Tras 6 años de despilfarro y frivolidad (por ejemplo, regalando 400 euros a cada español que paga el Impuesto de la Renta) el Presidente Zapatero ha llevado a la quiebra al Estado y, muy pronto, a la Seguridad Social, que es la que paga las pensiones en España. Esto le ha obligado a una contra-revolución del buen rollo: hace unos meses, subiendo los impuestos, sobre todo el IVA, el impuesto sobre las compras y los servicios que pagamos todos por igual, el pobre que tiene familia numerosa y compra varias barras de pan paga más IVA que el rico que vive solo y compra una, ese es el impuesto que Zapatero subió, vaya socialismo, vaya progresividad. Ahora, hoy, decide subir la edad de jubilación de 65 años a 67, por ahora no es más que una propuesta del Ejecutivo al Legislativo, seguro que saldrá adelante por los lilas del Partido Popular y su sentido de Estado.
Lo malo no es que lo hagan, pues hace años que varios estudiosos decían que el sistema español era inviable y que había que hacer esto: lo malo es que, hasta hace poco,cuando alguien (por ejemplo, el Gobernador del Banco de España, socialista él) decía que había que hacerlo, se le comían crudo entre el gobierno y sus amigos de los sindicatos. ¿Se resistirán ahora los funcionarios sindicales a esto? ¿Habrá manifestaciones? ¿Crearán un problema a Zapatero? O ¿también ellos participarán del sentido de Estado del PP? Veremos.
¿Puedo ser frívolo en un tema tan grave? En tal caso, diré: lo que me molesta de la reforma no es tener que trabajar dos años más, a mí me gusta ir a mi oficina, sino que me estropea un post. Dentro de unos meses yo iba a cumplir la mitad de mi vida laboral e iba a empezar mi cuenta atrás hacia la jubilación. Ya tenía pensado el título del post ("Ecuador") y el inicio ("Queridos amigos, si no me muero antes o si las Leyes españoles no cambian ..."). Esto ya no puede ser, y como no voy a consentir que Zapatero altere mi blog, vaya que no, el post saldrá el día previsto, se llamará "Ecuador retrasado" y el inicio pasará a ser "Queridos amigos, si las Leyes españolas no hubieran cambiado ..."
En fin, ya decía Santa Teresa que Dios escribe derecho con renglones torcidos: esta reforma ha de costarle popularidad a Zapatero, y puede ser un aliciente para que no presente su Ley de Libertad Religiosa contra la Iglesia Católica, que es una de mis peores obsesiones. Si es así, la reforma de la jubilación habrá servido para algo bueno.
viernes, 29 de enero de 2010
miércoles, 27 de enero de 2010
Padre Pablo
Leo "Hasta la cumbre", del padre Pablo Domínguez.
Ya conté la historia del libro. El padre Pablo Domínguez, 43 años, sacerdote de Madrid, decano de la Facultad de Teología, profesor de Alejops, fue en febrero de 2009 a dar un retiro a unas monjas trapenses en Navarra. Al acabar los ejercicios se fue a escalar el Moncayo, tuvo un accidente y murió. Este libro es la transcripción de las 3 homilías y las 8 meditaciones que dio a las monjas.
Lo que más me gustó del libro es que da una visión alegre de la fe, compatible con recordar la necesidad de que cada uno cargue con su cruz. Esto se ve en dos pasajes, ambos en la meditación 2, sobre la tentación. Anima a fiarse de Dios, de la acción del Espíritu Santo: si uno sólo confía en si mismo y en sus fuerzas al final la vida es muy aburrida, repetitiva. Pero si uno acepta que, día a día, Dios (y en concreto el Espíritu Santo) entre en su vida, haga milagros en su vida, los días pasan a ser imprevisibles y a tener emoción. Y lo mismo hablando de la tentación, la tentación no es una gran desgracia que nos toca aguantar sino la posibilidad de volver a decir sí a Dios, una vez y otra: decía a las monjas que sería un aburrimiento que uno dijera sí a Dios al entrar en el convento u ordenarse sacerdote y que esto ya valiera así para siempre, no, esto tenía que renovarse una y otra vez, siempre que viniera la tentación.
Me gustó en la meditación 5, sobre la muerte, un chiste que le contó un niño en plena confesión. Para entrar en el cielo hay que tener 1.000 puntos. Muere uno, muy contento por sus méritos, y San Pedro le va preguntando qué ha hecho, "ir todos los días a Misa" "0,25 puntos" "rezar todos los días 3 Rosarios" "0,40 puntos" "flagelarme" "0,10 puntos", cuando el difunto se agobia y ve que nunca va a llegar a los 1.000, dice que o Dios le echa una mano o nunca lo logrará, en ese momento es cuando el marcador llega a los 1.000.
Me pareció genial en la meditación 10, sobre la comunión de los santos, la comparación de la Iglesia con los montañeros que van encordados en su escalada. Unos tiran de otros, no se puede ir ni demasiado lento ni demasiado deprisa, sino al ritmo de los demás. Explicó que cuando las cosas son fáciles el más fuerte va delante, arrastrando, y cuando son difíciles va detrás, vigilando que nadie desfallezca, y que los fuertes de la cordada de la Iglesia son Jesús y María, así que todo va bien al final [sobrecogedor, claro, que 48 horas después de decir esto él fuera a morir encordado en una escalada, en la montaña cercana].
El libro concluye con la homilía que el Arzobispo de Madrid, Cardenal Rouco, dio en su funeral en la Catedral, días después del fallecimiento. Ahí leyó una carta que el difunto había mandado a otras monjas de clausura, donde les recomendaba ver cada día de su vida con los ojos que tendrán cuando se estén muriendo, dar importancia a lo que en ese momento la tendrá y quitársela a lo que no la tendrá.
Ya conté la historia del libro. El padre Pablo Domínguez, 43 años, sacerdote de Madrid, decano de la Facultad de Teología, profesor de Alejops, fue en febrero de 2009 a dar un retiro a unas monjas trapenses en Navarra. Al acabar los ejercicios se fue a escalar el Moncayo, tuvo un accidente y murió. Este libro es la transcripción de las 3 homilías y las 8 meditaciones que dio a las monjas.
Lo que más me gustó del libro es que da una visión alegre de la fe, compatible con recordar la necesidad de que cada uno cargue con su cruz. Esto se ve en dos pasajes, ambos en la meditación 2, sobre la tentación. Anima a fiarse de Dios, de la acción del Espíritu Santo: si uno sólo confía en si mismo y en sus fuerzas al final la vida es muy aburrida, repetitiva. Pero si uno acepta que, día a día, Dios (y en concreto el Espíritu Santo) entre en su vida, haga milagros en su vida, los días pasan a ser imprevisibles y a tener emoción. Y lo mismo hablando de la tentación, la tentación no es una gran desgracia que nos toca aguantar sino la posibilidad de volver a decir sí a Dios, una vez y otra: decía a las monjas que sería un aburrimiento que uno dijera sí a Dios al entrar en el convento u ordenarse sacerdote y que esto ya valiera así para siempre, no, esto tenía que renovarse una y otra vez, siempre que viniera la tentación.
Me gustó en la meditación 5, sobre la muerte, un chiste que le contó un niño en plena confesión. Para entrar en el cielo hay que tener 1.000 puntos. Muere uno, muy contento por sus méritos, y San Pedro le va preguntando qué ha hecho, "ir todos los días a Misa" "0,25 puntos" "rezar todos los días 3 Rosarios" "0,40 puntos" "flagelarme" "0,10 puntos", cuando el difunto se agobia y ve que nunca va a llegar a los 1.000, dice que o Dios le echa una mano o nunca lo logrará, en ese momento es cuando el marcador llega a los 1.000.
Me pareció genial en la meditación 10, sobre la comunión de los santos, la comparación de la Iglesia con los montañeros que van encordados en su escalada. Unos tiran de otros, no se puede ir ni demasiado lento ni demasiado deprisa, sino al ritmo de los demás. Explicó que cuando las cosas son fáciles el más fuerte va delante, arrastrando, y cuando son difíciles va detrás, vigilando que nadie desfallezca, y que los fuertes de la cordada de la Iglesia son Jesús y María, así que todo va bien al final [sobrecogedor, claro, que 48 horas después de decir esto él fuera a morir encordado en una escalada, en la montaña cercana].
El libro concluye con la homilía que el Arzobispo de Madrid, Cardenal Rouco, dio en su funeral en la Catedral, días después del fallecimiento. Ahí leyó una carta que el difunto había mandado a otras monjas de clausura, donde les recomendaba ver cada día de su vida con los ojos que tendrán cuando se estén muriendo, dar importancia a lo que en ese momento la tendrá y quitársela a lo que no la tendrá.
lunes, 25 de enero de 2010
Liga: 19ª jornada
Pasa la jornada 19ª y con ella acaba la primera ronda de la Liga, todos han jugado con todos, a partir de aquí empiezan los partidos de vuelta.
Lo mejor que se puede decir de esta Liga es que está siendo emocionante. Es verdad que el Barça va el primero desde hace mucho, pero con muy poca diferencia respecto al 2º, el Real Madrid: hubo una jornada (la 11ª) en que el Real se puso el primero, y en otra (la 16ª) en que esto se podría haber repetido porque el sábado el Barça empató con el Villarreal; el Real no supo aprovechar la ocasión, empató con el Osasuna y siguió el 2º. Detrás de los dos grandes, en un pelotón muy reñido, van el Valencia, el Mallorca, el Depor (mi equipo) y el Sevilla, con tan poca diferencia entre ellos que de una jornada a otra puede variar el orden.
En los posts del inicio de la Liga mostraba mi pena porque el segundo equipo de Madrid, el Atlético, y el que había dirigido el ingeniero Pellegrini en la anterior Liga, el Villarreal, fueran muy mal, casi al descenso. Afortunadamente, esto varió, en el caso del equipo madrileño tras cambiar de entrenador (Quique Sánchez Flores, el sobrino de la gran Lola Flores): ahora van, respectivamente, el 11º y el 9º, lo que está muy bien.
Queda, pues, media Liga, donde casi todo puede ocurrir: a ver si el Barça se anima a perder al menos un partido.
Lo mejor que se puede decir de esta Liga es que está siendo emocionante. Es verdad que el Barça va el primero desde hace mucho, pero con muy poca diferencia respecto al 2º, el Real Madrid: hubo una jornada (la 11ª) en que el Real se puso el primero, y en otra (la 16ª) en que esto se podría haber repetido porque el sábado el Barça empató con el Villarreal; el Real no supo aprovechar la ocasión, empató con el Osasuna y siguió el 2º. Detrás de los dos grandes, en un pelotón muy reñido, van el Valencia, el Mallorca, el Depor (mi equipo) y el Sevilla, con tan poca diferencia entre ellos que de una jornada a otra puede variar el orden.
En los posts del inicio de la Liga mostraba mi pena porque el segundo equipo de Madrid, el Atlético, y el que había dirigido el ingeniero Pellegrini en la anterior Liga, el Villarreal, fueran muy mal, casi al descenso. Afortunadamente, esto varió, en el caso del equipo madrileño tras cambiar de entrenador (Quique Sánchez Flores, el sobrino de la gran Lola Flores): ahora van, respectivamente, el 11º y el 9º, lo que está muy bien.
Queda, pues, media Liga, donde casi todo puede ocurrir: a ver si el Barça se anima a perder al menos un partido.
sábado, 23 de enero de 2010
La dependienta y la ira
Hay una dependienta en mi súper que me gusta mucho. Es una emigrante sudamericana, india, altísima. Por cómo se mueve, por cómo maneja las cosas, yo veo claro que es una chica fina, que sabe combinar bien los pendientes y los anillos y los adornos, nada de mucho valor pero todo de buen gusto. No sé nada de su vida privada: con las compañeras sólo habla de problemas laborales.
Los días que estoy vulnerable evito pasar por su caja. Ella es una mujer de carácter, sin términos medios. Los días buenos es muy dulce, sonríe mucho, mete tus cosas con mucho cuidado en las bolsas, cuando le dices "gracias" ella responde "no, por nada", o alguna otra bonita frase sudamericana. Los días malos apenas habla, tira tus cosas para que las guardes tú y coge tu billete con desdén, como quien recupera algo robado. Por si tiene un mal día, en mis días flojos la evito.
Ayer, delante de ella, tuve una de mis ridículas salidas de ira infantil. Fui hacia su caja a pagar, no había nadie más que un chico solo, de unos 10 años, sin nada. Llegué, esperé a ver qué hacía, un dos tres cuatro cinco, él gritó "mamá, ven, que está vacía la caja", esperé más, un dos tres cuatro cinco, ella no venía, me harté, puse con violencia mi cesta en la cinta y empecé a sacar las cosas, dando un golpe con cada una, rozando sus brazos (él estaba recostado sobre la cinta). Se sorprendió, se retiró. Aún con mayor maldad, me eché hacia atrás, taponé el pasillo de la caja, así que no le dejaba reunirse con la madre, me hubiera movido si me lo hubiera pedido, pero no lo hizo. Miró con cara de pavo a su mamita querida, que le ordenó "sal por el pasillo de al lado", como así hizo.
La chica tenía el día bueno, menos mal, sonrió, etc, etc. No creo que su opinión sobre mí haya mejorado por mi ridículo arranque.
Los días que estoy vulnerable evito pasar por su caja. Ella es una mujer de carácter, sin términos medios. Los días buenos es muy dulce, sonríe mucho, mete tus cosas con mucho cuidado en las bolsas, cuando le dices "gracias" ella responde "no, por nada", o alguna otra bonita frase sudamericana. Los días malos apenas habla, tira tus cosas para que las guardes tú y coge tu billete con desdén, como quien recupera algo robado. Por si tiene un mal día, en mis días flojos la evito.
Ayer, delante de ella, tuve una de mis ridículas salidas de ira infantil. Fui hacia su caja a pagar, no había nadie más que un chico solo, de unos 10 años, sin nada. Llegué, esperé a ver qué hacía, un dos tres cuatro cinco, él gritó "mamá, ven, que está vacía la caja", esperé más, un dos tres cuatro cinco, ella no venía, me harté, puse con violencia mi cesta en la cinta y empecé a sacar las cosas, dando un golpe con cada una, rozando sus brazos (él estaba recostado sobre la cinta). Se sorprendió, se retiró. Aún con mayor maldad, me eché hacia atrás, taponé el pasillo de la caja, así que no le dejaba reunirse con la madre, me hubiera movido si me lo hubiera pedido, pero no lo hizo. Miró con cara de pavo a su mamita querida, que le ordenó "sal por el pasillo de al lado", como así hizo.
La chica tenía el día bueno, menos mal, sonrió, etc, etc. No creo que su opinión sobre mí haya mejorado por mi ridículo arranque.
jueves, 21 de enero de 2010
La fuga de F.
Me aburría en la oficina, por la tarde, así que decidí fugarme. Dudé. No tenía miedo a los jefes ni a los otros funcionarios ni al de Personal, tenía miedo a la señora de la limpieza, temía que al despedirme me dijera "Vaya, así que se va usted, ¿no?", con el tono que quiere decir "vosotros, los funcionarios, robáis nuestro dinero, robáis el tiempo de trabajo, robáis nuestros impuestos". Pero yo debía ser valiente: quizá ella no estuviera, quizá estuviera fumando en la terraza. Y -me dije- en todo caso nada de excusas, nada de "sí, es que tengo que ir al médico" o "sí, es que he quedado".
Me fugué y ahí estaba ella.
-Vaya, así que se va usted, ¿no?.
-Sí, adiós, hasta mañana.
-Si Dios quiere.
En la calle hacía templado. Fui con paso firme hacia la parada del autobús, pero me frené. Delante mío iba otro funcionario, ciego, con su perro, hacia mi parada. Yo odio a ese funcionario, no es culpa suya, no es culpa mía, le odio y ya está, y también a su perro, no quería coincidir con ellos en la parada, no quería que el perro me oliera el abrigo, no quería que el funcionario -con su Percepción Extra Sensorial- detectara mi presencia, me hablara, tuviera que ir con él y con el perro en el autobús, él contando anécdotas picantes de su ceguera.
No.
Aunque no me apetecía nada andar, me eché a andar hacia la parada anterior. Cogería ahí al autobús, me sentaría en los asientos del fondo, con los jóvenes delincuentes, a donde no llegan ni el olfato del perro ni la percepción del ciego.
Según me acercaba pasó el autobús, el autobús que yo perdía y que mi compañero y su perro iban a coger.
Atardecía.
Me fugué y ahí estaba ella.
-Vaya, así que se va usted, ¿no?.
-Sí, adiós, hasta mañana.
-Si Dios quiere.
En la calle hacía templado. Fui con paso firme hacia la parada del autobús, pero me frené. Delante mío iba otro funcionario, ciego, con su perro, hacia mi parada. Yo odio a ese funcionario, no es culpa suya, no es culpa mía, le odio y ya está, y también a su perro, no quería coincidir con ellos en la parada, no quería que el perro me oliera el abrigo, no quería que el funcionario -con su Percepción Extra Sensorial- detectara mi presencia, me hablara, tuviera que ir con él y con el perro en el autobús, él contando anécdotas picantes de su ceguera.
No.
Aunque no me apetecía nada andar, me eché a andar hacia la parada anterior. Cogería ahí al autobús, me sentaría en los asientos del fondo, con los jóvenes delincuentes, a donde no llegan ni el olfato del perro ni la percepción del ciego.
Según me acercaba pasó el autobús, el autobús que yo perdía y que mi compañero y su perro iban a coger.
Atardecía.
martes, 19 de enero de 2010
Unidad de los cristianos
Acto ecuménico en la Friedenskirche, la iglesia luterana alemana de Madrid, dentro de la Semana para la Unidad de los Cristianos.
El pequeño templo imita románico, con arcos lobulados muy españoles. En el ábside preside un Cristo de cabellos rubios como el oro; en la pared de la derecha el escudo de España; en la de la izquierda el águila imperial de los Káisers y un retrato de Lutero.
Preside el acto un pope de la Iglesia Ortodoxa en Madrid, con su gorro y su velo, que se quita para leer (o, mejor dicho, cantar) el Evangelio (los discípulos de Emaús). La predicación, desde un púlpito como los de las iglesias católicas antiguas, es correcta, similar a una homilía de domingo. Me gustó mucho una idea que supo pintar bien: no seamos derrotistas, si la Humanidad dura hasta el año 6.000 o 7.000 la Iglesia no está más que comenzando su andadura, nosotros somos cristianos neardentales, con todo el futuro por delante.
(Recordé durante la homilía: en este templo, en una Semana de la Unidad de hace varios años, perdí yo mi poca fe en cualquier proceso ecuménico. Predicaba desde ese mismo púlpito un pastor muy vehemente, de la Iglesia Anglicana en Madrid. Ahí aclaró que los católicos no podíamos confundirnos, que el proceso ecuménico no significaba que ellos, los protestantes y los ortodoxos, iban a acabar reconociendo sus errores y volviendo a la Iglesia de la que se habían separado hace ya mucho, no, se trataba de encontrar un nuevo camino común. "Entonces -me dije- si no se trata de eso, si no se trata de que ellos vuelvan, yo no creo que esto lleve a nada serio, no puede haber "vías medias" en temas como la Comunión, la confesión, el sacerdocio, el Papado"; y perdí mi fe en el proceso, nunca muy fuerte, por otro lado)
Credo muy ligth, compatible por todos los presentes. Peticiones bonitas. El Padrenuestro, parte de ellos lo rezaron en alemán.
Buena música de órgano, todo el rato.
El pequeño templo imita románico, con arcos lobulados muy españoles. En el ábside preside un Cristo de cabellos rubios como el oro; en la pared de la derecha el escudo de España; en la de la izquierda el águila imperial de los Káisers y un retrato de Lutero.
Preside el acto un pope de la Iglesia Ortodoxa en Madrid, con su gorro y su velo, que se quita para leer (o, mejor dicho, cantar) el Evangelio (los discípulos de Emaús). La predicación, desde un púlpito como los de las iglesias católicas antiguas, es correcta, similar a una homilía de domingo. Me gustó mucho una idea que supo pintar bien: no seamos derrotistas, si la Humanidad dura hasta el año 6.000 o 7.000 la Iglesia no está más que comenzando su andadura, nosotros somos cristianos neardentales, con todo el futuro por delante.
(Recordé durante la homilía: en este templo, en una Semana de la Unidad de hace varios años, perdí yo mi poca fe en cualquier proceso ecuménico. Predicaba desde ese mismo púlpito un pastor muy vehemente, de la Iglesia Anglicana en Madrid. Ahí aclaró que los católicos no podíamos confundirnos, que el proceso ecuménico no significaba que ellos, los protestantes y los ortodoxos, iban a acabar reconociendo sus errores y volviendo a la Iglesia de la que se habían separado hace ya mucho, no, se trataba de encontrar un nuevo camino común. "Entonces -me dije- si no se trata de eso, si no se trata de que ellos vuelvan, yo no creo que esto lleve a nada serio, no puede haber "vías medias" en temas como la Comunión, la confesión, el sacerdocio, el Papado"; y perdí mi fe en el proceso, nunca muy fuerte, por otro lado)
Credo muy ligth, compatible por todos los presentes. Peticiones bonitas. El Padrenuestro, parte de ellos lo rezaron en alemán.
Buena música de órgano, todo el rato.
viernes, 15 de enero de 2010
Madurez del blog
El blog tiene una adolescencia, en la que (como en la de verdad) quiere tener muchas relaciones, da igual su calidad, se trata de conseguir auto-estima y sentirse querido. Lo describí en un post ya lejano: "dejando de paso la entrada al blog propio, para que los demás pasen y vean, ...".
Viene luego la madurez del blog, muy similar a la de las personas. Uno se siente cómodo en su círculo, sea éste grande o pequeño, y llega a conocer muy bien a sus blogamigos, a los que quiere. Sigue visitando a gente nueva, claro que sí, pero ya sin agobios. Si uno de los nuevos le dijera "Hola, gracias por tu visita, he ido a tu blog y es muy mediocre, no volveré por ahí", el bloguero maduro no se enfada (como haría el adolescente), con mucha calma responde "A mí, en cambio, el tuyo me parece bueno, seguiré viniendo por aquí si no te molesta".
Hay, en fin, blogs que mueren de repente, pero otros entran en una vejez lenta, que hace augurar lo peor a sus familiares. No me atrevo a hablar de esta edad pues siento que aún estoy lejos de ella, gracias a Dios.
(Por cierto: ¡hoy cumplo 300 posts!)
Viene luego la madurez del blog, muy similar a la de las personas. Uno se siente cómodo en su círculo, sea éste grande o pequeño, y llega a conocer muy bien a sus blogamigos, a los que quiere. Sigue visitando a gente nueva, claro que sí, pero ya sin agobios. Si uno de los nuevos le dijera "Hola, gracias por tu visita, he ido a tu blog y es muy mediocre, no volveré por ahí", el bloguero maduro no se enfada (como haría el adolescente), con mucha calma responde "A mí, en cambio, el tuyo me parece bueno, seguiré viniendo por aquí si no te molesta".
Hay, en fin, blogs que mueren de repente, pero otros entran en una vejez lenta, que hace augurar lo peor a sus familiares. No me atrevo a hablar de esta edad pues siento que aún estoy lejos de ella, gracias a Dios.
(Por cierto: ¡hoy cumplo 300 posts!)
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