Mi cabeza envejece.
Saco de la biblioteca pública Bajo el volcán, de Malcolm Lowry. Hace años me gustó mucho. Narra el paseo durante la Noche de Difuntos en una ciudad mexicana del cónsul británico alcohólico, su ex-esposa y su hermano. No soy capaz de llegar a la página 100 y lo devuelvo.
Saco El factor humano, de Graham Green. Es una historia cómoda de espías ingleses, uno de ellos es un agente doble del que sospechan sus jefes. Aún no había ordenadores ni teléfonos móviles. Me engancha pronto, me quedo leyendo hasta muy tarde por las noches.
viernes, 6 de febrero de 2015
lunes, 2 de febrero de 2015
Marcha sobre Madrid
Gran manifestación en Madrid de Podemos, el partido chavista que aspira a ganar las elecciones.
Desde días antes supe que iba a ser un gran éxito: estuve visitando un pueblecito perdido en la montaña de Madrid y ahí había carteles morados redondos convocando a asistir.
De madrugada hay un vendaval que mueve las ventanas de mi casa. Qué buena metáfora.
La gente parece ir de buen humor. Se trata de llevar algo morado: una bufanda, un sombrero, un abrigo, el pelo. Banderas de la República, de Cuba, de Venezuela, de Grecia, alguna de los gays.
El lema más coreado: "tic tac tic tac" (la cuenta atrás de Mariano Rajoy, según ellos).
Precauciones: la Policía ha vallado el perímetro del Congreso de los Diputados; la iglesia de San José está cerrada.
No puedo ver al Profeta ni a sus apóstoles: en torno al Círculo de Bellas Artes -desde donde saldrá- hay una multitud que me recuerda a la de Jesús y Zaqueo; dentro de la manifestación no va tras la pancarta, sino en medio de la multitud. Sabes que se acerca porque todo se llena de jóvenes protectores con chaleco amarillo y sabes que se ha ido porque dejas de ver chalecos.
Veo todo junto a la boca del Metro, por si hay que salir corriendo, cerca de los policías que protegen un banco. Pero no pasa nada.
Por ahora.
Desde días antes supe que iba a ser un gran éxito: estuve visitando un pueblecito perdido en la montaña de Madrid y ahí había carteles morados redondos convocando a asistir.
De madrugada hay un vendaval que mueve las ventanas de mi casa. Qué buena metáfora.
La gente parece ir de buen humor. Se trata de llevar algo morado: una bufanda, un sombrero, un abrigo, el pelo. Banderas de la República, de Cuba, de Venezuela, de Grecia, alguna de los gays.
El lema más coreado: "tic tac tic tac" (la cuenta atrás de Mariano Rajoy, según ellos).
Precauciones: la Policía ha vallado el perímetro del Congreso de los Diputados; la iglesia de San José está cerrada.
No puedo ver al Profeta ni a sus apóstoles: en torno al Círculo de Bellas Artes -desde donde saldrá- hay una multitud que me recuerda a la de Jesús y Zaqueo; dentro de la manifestación no va tras la pancarta, sino en medio de la multitud. Sabes que se acerca porque todo se llena de jóvenes protectores con chaleco amarillo y sabes que se ha ido porque dejas de ver chalecos.
Veo todo junto a la boca del Metro, por si hay que salir corriendo, cerca de los policías que protegen un banco. Pero no pasa nada.
Por ahora.
miércoles, 21 de enero de 2015
800
Hoy cumplo 800 posts.
Gracias por seguir ahí.
...
¿Por qué abrimos un blog?
No -necesariamente- para contar las grandes cosas de nuestra vida. Llamé a varios amigos sólo para contarles lo de mi denuncia en comisaría. "¡Fabuloso!", me contestaron. El asunto les interesó, era morboso, me pidieron muchos datos. Me dieron las gracias por contárselo.
Sí para contar las pequeñas cosas de nuestra vida, para compartirlas, para recibir opiniones. "Salí de casa y el sol rebotaba en la ventana de enfrente". "No me dolía nada y me sentí feliz". "Cociné polvorones y se hicieron sopa de polvorones". No llamas a un amigo tuyo para decirle estas cosas. No quedas con él sólo para ello. Y aunque lo hicieras te podría contestar: "¿Y qué? Eso nos pasa a todos. ¿Por qué me lo cuentas?". Pero tú quieres decírselo a alguien y que te responda, aunque sea con algo que no tenga nada que ver con el post.
Las pequeñas cosas de nuestra vida que contamos en el blog dejan de ser sólo nuestras y ya no se olvidan. Dios las ve siempre, nunca son pequeñas, pero a veces no nos basta con eso.
Y ¿por qué a veces esto deja de funcionar durante un tiempo? ¿Por qué a veces nos parece que en realidad da igual si el sol rebota o no, si nos duele algo o no, si hacemos polvorones o no?
Gracias por seguir ahí.
...
¿Por qué abrimos un blog?
No -necesariamente- para contar las grandes cosas de nuestra vida. Llamé a varios amigos sólo para contarles lo de mi denuncia en comisaría. "¡Fabuloso!", me contestaron. El asunto les interesó, era morboso, me pidieron muchos datos. Me dieron las gracias por contárselo.
Sí para contar las pequeñas cosas de nuestra vida, para compartirlas, para recibir opiniones. "Salí de casa y el sol rebotaba en la ventana de enfrente". "No me dolía nada y me sentí feliz". "Cociné polvorones y se hicieron sopa de polvorones". No llamas a un amigo tuyo para decirle estas cosas. No quedas con él sólo para ello. Y aunque lo hicieras te podría contestar: "¿Y qué? Eso nos pasa a todos. ¿Por qué me lo cuentas?". Pero tú quieres decírselo a alguien y que te responda, aunque sea con algo que no tenga nada que ver con el post.
Las pequeñas cosas de nuestra vida que contamos en el blog dejan de ser sólo nuestras y ya no se olvidan. Dios las ve siempre, nunca son pequeñas, pero a veces no nos basta con eso.
Y ¿por qué a veces esto deja de funcionar durante un tiempo? ¿Por qué a veces nos parece que en realidad da igual si el sol rebota o no, si nos duele algo o no, si hacemos polvorones o no?
viernes, 16 de enero de 2015
Policía
Me han robado dinero. Han usado el número de mi tarjeta para sacar dinero desde un país lejano. Gracias a Dios y a la eficacia de mi banco, saltó la alarma y se bloqueó la tarjeta. Si no ahora estaría arruinado.
En el banco me indican que de he poner una denuncia para recuperar el dinero. Gracias a Dios (nuevamente) es la primera vez en mi vida que he de hacer algo así.
Voy a una comisaría de la Policía Nacional en un barrio pobre que me pilla de paso. El primer día la cosa no empieza bien: el policía de la puerta no me deja entrar porque me falta un sello del banco. Paciencia.
El segundo día no hay problemas. Paso sin tener que cruzar el detector de metales, debieron verme aspecto respetable. El edifico es antiguo y limpio. Hay una sala de espera como en el médico, una puerta ostentosamente abierta te permite ver el baño, por si vas nervioso. Varios carteles te advierten de tu responsabilidad si pones una denuncia falsa. Y si te ha desaparecido el coche te animan a que antes compruebes si se lo ha llevado la grúa municipal. Todos los policías (ellos y ellas) son jóvenes y llevan en el uniforme grandes hombreras, como si tuvieran un chaleco anti-balas.
Me hacen pasar muy pronto. La sala de denuncias es larga, dividida en tres compartimentos, me entero de los casos de los otros dos denunciantes (han entrado en el local de uno; la ex esposa del otro no le ha entregado al hijo en el turno de visitas). ¿Qué pasaría si fuéramos a denunciar casos siniestros?
Me atiende un policía joven que escribe asombrosamente rápido. Al principio me mira con sospecha pero luego se convence y me da consejos para evitar estas situaciones. La policía que recoge la denuncia del padre frustrado pasa por ahí y también da su opinión. Al acabar el atestado lo imprime y me lo pasa para que le lea y firme. Soy "el dicente", qué bonito, suena a Quevedo. Al final no sé si he de dar la mano al agente: como no me la tiende me limito a decir "adiós y gracias".
Fuera hace mucho frío.
En el banco me indican que de he poner una denuncia para recuperar el dinero. Gracias a Dios (nuevamente) es la primera vez en mi vida que he de hacer algo así.
Voy a una comisaría de la Policía Nacional en un barrio pobre que me pilla de paso. El primer día la cosa no empieza bien: el policía de la puerta no me deja entrar porque me falta un sello del banco. Paciencia.
El segundo día no hay problemas. Paso sin tener que cruzar el detector de metales, debieron verme aspecto respetable. El edifico es antiguo y limpio. Hay una sala de espera como en el médico, una puerta ostentosamente abierta te permite ver el baño, por si vas nervioso. Varios carteles te advierten de tu responsabilidad si pones una denuncia falsa. Y si te ha desaparecido el coche te animan a que antes compruebes si se lo ha llevado la grúa municipal. Todos los policías (ellos y ellas) son jóvenes y llevan en el uniforme grandes hombreras, como si tuvieran un chaleco anti-balas.
Me hacen pasar muy pronto. La sala de denuncias es larga, dividida en tres compartimentos, me entero de los casos de los otros dos denunciantes (han entrado en el local de uno; la ex esposa del otro no le ha entregado al hijo en el turno de visitas). ¿Qué pasaría si fuéramos a denunciar casos siniestros?
Me atiende un policía joven que escribe asombrosamente rápido. Al principio me mira con sospecha pero luego se convence y me da consejos para evitar estas situaciones. La policía que recoge la denuncia del padre frustrado pasa por ahí y también da su opinión. Al acabar el atestado lo imprime y me lo pasa para que le lea y firme. Soy "el dicente", qué bonito, suena a Quevedo. Al final no sé si he de dar la mano al agente: como no me la tiende me limito a decir "adiós y gracias".
Fuera hace mucho frío.
martes, 30 de diciembre de 2014
Feliz 2015
Queridos amigos:
Espero que 2015 sea un buen año para vosotros,
para vuestras familias y amigos,
para vuestras naciones.
Hasta pronto.
Espero que 2015 sea un buen año para vosotros,
para vuestras familias y amigos,
para vuestras naciones.
Hasta pronto.
martes, 23 de diciembre de 2014
Feliz Navidad
En la noche helada cojo el autobús en el barrio pobre. Sólo vamos el conductor y yo, hasta el final. Me fijo en los adornos luminosos de las casas: pocos, qué pena. Algunos son muy elaborados, una estrella o el Nacimiento hechos de bombillas sobre los que caen luces blancas como nieve, pienso que los ha hecho un electricista jubilado. Es muy generoso adornar tu fachada para que lo disfruten los desconocidos que pasan por la calle. Lamento que el autobús no lleve de fondo un villancico; quizá podría cantarlo yo. Acabo en Carlos V, las luces de las fuentes van cambiando de color como en una discoteca.
Soy tan afortunado como los que han esperado dos horas para coger el Autobús de la Navidad en la Plaza de Colón.
...
Feliz Navidad en compañía de vuestra familia y de vuestros amigos.
Soy tan afortunado como los que han esperado dos horas para coger el Autobús de la Navidad en la Plaza de Colón.
...
Feliz Navidad en compañía de vuestra familia y de vuestros amigos.
viernes, 5 de diciembre de 2014
Supermercado
Cierran mi supermercado. He ido allí durante unos 10 o 12 años, desde que cerraron el primero al que fui cuando me mudé a vivir solo.
(En realidad no lo cierran: lo trasladan 3 manzanas más abajo, lo suficiente para que ya esté demasiado lejos de mi casa.)
Intento recordar cosas que han ocurrido ahí durante estos años. Es curioso: algunos de esos hechos fueron narrados en posts (éste o éste).
Aunque dudo, decido ir la última tarde a despedirme de los armarios, de los pasillos y de las dependientas. No debí hacerlo: ya están de recogida, apenas quedan cosas, como si Madrid saliera de una guerra. Ya no hay mantequilla, arroz ni café. Han puesto unas pocas botellas de vino formando fila en el borde de la estantería, como para que no veas que el resto está vacío. El pescadero pesa los peces antes de meterlos en la nevera del traslado.
La cajera no es de las de siempre, es nueva, me da apuro decirle "ya nos veremos en el nuevo sitio" (aunque yo no vaya a ir), no tengo confianza, me limito a decir "gracias, adiós", quizá sea mejor así, si hubiera dicho "ya nos veremos en el nuevo sitio" a una de las antiguas me podría haber respondido "a mí no, estoy metida en el ERE" [despido colectivo].
(En realidad no lo cierran: lo trasladan 3 manzanas más abajo, lo suficiente para que ya esté demasiado lejos de mi casa.)
Intento recordar cosas que han ocurrido ahí durante estos años. Es curioso: algunos de esos hechos fueron narrados en posts (éste o éste).
Aunque dudo, decido ir la última tarde a despedirme de los armarios, de los pasillos y de las dependientas. No debí hacerlo: ya están de recogida, apenas quedan cosas, como si Madrid saliera de una guerra. Ya no hay mantequilla, arroz ni café. Han puesto unas pocas botellas de vino formando fila en el borde de la estantería, como para que no veas que el resto está vacío. El pescadero pesa los peces antes de meterlos en la nevera del traslado.
La cajera no es de las de siempre, es nueva, me da apuro decirle "ya nos veremos en el nuevo sitio" (aunque yo no vaya a ir), no tengo confianza, me limito a decir "gracias, adiós", quizá sea mejor así, si hubiera dicho "ya nos veremos en el nuevo sitio" a una de las antiguas me podría haber respondido "a mí no, estoy metida en el ERE" [despido colectivo].
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