Éste es el verano del sermón de la montaña.
Iba a ser el verano del músico que tocaba cerca de mi oficina. Pero la gente se cansó de verle en el mismo sitio y dejó de echarle monedas. Ahora vivo en el silencio.
Éste es el verano de la Eurocopa. España -campeona hace 4 años- empezó dando un susto al empatar con Italia, pero ayer arrasó (4-0) a Irlanda. Nos basta con empatar con Croacia para seguir adelante. Y este año nos es muy necesario hacer un papel digno.
Éste es el verano de la quiebra de España, de la ayuda europea de 100.000.000.000 euros, de la rebaja a "bono basura", de las tiendas cerradas. Pero el presidente Rajoy cogió su puro, cogió su avión y se fue a Gdansk a ver el España-Italia. Jamás se lo perdonaremos.
viernes, 15 de junio de 2012
lunes, 11 de junio de 2012
Unión
El matrimonio anciano se sentó dos bancos delante del mío, en Misa. Ella debía estar enferma, estuvo todo el rato sentada.
Poco antes de la consagración, estando él de pie, ella estornudó. Metió la mano en el bolsillo izquierdo del pantalón de él, sacó el pañuelo, lo desplegó, se sonó ruidosamente, volvió a doblar el pañuelo, lo volvió a meter en el bolsillo del marido. Él le sonrió.
Poco antes de la consagración, estando él de pie, ella estornudó. Metió la mano en el bolsillo izquierdo del pantalón de él, sacó el pañuelo, lo desplegó, se sonó ruidosamente, volvió a doblar el pañuelo, lo volvió a meter en el bolsillo del marido. Él le sonrió.
viernes, 8 de junio de 2012
Bienaventuranzas (y V)
El último capítulo ("Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia") no me gustó mucho. Habla de los profetas de Israel, de los primeros cristianos y de los creyentes rusos en la época comunista. Pero no vi clara su aplicación a nuestra vida.
...
Para mí, perseguido por causa de la justicia es el que es coherente con la fe, aunque ello le cueste (o le pueda costar) un sacrificio personal: el que riñe a su amigo por no ir a Misa, con el riesgo de que el otro no quiera volver a verle; el que en la asociación de padres del colegio pide que se mantenga el crucifijo en el aula; el que recomienda a un familiar muy enfermo que se confiese y comulgue antes de morir. Ninguna de estas cosas es fácil hoy.
Ojalá Dios me dé algún día valor para esto.
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Para mí, perseguido por causa de la justicia es el que es coherente con la fe, aunque ello le cueste (o le pueda costar) un sacrificio personal: el que riñe a su amigo por no ir a Misa, con el riesgo de que el otro no quiera volver a verle; el que en la asociación de padres del colegio pide que se mantenga el crucifijo en el aula; el que recomienda a un familiar muy enfermo que se confiese y comulgue antes de morir. Ninguna de estas cosas es fácil hoy.
Ojalá Dios me dé algún día valor para esto.
jueves, 7 de junio de 2012
Bienaventuranzas (IV)
La 7ª bienaventuranza ("los pacíficos" en mi Evangelio y en el Catecismo) es traducida por Jim Forest como "los que buscan la paz". Y es que, según él, "Entre las cosas que Cristo no dice en el Sermón de la Montaña está "Benditos los que prefieren la paz, desean la paz, esperan la paz, aman la paz o piden la paz". Su bendición se dirige a los que construyen la paz. Reclama un papel activo, no pasivo". Por ello, recuerda que Jesús a veces fue violento porque había que serlo, como al derribar las mesas de los cambistas en el Templo, y también cita la frase del Evangelio "No penséis que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz sino discordia" (Mt 10, 34).
Todo el capítulo es un gran elogio de la paz y de los que han trabajado por ella a lo largo de los siglos. Lo que más me gustó fue la historia del lobo de Gubbio, un animal terrorífico a quien San Francisco de Asís convenció para que viviese pacíficamente con los habitantes del pueblo. Desde entonces hubo paz entre ellos, y el animal vivió en la villa, alimentado por sus vecinos.
Todo el capítulo es un gran elogio de la paz y de los que han trabajado por ella a lo largo de los siglos. Lo que más me gustó fue la historia del lobo de Gubbio, un animal terrorífico a quien San Francisco de Asís convenció para que viviese pacíficamente con los habitantes del pueblo. Desde entonces hubo paz entre ellos, y el animal vivió en la villa, alimentado por sus vecinos.
miércoles, 6 de junio de 2012
Bienaventuranzas (III)
Bienaventurados los limpios de corazón.
Jim Forest da un concepto amplio de "limpios de corazón", casi casi lo equipara a "santos". Desde luego, en la limpieza de corazón están incluidas las anteriores bienaventuranzas, según su tesis de la escala. "Un corazón libre de la posesividad, un corazón capaz de sentir tristeza, un corazón sediento de justicia, un corazón misericordioso, un corazón que ama, un corazón no dividido". En definitiva, un corazón santo.
Explica con muchos ejemplos que en el Antiguo Testamento el corazón era importante: "Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio / renueva dentro de mí un espíritu firme" (Salmo 51). Y, también, rescata muchas menciones en el Evangelio. Esto ocurre porque "durante miles de años el corazón ha representado el centro de la identidad humana y ha sido identificado con nuestra capacidad de amar", en contraste con el mundo actual, que sólo valora la inteligencia.
Si la limpieza de corazón se equipara a la santidad de corazón es obvio que ha de llevar a la caridad: "Una persona es verdaderamente limpia de corazón cuando considera a todos los seres humanos como buenos y cuando ninguna cosa creada le resulta impura o manchada", dice, citando a Isaac de Siria.
¿Cómo llegar a la limpieza de corazón? Igual que llegaríamos a la santidad. Ante todo, con oración, y tiene páginas muy hermosa elogiando una oración de los ortodoxos, "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí, pecador", aconseja repetirla una y mil veces en el día hasta que se funda con nuestra respiración. Y, tras la oración, llegamos a la limpieza de corazón mediante la lucha ascética, igual que ocurre con la santidad: "La purificación del corazón es la lucha sin fin en la búsqueda de una vida más centrada en Dios. Es la disciplina de cada minuto para trata de ser conscientes de la presencia de Dios".
...
Como se ve, este capítulo me gustó mucho, Sin embargo, para mí la limpieza de corazón tiene un sentido mucho más concreto. Limpieza de corazón es desinterés. No hay limpieza de corazón si voy a Misa para que Dios me apruebe un examen. No hay limpieza de corazón si soy bueno con los demás para que los demás me quieran. No hay limpieza de corazón si rezo para que Dios esté contento y no me mande enfermedades. Todo eso es lo opuesto a un corazón limpio. ¿Para qué extenderme, si alguien lo escribió mucho mejor?:
"No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor y en tal manera
que aunque no hubiera cielo yo te amara
y aunque no hubiera infierno te temiera".
Jim Forest da un concepto amplio de "limpios de corazón", casi casi lo equipara a "santos". Desde luego, en la limpieza de corazón están incluidas las anteriores bienaventuranzas, según su tesis de la escala. "Un corazón libre de la posesividad, un corazón capaz de sentir tristeza, un corazón sediento de justicia, un corazón misericordioso, un corazón que ama, un corazón no dividido". En definitiva, un corazón santo.
Explica con muchos ejemplos que en el Antiguo Testamento el corazón era importante: "Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio / renueva dentro de mí un espíritu firme" (Salmo 51). Y, también, rescata muchas menciones en el Evangelio. Esto ocurre porque "durante miles de años el corazón ha representado el centro de la identidad humana y ha sido identificado con nuestra capacidad de amar", en contraste con el mundo actual, que sólo valora la inteligencia.
Si la limpieza de corazón se equipara a la santidad de corazón es obvio que ha de llevar a la caridad: "Una persona es verdaderamente limpia de corazón cuando considera a todos los seres humanos como buenos y cuando ninguna cosa creada le resulta impura o manchada", dice, citando a Isaac de Siria.
¿Cómo llegar a la limpieza de corazón? Igual que llegaríamos a la santidad. Ante todo, con oración, y tiene páginas muy hermosa elogiando una oración de los ortodoxos, "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí, pecador", aconseja repetirla una y mil veces en el día hasta que se funda con nuestra respiración. Y, tras la oración, llegamos a la limpieza de corazón mediante la lucha ascética, igual que ocurre con la santidad: "La purificación del corazón es la lucha sin fin en la búsqueda de una vida más centrada en Dios. Es la disciplina de cada minuto para trata de ser conscientes de la presencia de Dios".
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Como se ve, este capítulo me gustó mucho, Sin embargo, para mí la limpieza de corazón tiene un sentido mucho más concreto. Limpieza de corazón es desinterés. No hay limpieza de corazón si voy a Misa para que Dios me apruebe un examen. No hay limpieza de corazón si soy bueno con los demás para que los demás me quieran. No hay limpieza de corazón si rezo para que Dios esté contento y no me mande enfermedades. Todo eso es lo opuesto a un corazón limpio. ¿Para qué extenderme, si alguien lo escribió mucho mejor?:
"No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor y en tal manera
que aunque no hubiera cielo yo te amara
y aunque no hubiera infierno te temiera".
lunes, 4 de junio de 2012
Bienaventuranzas (II)
Sigo leyendo La escala de las bienaventuranzas, de Jim Forest.
Bienaventurados los que lloran: por las penas ajenas; por los propios pecados; por los pecados ajenos.
Pero, para mí, el sentido propio de la bienaventuranza es: los que lloran porque por sus propias desgracias, por su enfermedad, por su soledad, por su fracaso, por su miedo. Ellos serán consolados algún día por Dios. Algo de esto dijo Benedicto en la Spe salvi: ha de haber vida eterna porque no puede ser que las injusticias de este mundo queden sin castigo ni consuelo.
...
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pero no se quedan en ese afán sino que realmente trabajan por la justicia y la caridad, según el autor.
Bienaventurados los que lloran: por las penas ajenas; por los propios pecados; por los pecados ajenos.
Pero, para mí, el sentido propio de la bienaventuranza es: los que lloran porque por sus propias desgracias, por su enfermedad, por su soledad, por su fracaso, por su miedo. Ellos serán consolados algún día por Dios. Algo de esto dijo Benedicto en la Spe salvi: ha de haber vida eterna porque no puede ser que las injusticias de este mundo queden sin castigo ni consuelo.
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Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pero no se quedan en ese afán sino que realmente trabajan por la justicia y la caridad, según el autor.
viernes, 1 de junio de 2012
Bienaventuranzas (I)
Años después, vuelvo a sacar de la biblioteca pública el libro "La escala de las bienaventuranzas", de Jim Forest. Veremos si esta vez tengo la constancia para llegar hasta la 8ª.
La tesis del libro (que no comparto) es que las ocho bienaventuranzas no aparecen en el Evangelio de San Mateo en orden aleatorio, sino intencionadamente colocadas: haría falta vivir bien la 1ª ("bienaventurados los pobres de espíritu") para poder vivir de la 2ª a la 8ª, y así sucesivamente, formando una escala hacia Dios.
...
Y ¿qué es ser pobre de espíritu?
1º. Para el autor, ser pobre de espíritu es, ante todo, dar importancia sólo a Dios ("sólo Dios basta") y quitársela a lo demás, y muy en concreto a las riquezas materiales. No dice que todos los cristianos tengamos que ser (materialmente) pobres, sino desconfiar de que esos bienes nos vayan a dar la felicidad; e igual las demás seguridades y certezas de la vida.
2º. Una vez que el cristiano se ha desprendido (espiritualmente) de las riquezas y de las demás ataduras del corazón, la pobreza de espíritu le llevará a aceptar (primero) y a querer (después) la voluntad de Dios, a intentar guiar su vida (seriamente) por el Evangelio, en vez de por el propio interés. "La pobreza de espíritu es tratar de vivir la voluntad de Dios más que la de uno mismo".
3º- En fin, tras cerrarse a los bienes y a las demás cadenas del mundo y abrirse a Dios, el pobre de espíritu reconocerá sus limitaciones y admitirá que no puede hacer nada sin la ayuda de Dios. "Necesito la ayuda de Dios y su compasión más que cualquier otra cosa".
...
Así expuesto, el autor justifica su tesis inicial: nadie que siga atado a las riquezas y las demás seguridades de la vida,
nadie que siga creyendo que su salvación es un titánico trabajo propio,
podrá llega a ser manso, a tener hambre y sed de justicia, a ser misericordioso,... Pero insisto en que la tesis de la escala no me convence.
La tesis del libro (que no comparto) es que las ocho bienaventuranzas no aparecen en el Evangelio de San Mateo en orden aleatorio, sino intencionadamente colocadas: haría falta vivir bien la 1ª ("bienaventurados los pobres de espíritu") para poder vivir de la 2ª a la 8ª, y así sucesivamente, formando una escala hacia Dios.
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Y ¿qué es ser pobre de espíritu?
1º. Para el autor, ser pobre de espíritu es, ante todo, dar importancia sólo a Dios ("sólo Dios basta") y quitársela a lo demás, y muy en concreto a las riquezas materiales. No dice que todos los cristianos tengamos que ser (materialmente) pobres, sino desconfiar de que esos bienes nos vayan a dar la felicidad; e igual las demás seguridades y certezas de la vida.
2º. Una vez que el cristiano se ha desprendido (espiritualmente) de las riquezas y de las demás ataduras del corazón, la pobreza de espíritu le llevará a aceptar (primero) y a querer (después) la voluntad de Dios, a intentar guiar su vida (seriamente) por el Evangelio, en vez de por el propio interés. "La pobreza de espíritu es tratar de vivir la voluntad de Dios más que la de uno mismo".
3º- En fin, tras cerrarse a los bienes y a las demás cadenas del mundo y abrirse a Dios, el pobre de espíritu reconocerá sus limitaciones y admitirá que no puede hacer nada sin la ayuda de Dios. "Necesito la ayuda de Dios y su compasión más que cualquier otra cosa".
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Así expuesto, el autor justifica su tesis inicial: nadie que siga atado a las riquezas y las demás seguridades de la vida,
nadie que siga creyendo que su salvación es un titánico trabajo propio,
podrá llega a ser manso, a tener hambre y sed de justicia, a ser misericordioso,... Pero insisto en que la tesis de la escala no me convence.
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