lunes, 23 de febrero de 2015

El poder y la gloria

Leo con pasión "El poder y la gloria", de Graham Greene (1940). Narra la historia en los años 30 del siglo XX de un sacerdote católico mexicano que huye a pie durante años porque le quiere matar la policía.

La novela tiene fallos, los personajes no están siempre bien definidos, algunas situaciones son increíbles (como cuando da una Misa secreta, con los campesinos temerosos de que llegue la policía y les mate a todos, y se pone a lanzar una gran homilía). Pero el libro me fascinó: el sacerdote sigue adelante, no acepta lo que le impone la Ley (casarse y dejar de ser cura), admite que le van a acabar matando, pero no puede abandonar su vocación. Y esto lo hace no porque sea santo o porque tenga una vida ejemplar, pues es alcohólico ("páter whisky") y ha tenido una hija a la que abandonó en su huida: cuando vuelve a cruzarse con ella la niña es como un animal. Pese a todos sus fallos siente que no tiene elección, que ha de seguir con la vida a la que está llamado.

Poco antes de ser fusilado:

"Sentía tan sólo una desilusión inmensa por tener que ir a Dios con las manos vacías, ya que no había hecho nada en absoluto. En aquel momento le parecía que hubiera sido muy fácil ser santo. No hubiera hecho falta más que un poco de dominio sobre sí mismo y un poco de valor. Se sentía como quien ha perdido la felicidad por llegar unos segundos tarde al lugar de la cita. Ahora comprendía que sólo cuenta una cosa: ser santo".

viernes, 20 de febrero de 2015

Navidad

Cerca de mi casa hay un balcón con las luces de Navidad: rojas, amarillas, verdes, azules. "O tiene alzhéimer, o es -como yo- un conservador, o es el mayor snob de Madrid".

Salvación

El post de un párrafo,
salvación de mi blog.

viernes, 6 de febrero de 2015

Libros

Mi cabeza envejece.

Saco de la biblioteca pública Bajo el volcán, de Malcolm Lowry. Hace años me gustó mucho. Narra el paseo durante la Noche de Difuntos en una ciudad mexicana del cónsul británico alcohólico, su ex-esposa y su hermano. No soy capaz de llegar a la página 100 y lo devuelvo.

Saco El factor humano, de Graham Green. Es una historia cómoda de espías ingleses, uno de ellos es un agente doble del que sospechan sus jefes. Aún no había ordenadores ni teléfonos móviles. Me engancha pronto, me quedo leyendo hasta muy tarde por las noches.

lunes, 2 de febrero de 2015

Marcha sobre Madrid

Gran manifestación en Madrid de Podemos, el partido chavista que aspira a ganar las elecciones.

Desde días antes supe que iba a ser un gran éxito: estuve visitando un pueblecito perdido en la montaña de Madrid y ahí había carteles morados redondos convocando a asistir.

De madrugada hay un vendaval que mueve las ventanas de mi casa. Qué buena metáfora.

La gente parece ir de  buen humor. Se trata de llevar algo morado: una bufanda, un sombrero, un abrigo, el pelo. Banderas de la República, de Cuba, de Venezuela, de Grecia, alguna de los gays.

El lema más coreado: "tic tac tic tac" (la cuenta atrás de Mariano Rajoy, según ellos).

Precauciones: la Policía ha vallado el perímetro del Congreso de los Diputados; la iglesia de San José está cerrada.

No puedo ver al Profeta ni a sus apóstoles: en torno al Círculo de Bellas Artes -desde donde saldrá- hay una multitud que me recuerda a la de Jesús y Zaqueo; dentro de la manifestación no va tras la pancarta, sino en medio de la multitud. Sabes que se acerca porque todo se llena de jóvenes protectores con chaleco amarillo y sabes que se ha ido porque dejas de ver chalecos.

Veo todo junto a la boca del Metro, por si hay que salir corriendo, cerca de los policías que protegen un banco. Pero no pasa nada.

Por ahora.

miércoles, 21 de enero de 2015

800

Hoy cumplo 800 posts.

Gracias por seguir ahí.

...

¿Por qué abrimos un blog?

No -necesariamente- para contar las grandes cosas de nuestra vida. Llamé a varios amigos sólo para contarles lo de mi denuncia en comisaría. "¡Fabuloso!", me contestaron. El asunto les interesó, era morboso, me pidieron muchos datos. Me dieron las gracias por contárselo.

Sí para contar las pequeñas cosas de nuestra vida, para compartirlas, para recibir opiniones. "Salí de casa y el sol rebotaba en la ventana de enfrente". "No me dolía nada y me sentí feliz". "Cociné polvorones y se hicieron sopa de polvorones". No llamas a un amigo tuyo para decirle estas cosas. No quedas con él sólo para ello. Y aunque lo hicieras te podría contestar: "¿Y qué? Eso nos pasa a todos. ¿Por qué me lo cuentas?". Pero tú quieres decírselo a alguien y que te responda, aunque sea con algo que no tenga nada que ver con el post.

Las pequeñas cosas de nuestra vida que contamos en el blog dejan de ser sólo nuestras y ya no se olvidan. Dios las ve siempre, nunca son pequeñas, pero a veces no nos basta con eso.

Y ¿por qué a veces esto deja de funcionar durante un tiempo? ¿Por qué a veces nos parece que en realidad da igual si el sol rebota o no, si nos duele algo o no, si hacemos polvorones o no?

viernes, 16 de enero de 2015

Policía

Me han robado dinero. Han usado el número de mi tarjeta para sacar dinero desde un país lejano. Gracias a Dios y a la eficacia de mi banco, saltó la alarma y se bloqueó la tarjeta. Si no ahora estaría arruinado.

En el banco me indican que de he poner una denuncia para recuperar el dinero. Gracias a Dios (nuevamente) es la primera vez en mi vida que he de hacer algo así.

Voy a una comisaría de la Policía Nacional en un barrio pobre que me pilla de paso. El primer día la cosa no empieza bien: el policía de la puerta no me deja entrar porque me falta un sello del banco. Paciencia.

El segundo día no hay problemas. Paso sin tener que cruzar el detector de metales, debieron verme aspecto respetable. El edifico es antiguo y limpio. Hay una sala de espera como en el médico, una puerta ostentosamente abierta te permite ver el baño, por si vas nervioso. Varios carteles te advierten de tu responsabilidad si pones una denuncia falsa. Y si te ha desaparecido el coche te animan a que antes compruebes si se lo ha llevado la grúa municipal. Todos los policías (ellos y ellas) son jóvenes y llevan en el uniforme grandes hombreras, como si tuvieran un chaleco anti-balas.

Me hacen pasar muy pronto. La sala de denuncias es larga, dividida en tres compartimentos, me entero de los casos de los otros dos denunciantes (han entrado en el local de uno; la ex esposa del otro no le ha entregado al hijo en el turno de visitas). ¿Qué pasaría si fuéramos a denunciar casos siniestros?

Me atiende un policía joven que escribe asombrosamente rápido. Al principio me mira con sospecha pero luego se convence y me da consejos para evitar estas situaciones. La policía que recoge la denuncia del padre frustrado pasa por ahí y también da su opinión. Al acabar el atestado lo imprime y me lo pasa para que le lea y firme. Soy "el dicente", qué bonito, suena a Quevedo. Al final no sé si he de dar la mano al agente: como no me la tiende me limito a decir "adiós y gracias".

Fuera hace mucho frío.