, nadie parece fiarse mucho ni de la policía ni de la Ley, más bien cada uno ha de salvarse como pueda en medio de la jungla. Quizá sea este desamparo, este pesimismo, el que permita comprender -junto a lo que apuntaba en el párrafo anterior- el éxito mundial de la novela.
jueves, 19 de noviembre de 2009
Millennium (III)
No leas este post si vas a leer el libro.
En el post anterior dejamos dividida la historia en dos argumentos paralelos: la detective Lisbeth Salander empezaba a investigar la corrupción de un empresario y el periodista Mikael Blomkvist hacía lo mismo con un asesinato cometido hace 40 años.
La primera de las dos historias es abandonada pronto. El libro se recrea en la vida personal de la detective Salander, crecida en una familia rota, alcohólica, ninfómana, bisexual a ratos, totalmente cerrada al aprendizaje escolar y a la vida social. Con estos antecedentes, el Estado sueco la declaró incapaz de niña, y a sus 24 años sigue sometida a un administrador de sus bienes. Le ponen uno nuevo, un abogado rico, de derechas y malvado, que la viola un par de veces. Decide no ir ni a la policía ni a los jueces, que son tan malos como el abogado, es mejor resolverlo por libre. Planea fríamente cómo matar al administrador, pero luego comprende que esto no le interesa. Le engaña, le inmoviliza, le humilla brutalmente y le mutila, tras lo cual queda satisfecha su venganza.
No estoy seguro de que esta primera historia sea ejemplarizante para la juventud sueca.
La otra es mucho más interesante. El periodista Blomkvist se muda a la islita donde, 40 años antes, sucedieron los hechos. Revisa todo el expediente y descubre dos indicios a los que nadie dio importancia en su día: una foto de la fallecida y una pequeña lista de teléfonos que hizo antes de desaparecer. Esta trama está excelentemente contada. La foto antigua remite a otra, y ésta a otra, por toda Suecia, lo que va dando nuevas pistas. En cuanto a la lista de teléfonos resulta no ser tal, sino una colección de citas del Levítico, el libro del Antiguo Testamento relativo a los castigos, relacionadas con mujeres brutalmente asesinadas. Hubo un asesino en serie de mujeres por todo el país, en la época en que Harriet Vanger desapareció, quizá también la mató a ella, pero ¿y el cadáver, que nunca apareció?
Aquí las dos historias confluyen en una. Ya hay tal cantidad de datos que el periodista Blomkvist necesita un ayudante, que va a ser -precisamente- la detective Salander, quien también se muda a la isla. No hace falta decirlo: rápidamente se hacen amantes.
Para más emoción, alguien vivo empieza a perseguirles: les deja un gato destripado en el porche de su casa y a él le intenta pegar un tiro mientras hace footing por el bosque de la isla.
En el post anterior dejamos dividida la historia en dos argumentos paralelos: la detective Lisbeth Salander empezaba a investigar la corrupción de un empresario y el periodista Mikael Blomkvist hacía lo mismo con un asesinato cometido hace 40 años.
La primera de las dos historias es abandonada pronto. El libro se recrea en la vida personal de la detective Salander, crecida en una familia rota, alcohólica, ninfómana, bisexual a ratos, totalmente cerrada al aprendizaje escolar y a la vida social. Con estos antecedentes, el Estado sueco la declaró incapaz de niña, y a sus 24 años sigue sometida a un administrador de sus bienes. Le ponen uno nuevo, un abogado rico, de derechas y malvado, que la viola un par de veces. Decide no ir ni a la policía ni a los jueces, que son tan malos como el abogado, es mejor resolverlo por libre. Planea fríamente cómo matar al administrador, pero luego comprende que esto no le interesa. Le engaña, le inmoviliza, le humilla brutalmente y le mutila, tras lo cual queda satisfecha su venganza.
No estoy seguro de que esta primera historia sea ejemplarizante para la juventud sueca.
La otra es mucho más interesante. El periodista Blomkvist se muda a la islita donde, 40 años antes, sucedieron los hechos. Revisa todo el expediente y descubre dos indicios a los que nadie dio importancia en su día: una foto de la fallecida y una pequeña lista de teléfonos que hizo antes de desaparecer. Esta trama está excelentemente contada. La foto antigua remite a otra, y ésta a otra, por toda Suecia, lo que va dando nuevas pistas. En cuanto a la lista de teléfonos resulta no ser tal, sino una colección de citas del Levítico, el libro del Antiguo Testamento relativo a los castigos, relacionadas con mujeres brutalmente asesinadas. Hubo un asesino en serie de mujeres por todo el país, en la época en que Harriet Vanger desapareció, quizá también la mató a ella, pero ¿y el cadáver, que nunca apareció?
Aquí las dos historias confluyen en una. Ya hay tal cantidad de datos que el periodista Blomkvist necesita un ayudante, que va a ser -precisamente- la detective Salander, quien también se muda a la isla. No hace falta decirlo: rápidamente se hacen amantes.
Para más emoción, alguien vivo empieza a perseguirles: les deja un gato destripado en el porche de su casa y a él le intenta pegar un tiro mientras hace footing por el bosque de la isla.
martes, 17 de noviembre de 2009
Juego monetario
Esta mañana, al pagar el café, me devolvieron 4 monedas de 1 euro: una española, una francesa, una belga, una austriaca. Las tengo aquí delante.
En la española sale el Rey Juan Carlos, en la francesa el frío hexágono francés, en la belga el Rey Alberto, en la austriaca Mozart.
Se me ocurrió un juego: si Dios me quisiera mandar un mensaje (¡o 4!) con estas monedas ¿cuál podría ser?
(Eh, no olvidemos que es un juego: Dios no nos habla así ... ¡o sí!)
En la española sale el Rey Juan Carlos, en la francesa el frío hexágono francés, en la belga el Rey Alberto, en la austriaca Mozart.
Se me ocurrió un juego: si Dios me quisiera mandar un mensaje (¡o 4!) con estas monedas ¿cuál podría ser?
(Eh, no olvidemos que es un juego: Dios no nos habla así ... ¡o sí!)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)